"Meryl Streep, mujeres en búsqueda de si mismas"

Un repaso por algunas películas memorables protagonizadas por Meryl Streep, con ocasión de los recientes homenajes por su carrera artística y el próximo estreno en cartelera de la película “La dama de hierro”.

LaAmanteDelTenienteFrances

Marzo 10 - Kramer vs Kramer – Robert Benton – 1979
 
Marzo 17 -  La decisión de Sophie – Alan J. Pakula – 1982
 
Marzo 24  - Las horas – Stephen Daldry – 2002

Marzo 31  - Memorias de África – Sidney Pollack – 1985

Sesión del 31 de marzo del 2012

TITULO:    MEMORIAS DE AFRICA

DIRECTOR: SYDNEY POLLACK

GUIÓN: KURT LUEDTKE

PAISES: ESTADOS UNIDOS

AÑO: 1985

DURACIÓN: 160 min.

Continuando nuestro ciclo “Mujeres en busca de sí mismas”, el turno fue esta vez para otra película protagonizada por la talentosa Meryl Streep. La historia, que se apoya en una autobiografía de la escritora danesa Isak Dinesen y otros escritos sobre su vida, nos traslada a los comienzos del siglo XX. Karen Blixen decide casarse con el Barón Blixen-Finecke, su primo lejano, quien atraviesa una difícil situación económica. La decisión está motivada por el anhelo de huir de una sociedad asfixiante para las mujeres y el deseo de obtener algún grado de libertad allá lejos, en Kenia (colonia británica por entonces), en donde el Barón adquirirá una extensa propiedad con el dinero de su esposa. Dejan claro los dos que el suyo será un matrimonio por conveniencia, que no los obligará a nada. Pero la vida con su marido en esas tierras no resultará tan fácil como lo había imaginado, frustración que se ve recompensada por el cariño que le despierta el país y sus habitantes, sobre todo, los niños, para quienes construye una escuela.  Conoce allí, a Denys Finch, un hombre que se dedica a la caza y con quien inicia una relación afectiva condenada al fracaso, pues él es un hombre que ama la libertad sobre todas las cosas y ella desea un compañero permanente a su lado. Finalmente, tras un revés económico y la muerte de Denys, Karen debe renunciar a esa pretendida independencia y regresar a Dinamarca.

Una vez más, la lucha de una mujer que busca definir su destino, separándose de esa sociedad que le impone roles que limitan su realización como individuo autónomo. Karen es valiente, pero el camino no es fácil y debe superar un sinnúmero de obstáculos: un amor inesperado y la imposibilidad de concretarlo, el encuentro con una cultura cuya mirada del mundo es diferente, los reveses económicos, la muerte… Todo eso le demostrará cuán difícil, por no decir utópico, es lograr la libertad. El amor que profesa a Denys le lleva a tratar de retenerlo a su lado, pero él antepone su independencia a una vida tranquila de pareja; cuando quiere enseñar a leer a los nativos, el anciano jefe de la comunidad ve amenazada su autoridad. Cuando, contra todo pronóstico, insiste en un proyecto agrícola, el fuego consume la última esperanza.

La cotidianidad de aquellos seres nos ofrece múltiples reflexiones: de un lado, el papel del colono en tierras ocupadas y la subordinación que se ejerce sobre los nativos; las relaciones jamás serán de igual a igual; la mujer negra que tiene que observar de lejos el funeral de su amante, un hombre blanco, nos evidencia la condición de inferioridad de esas gentes, antiguas dueñas del territorio. El colonialismo como sistema, es un encuentro que en el mejor de los casos, mantiene la diferencia, en otros, la elimina. ¿Choque de culturas o intercambio?  ¿Qué es lo que genera el colonialismo? La historia muestra que los procesos de este tipo que se dieron en el pasado se caracterizaron por la imposición de costumbres y creencias religiosas, produciendo en ocasiones, interesantes sincretismos pero también la pérdida de numerosas riquezas culturales. La conveniencia de enseñar la cultura del invasor siempre tendrá defensores y detractores; quizás abra para aquellos nativos, nuevos e insospechados mundos, pero tiene el peligro de formar seres para perpetuar una posición subordinada.  Muy significativa es la pregunta del anciano jefe de los kikuyos, cuando cuestiona la intención de Karen de enseñar a leer a sus gentes: “ustedes saben leer, y ¿de qué les ha servido? (para entonces había estallado la primera guerra mundial).

Durante la conversación, también afloró el tema de la posesión y el apego en la relación amorosa como elementos que chocan con la libertad y la independencia de los amantes. ¿Será posible prescindir de ellos? Pero, ¿puede construirse una relación sin un mínimo de compromiso? ¿O esa construcción obliga a poner límites razonables a la libertad individual, como ocurre en todos los ámbitos de la existencia humana?

Por otra parte, ¿cómo no destacar la importancia de la conversación en esta historia, habilidad encarnada en Karen, quien a la manera de Scherezada, teje historias cada noche para el  deleite de sus amigos?

Dediquemos estas últimas líneas a destacar los elementos artísticos de la película: la fotografía, a cargo de David Watkin, nos permite un emocionante recorrido a través de las extensas llanuras africanas acompañando antílopes y felinos que corren libres por ellas. La  escena del vuelo en la avioneta nos ofrece una extraordinaria panorámica, y finalmente, la música, compuesta en gran parte por John Barry, contribuye a realzar la grandiosidad del paisaje, a pesar de que a nuestro juicio, en algunos momentos asume un tono épico.   

BEATRIZ FLOREZ

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA


Ciclo: “Meryl Streep, mujeres en búsqueda de si mismas”

 Sábado 24 de marzo de 2012, Hora: 5:00 pm.

LAS HORAS

Las horas

"Las horas" es la historia de tres mujeres en la búsqueda del sentido de sus vidas. Cada una vive en una época y lugar diferentes, pero están vinculadas entre sí por sus anhelos y sus miedos. Virginia Wolf, en los suburbios de Londres a principio de 1920, inicia su batalla instantáneamente, cuando comienza a escribir su primera novela “Mrs. Dalloway”. Laura Brown, una esposa y madre en Los Angeles a finales de la Segunda Guerra Mundial, está leyendo “Mrs. Dalloway”, novela que encuentra tan reveladora que decide hacer un cambio abrupto en su vida. Clarissa Vaughan, una versión contemporánea de la Sra. Dalloway de Wolf, vive en la ciudad de Nueva York en la actualidad y está enamorada de su amigo Richard, un brillante poeta que está muriendo de SIDA. Las historias de ellas tres interactúan, y finalmente se encuentran en un sorprendente y trascendente momento de compartido reconocimiento. (www.labutaca.net)

Director: Stephen Daldry – Año: 2002 - Duración: 1 hora 50 m.

Calle 50 No. 78A-89  –Teléfono 2343641 


Ciclo: “Meryl Streep, mujeres en búsqueda de si mismas”

 Sábado 10 de marzo de 2012, Hora: 5:00 pm.

KRAMER VS KRAMER

kramer-vs-kramer

Ted Kramer es un hombre que antepone su trabajo a su familia. Su esposa Joanna no resiste más esta situación y le abandona. Ted se ve ahora ante la necesidad de ocuparse de la casa y, sobre todo, de su pequeño hijo. Después de un tiempo, cuando Ted ya se desenvuelve bien, solo, Joanna regresa y reclama la custodia del niño. Sin embargo, Ted no está dispuesto a separarse de su hijo, de manera que Joanna lleva el asunto ante los tribunales, donde deberá decidirse quién de los dos obtendrá la custodia del hijo.

Director: Robert Benton - Año  1979- Duración: 1 hora 40 m.

Calle 50 No. 78A-89  –Teléfono 2343641

Sesión del 24 de marzo del 2012

TITULO:    LAS HORAS

DIRECTOR: STEPHEN DALDRY

AÑO: 2002

1921, Richmond, Inglaterra, la señora Woolf acosada por voces escribe su novela La señora Dalloway. 1951, Los Ángeles, La señora Brown le prepara una torta a su esposo para celebrarle el cumpleaños acompañada de su pequeño hijo Richie. 2001, New York, Clarissa Vaughn organiza una fiesta para honrar a su querido amigo el poeta Richard Brown.

Como en la novela de Virginia Woolf, asistimos a un día de la vida, a la vida contenida en un solo día. Virginia vive atrapada en un suburbio sin poder viajar a Londres, medita en la vida de Mrs. Dalloway, quien quizás es un retrato de sí misma. Laura Brown, una patética y perfecta ama de casa, lee el libro de aquella escritora y ese acercamiento marcará su destino. Clarissa Vaughn, llamada Señora Dalloway por su amigo Richard -un poeta galardonado pero quien está en el filo de la muerte que le causa el sida-  ve como sus planes se desmoronan y con ellos una parte de su vida cuando aquel se lanza por una ventana. ¿Y qué sigue después? Las horas, las horas de Virginia antes de perder su juicio, las que le restan a Laura para decidir si muere en la medrosa felicidad o vive en la angustiante incertidumbre, y las de Clarisse quien ya no tendrá para sí al poeta que le daba sentido a aquella monotonía de sus días. "Alguien tiene que morirse para que sepamos apreciar la vida" le responde Virginia Woolf a su esposo Leonard, y acaso esa afirmación resalta algo del contenido de la película: una muerte no necesariamente es el fin, es el duro comienzo para los que quedan vivos. 1941. Sussex, Inglaterra. La señora Woolf introduce algunas pesadas rocas en los bolsillos de su abrigo antes de suicidarse en el rio Ouse. Dentro de un sobre azul Leonard lee las últimas palabras que su amada esposa le escribió: No creo que dos personas pudieran haber sido más felices de lo que nosotros hemos sido.

“Las Horas” es un filme basado en una novela del mismo nombre escrita por Michael Cunningham en 1999. Es una obra llena de sutilezas literarias, como la construcción de sus diálogos; visuales por el modo de componer con objetos simbólicos, las flores, las ventanas, los huevos, etc.; y musicales gracias a la brillante ambientación del renombrado Phillip Glass. En principio, podemos decir que asistimos a tres días simultáneos en tres momentos diferentes de un siglo. Más lo importante es que en esos tres días, que también equivalen a uno solo, comprobamos la tragedia de tres mujeres atrapadas, definiéndose a sí mismas, buscando un nuevo sentido para sus vidas que vaya en contra de lo que tienen establecido: Virginia Woolf interpretada por Nicole Kidman, Laura Brown por Julianne Moore y Clarisse Vaughn por Meryl Streep. El tema de la elección es importante: se trata de la manera como se hace la vida, de la posibilidad de vivir de acuerdo a las opciones o limitaciones que ofrecen tanto la misma sociedad como la propia subjetividad. A Richard, por ejemplo, el cuerpo le pone un límite, a Virginia la mente. ¿Fueron indignos sus suicidios? A Laura la existencia como ama de casa la mata, mientras Clarisse se auto-sometió al cuidado de Richard. Por eso el conflicto intrínseco entre poder y no querer, y querer y no poder. Unos podían vivir pero prefirieron la muerte a tiempo; en otros casos la vida se impuso a costa del tedio. "Era la muerte; yo elegí la vida" dice la anciana Laura Brown.

La conversación entonces resaltó como posibilidad el derecho y el deber de preguntarse por un sentido de la vida que siempre resultará enrarecido en un mundo acostumbrado a imponer “las razones para vivir”: unos invocan a su dios, otros a un poder de la ciencia representado quizá en la medicina, y habrá quienes creen se puede transferir dicho sentido a los demás. Sin embargo, es precisamente ese sentido de la vida el que no se le puede endosar a nadie, mucho menos en circunstancias en las cuales la enfermedad aparece como una realidad aplastante: Richard y Virginia optaron por la muerte cuando la enfermedad se les impuso por encima de eso que les había permitido la afirmación de la vida: la escritura. ¿Qué es la enfermedad y quiénes son los enfermos? Esa pregunta no se puede reducir sólo a unas patologías. ¿Acaso no estaba enfermo Dan Brown, el esposo de Laura, un hombre incapaz de escuchar a su compañera, apegado a sus rancias ideas de la felicidad?

Igualmente el escenario del lesbianismo aparece, creemos algunos, no para definir la película sino para revelar una parte cubierta de la sexualidad, escondida como suele esconderse lo vital cuando se impone o se sigue un ideal sin cuestionarlo. Es en cambio la valentía, aquella que encarnan cada uno de estos personajes, la que nos arroja a una posibilidad: la de hacerse cargo de la propia vida siempre con un telón de fondo: la tragedia, la infelicidad, la muerte…

Eduardo Cano

Corporación cultural ESTANISLAO ZULETA


CINE EN CONVERSACIÓN

Sesión del 10 de marzo de 2012

TITULO: KRAMER VS. KRAMER

DIRECTOR: ROBERT BENTON.

AÑO: 1979

Este es un gran día para el buen marido, trabajador y eficiente Ted Kramer; un hombre con una carrera promisoria en el mundo de la publicidad, que cumple con sus labores y del que se puede asegurar paga a tiempo todas las facturas de su casa. Ted es un personaje común, está casado con una hermosa mujer y de la unión marital nació el pequeño Billy, un chiquillo rubio como su madre quien, al igual que su progenitor lo hizo otrora, va juicioso a la escuela. En uno de los días más importantes en la vida de Ted Kramer, él se dirige a su casa para transmitirle a su adorada esposa la estupenda noticia de su ascenso profesional, de la nueva cuenta que ha ganado; sin embargo, como si el gran demiurgo cogiera el mundo con sus manos y lo agitara tal si fuese una pequeña bola de cristal para desordenar todo el engranaje de la cotidianidad, el universo familiar que Ted conocía y al que aspiraba de repente se derrumba: ese gran día encuentra que Johanna está harta de la vida que lleva, del lugar secundario que ocupa y del vacío existencial en que la ha dejado una existencia llena de monotonía. Johana se marcha, le deja a Ted la rutina, la responsabilidad, la casa y el pequeño Billy. Ted, no obstante la dificultad de ser un principiante en la vida doméstica, no escapa al nuevo compromiso; el problema es que habrá de forjar un vínculo real con un hijo al que apenas conoce, con quien no tiene un lazo afectivo fuerte que los una, es como si el pequeño Billy apenas hubiese nacido. Después de un tiempo ese hombre que hacía el papel de un acudiente se convierte en un padre: entre Ted y Billy se forja un verdadero amor que está por encima del trabajo; mas el amor tiene sus consecuencias: Ted pierde su trabajo en el momento menos conveniente, ya que después de más de un año regresa Johanna, no la triste ama de casa sino una mujer independiente y profesional, para reclamar la custodia de Billy. ¿Quién debe quedarse con la custodia de Billy? De todos modos, así gane Johanna en el tribunal, el final de la película muestra que las relaciones de los seres humanos son más complejas y no se resuelven por un veredicto legal ni por los prejuicios morales que usualmente son difíciles de soslayar.

El filme, que inicia con ese repentino aterrizaje de Ted a la cotidianidad doméstica, rompe la idea de que el otro va a estar ahí por el simple hecho de haber firmado un contrato, en este caso matrimonial y muestra cómo las relaciones no se nutren a sí mismas automáticamente, sino que de manera constante es necesario un interés por la otra persona. Eso se ejemplifica en la manera como Ted y Billy, padre e hijo, pero en el inicio dos perfectos desconocidos, van creando un lazo amoroso demostrado en el diálogo: hacia el final de la película son dos seres que se hablan, a quienes les duele lo que le sucede al otro. Por eso puede decirse que Ted llegó a cambiar, a reconocerse como papá, no como un proveedor, sino como un ser humano preocupado por el destino de su hijo, material y emocionalmente. Así es que Kramer vs Kramer cuestiona la idea tradicional de familia, de paternidad y de maternidad, ya que, entre tantos ejemplos, Ted demostró que él estaba a la altura al momento de responder por su hijo, que Johanna no se reducía sólo a ser una ama de casa y que la vida fue mejor en un núcleo familiar de dos que de tres. Y es finalmente, y volviendo al ciclo que nos convoca, que el tema de la mujer está finamente elaborado. En la primera proyección del ciclo, La amante del teniente francés, puede rastrearse a una mujer que no acoge su destino, aquí, en Kramer vs Kramer encontramos a una que al menos de manera implícita se pregunta por cuál es el sentido de su vida. Si ser mujer no se reduce sólo a ser madre y esposa, o si la maternidad no es natural, ¿cuál debe ser la búsqueda? Ahí queda uno de los dramas para Johana, ya que el haberse marchado tuvo consecuencias: ella ganó el juicio, mas comprendió que Ted debía quedarse con la custodia de Billy.

Eduardo Cano

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA


Ciclo: “Meryl Streep, mujeres en búsqueda de si mismas”

 Sábado 3 de marzo de 2012, Hora: 5:00 pm.

LA AMANTE DEL TENIENTE FRANCÉS

LaAmanteDelTenienteFrances

Una historia, ambientada en la Inglaterra del siglo XIX, acerca de Charles, un paleontólogo que está comprometido para casarse con Ernestina, pero que se enamora de Sarah cuando la conoce mientras hace un paseo por el malecón del pueblo. Anna y Mike, quienes interpretan a los personajes de Sarah y Charles, durante el rodaje de la película, sostienen una relación que corre paralela a la de sus personajes.

Director: Karel Reisz - Año  1981- Duración: 2 horas 3 m.

Calle 50 No. 78A-89  –Teléfono 2343641


Ciclo: “Meryl Streep, mujeres en búsqueda de si mismas”

 Sábado 31 de marzo de 2012, Hora: 5:00 pm.

MEMORIAS DE ÁFRICA

Memorias-Africa

A principios del siglo XX, Karen contrae un matrimonio de conveniencia con el barón Blixen, un mujeriego empedernido. Ambos se establecen en Kenia con el propósito de explotar una plantación de café. En Karen Blixen nace un apasionado amor por la tierra y por las gentes de Kenia. Pero también se enamora perdidamente de Denys Finch-Hatton, un personaje aventurero y romántico a la antigua usanza, que ama la libertad por encima de todas las cosas. (FILMAFFINITY)

Director: Sydney Pollack – Año: 1985 - Duración: 2 horas 40 m.

Calle 50 No. 78A-89  –Teléfono 2343641 


Ciclo: “Meryl Streep, mujeres en búsqueda de si mismas”

 Sábado 17 de marzo de 2012, Hora: 5:00 pm.

LA DECISIÓN DE SOPHIE

LA DECISION DE SOPHIE

Verano de 1947. Stingo, un joven aspirante a escritor, se instala en una pensión familiar de Brooklyn, con la intención de escribir una novela. Sin embargo, su tranquilidad se verá pronto turbada por la terrible discusión de una pareja que vive en el piso de arriba. Cuando conoce a los amantes, queda cautivado por su encanto y simpatía. Ella, Sophie Zawistowska, es una hermosa emigrante polaca y católica. Él, Nathan Landau, un encantador y desequilibrado científico judío. Poco a poco, Stingo se convierte en su mejor amigo. Sophie, hija de un ilustre profesor polaco, sobrevivió al campo de exterminio de Auschwitz, pero vive atormentada por su pasado. Stingo se enamora de ella, pero Sophie está locamente enamorada de Nathan. (FILMAFFINITY.COM)

Director: Alan J. Pakula - Año  1982- Duración: 2 horas 30 m.

Calle 50 No. 78A-89  –Teléfono 2343641

Marzo 3  - La amante del teniente francés – Karel Reiz – 1981

LaAmanteDelTenienteFrances

Marzo 10 - Kramer vs Kramer – Robert Benton – 1979

kramer-vs-kramer

Marzo 17 -  La decisión de Sophie – Alan J. Pakula – 1982

 

LA DECISION DE SOPHIE

Marzo 24  - Las horas – Stephen Daldry – 2002

 

Las horas

 

Marzo 31  - Memorias de África – Sidney Pollack – 1985

 

Memorias-Africa

 

 

CINE EN CONVERSACION

Sesión del 17 de marzo del 2012

TITULO:    LA DECISIÓN DE SOPHIE

DIRECTOR: ALAN J. PAKULA

GUIÓN: ALAN J. PAKULA

PAISES: ESTADOS UNIDOS-INGLATERRA

AÑO: 1982

DURACIÓN: 2h-30 min.

Continuando con nuestro ciclo “Mujeres en busca de sí mismas” asistimos, nuevamente en compañía de la extraordinaria Meryl Streep, a la dramática historia de dos seres, a los cuales, en forma diferente, la realidad les ha propinado profundas heridas, difíciles de sanar. Una realidad de la que tratan de escapar mintiéndose a sí mismos, pero a la que tarde o temprano tendrán que enfrentar. Y de la forma en que la enfrenten, dependen sus vidas.

Corre el año de 1947, cuando Stingo, un escritor en ciernes, procedente del sur de los Estados Unidos, llega a Nueva York donde piensa escribir su primera novela. Instalado en una casa, cuyo color rosa parece ser el augurio de un feliz futuro, conoce a una pareja conformada por Sophie, polaca sobreviviente de Auschwitz y Nathan, joven estadounidense judío, quienes viven en la misma pensión y sostienen una tormentosa relación. Entre estos tres personajes se establece una estrecha amistad y es así como Stingo descubre poco a poco, la triste historia de Sophie y la verdadera condición de Nathan, quien dice ser un biólogo comprometido en trascendentales investigaciones, a puertas de un supuesto premio Nobel, pero quien es en realidad un hombre con una larga historia de esquizofrenia.

Dos seres atormentados: Sophie, aferrada a ese hombre, trata de escapar de ese pasado real, que emerge a cada instante, colmándola de dolor y culpa, a pesar de que ha elaborado una serie de mentiras para hacerlo desaparecer; Nathan, a quien el mundo real abandona en cada crisis para ser sustituido por fantasmas implacables que lo sumergen en un oscuro mundo de celos, desconfianza y violencia, momentos en los cuales, fuera de sí, odia a esa mujer, la misma a la que en lucidez, colma de ternura y para la que inventa mundos fantásticos. ¡No te das cuenta que estamos muriendo!, le grita a Sophie en uno de los frecuentes altercados, como presagiando que no existe salvación para ellos; huye entonces para regresar horas después, arrojándose a sus pies e implorando perdón. Y la escena se repite una y otra vez. Un grito doloroso sale de la garganta de Sophie: ¡No te vayas, nos necesitamos el uno al otro! Como dos náufragos que se aferran a la tabla, ellos sienten que sus destinos están trágicamente atados, para bien, o para mal… Finalmente, comprendiendo que no hay esperanza, deciden terminar con sus vidas. Es el precio por esa paz que la vida les negó, un acto de liberación. Tal vez sea ésta la verdadera decisión de Sophie.

Hay momentos de la vida que exigen una decisión difícil, despiadada tal vez, pero … ¿esa decisión que atormenta a Sophie, por la que se culpa y que la hace sentir no merecedora del amor de un hombre bueno, ese momento en que entrega a su pequeña hija al oficial nazi, corresponde realmente a una decisión suya? ¿Era ella quien estaba eligiendo? ¡No se puede hablar de decisión sin libertad! Y Sophie no era un ser libre entonces. Quizás, si hubiera comprendido esta verdad, se habría perdonado, permitiéndose reconstruir su vida. Pero se unió a un hombre que tampoco era libre, un hombre cuya mente no le pertenecía pues estaba enajenada a la oscuridad. Curiosa paradoja la que encierra Nathan, un ser que oscila entre la razón y la sinrazón y que construye para sí la fantasía del científico, hombre comprometido con el discurso lógico. ¡Sin embargo, reconozcamos que nunca nos será clara esa débil frontera entre razón y locura. Y quizás Nathan, en su desmesura, represente tan sólo el sentido de la posibilidad.

Por otra parte, el director nos muestra cómo el ser humano puede generar momentos de reflexión aunque finalmente no pueda actuar en contra de los códigos impuestos: está ese médico que trata de ahogar en el alcohol, la frustración por el juramento hipocrático traicionado, por jugar a ser Dios, decidiendo quién vive y quién muere en ese infierno de los campos de concentración; y también en aquella adolescente a cuya casa llega a trabajar Sophie; en ella hay lugar para un sentimiento piadoso frente a la vulnerable prisionera que torpemente intenta robar un radio de invaluable importancia para sus compañeros de infortunio. 

Dirigiendo ahora nuestra mirada al aspecto artístico de esta cinta, tenemos que reconocer la excelente fotografía del inigualable Néstor Almendros, el barcelonés fallecido en 1992. Él, como pocos, comprendió las posibilidades de este arte aplicado al cine, no sólo en la construcción de diversas estéticas y de las atmósferas necesarias a la historia de una película, sino también como resorte para despertar las emociones en el espectador. Con él se consolida la importancia de este oficio equiparable con la del director. El uso de la cámara con un fin determinado se puede observar en la escena en donde ésta sale del campo de prisioneros, remonta el muro que lo separa de la residencia privada del teniente a cargo, y se detiene en lo alto, mostrándonos un mundo totalmente opuesto, paradisíaco, en donde unos chiquillos retozan alegremente en un cuidado jardín; pareciera querer llamar la atención sobre esas dos realidades tan disímiles en sus condiciones, pero tan cerca físicamente, sólo una pared de por medio. Una tragedia que se cernía sobre miles de seres indefensos pero aparentemente invisible para una sociedad conducida por el odio y los prejuicios. Y unas palabras finales para destacar la portentosa actuación de Meryl Streep que le valió la distinción del Oscar como mejor actriz; sumergida totalmente en su personaje nos hace vivir la tragedia de esa Sophie, que puede ser la de muchas mujeres que buscan su propio destino, a veces con éxito, a veces sin él, como en el caso de la protagonista. Destacable también Kevin Klein en su primer papel en un largometraje, encarnando a Nathan Landau.

BEATRIZ FLOREZ

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA

CINE EN CONVERSACIÓN

Sesión del 3 de marzo de 2012

TITULO: LA AMANTE DEL TENIENTE FRANCÉS

DIRECTOR: KAREL REISZ

GUIÓN: HAROLD PINTER

PAIS: REINO UNIDO

AÑO: 1981

DURACIÓN: 123 min.

Los afanes previos al inicio de una grabación  dan paso a una figura casi fantasmal que se desplaza por un malecón en medio del fuerte oleaje de aquella costa; tal es la imagen que nos introduce en una extraordinaria historia, o mejor dicho en dos historias que se suceden paralelamente en esta película dirigida por Karel Reisz, judío nacido en Ostrava, antigua Checoeslovaquia, en 1926 y fallecido en Londres en el 2002, país al que había llegado como refugiado a los doce años; Sus padres murieron finalmente en Auschwitz.

Charles Smithson, paleontólogo, llega a Lyme para adelantar algunas investigaciones; allí conoce a Ernestina, una joven de la burguesía local con quien, meses más tarde, se compromete en matrimonio. Sin embargo, un día, mientras pasea con su prometida cerca del acantilado, ve a una mujer joven, que se cubre con una capa negra y camina por el malecón, mujer que llama poderosamente su atención. Charles indaga a Ernestina sobre la identidad de esta mujer y ella le narra la historia de “Poor Tragedy”, como le llaman algunos o “La amante del teniente francés”, como es más conocida. Esta mujer habría sostenido un romance con un militar francés quien luego la abandonó, y ella, vuelve cada día al malecón, por donde partió, esperando quizás que ese mar le devuelva a su amado. El joven científico trata de acercase a Sarah, así se llama la misteriosa mujer, pero ésta huye de su presencia como un animalito asustadizo. Sin embargo, después de varios intentos, logra ganar su confianza y ella le narra su tragedia. Una mutua atracción nace y aunque Charles lucha contra ella, termina rompiendo su compromiso, cosa que le acarrea el deshonor en ese pequeño pueblo que es Lyme.

El director, uno de los iniciadores del movimiento “free cinema” o cine libre, nos plantea paralelamente otra historia, que es la personal que viven Anne y Mike, actores que encarnan a los personajes de la película.  Con gran maestría, los tiempos e historias se alternan agregando pequeños retazos hasta completarlas, historias por lo demás, similares. Su intención sin embargo, como lo aclara en una entrevista, no era hacer cine dentro del cine; simplemente quería contar dos historias que se parecen, en diferentes tiempos, en diferentes sociedades y los mismos actores.

La historia de Charles y Sarah, que podríamos llamar la “ficción”, se sitúa en plena era victoriana, época llena de contradicciones: mientras que desde el trono y la iglesia anglicana se esforzaban por imponer rígidos códigos morales a la sociedad inglesa, basados en ideales tales como el compromiso con el trabajo, la moral y las buenas costumbres, coexistían hechos como la infidelidad y el auge de la prostitución, impulsada esta última por la prosperidad de una clase burguesa, alimentada por la revolución industrial y el creciente comercio; tenían lugar además las primeras manifestaciones obreras contra la explotación y la pobreza a la que habían sido arrojadas las gentes más desvalidas. En este contexto, aparecen grandes transgresores: escritores como Oscar Wilde, científicos como Charles Darwin, cuya teoría evolucionista desafiaba las enseñanzas creacionistas del cristianismo. Añadamos que la presión de la sociedad en la pequeña Lyme seguramente era más asfixiante; lo confirma la expresión que la señora Poultney dirige a Charles: “Hay cosas que en Londres son corrientes, pero que aquí no son bien vistas por las personas decentes”

Igual que aquellos seres que marchan en contravía, Sarah es definitivamente, una mujer diferente, cuyo compromiso en la vida es con la libertad. Y para defender esa libertad, no duda en inmolarse, inventando una historia que realmente no ocurrió como ella lo divulgó; inventó aquella versión como única forma  de no parecerse a las demás mujeres, provocando su aislamiento y el ser arrojada del seno de una sociedad pacata; así se asegura de no repetir el mismo destino que percibe en sus demás congéneres: conformar un hogar con esposo e hijos; “a veces les tengo lástima” le confiesa a Charles. No acepta ese destino convencional que la sociedad ha construido para las mujeres. Por eso, prefiere vivir como aquellos leprosos de los tiempos bíblicos, señalados por todos y de cuya cercanía huían despavoridos ante el temor de ser contagiados. Sarah no acepta ninguna de las opciones que la sociedad de entonces ofrecía a una mujer si no tenía garantizada una buena fortuna que le permitiera sobrevivir: casarse para construir una familia, ser obrera, o por último, prostituta. “La vergüenza me ha permitido ser libre” le manifiesta al joven científico. Y como ratificando su voluntad de independencia, huye de Charles y sólo reaparece cuando se siente una mujer libre. Ha marchado a Londres; ahora tiene un trabajo que le permite vivir; siente que ha construido verdaderamente su libertad y así, se presenta ante el ser amado.

Algo similar ocurre en la historia de Anne y Mike: ambos están casados pero no pueden huir de esa pasión que los envuelve; y la vida que les espera allá afuera, después de terminar la filmación, se les vuelve insoportable.  En vano, tratan de solucionarla con forzadas reuniones de colegas, pues los consume la angustia frente a esas barreras que no se sienten capaces de derribar.  De nuevo aquí, es la mujer quien decide el destino de ese amor. Anne abandona el escenario, dando a entender que hay algo por encima de aquella pasión que no le permite dar paso a su deseo. Pero, no obstante la admiración que nos suscita Charles al enfrentar las consecuencias de su decisión, no podemos caer en la tentación de tildar de cobardes a estos otros dos seres; quizás tras cada uno de ellos, hay una historia construida ya con otras personas, historia que no es fácil arrojar por la borda de un momento a otro. La película no emite juicios morales, sólo presenta unos hechos. El mismo director pareciera jugar con los dos finales, adjudicando uno feliz para la historia de “ficción” y otro para la “real” e indicando que tales finales podrían haberse intercambiado.

Dediquemos ahora unas líneas para hablar de la factura de la película: la recreación de la época es maravillosa, y está complementada con una excelente fotografía a cargo de Freddie Francis. La música ayuda a crear la atmósfera en cada momento. La escena inicial nos descubre uno de los recursos del cine moderno: el travelling, o sea, el movimiento de la cámara que se desliza sobre rieles o mediante una grúa, para acompañar el movimiento de los personajes. Importante resulta también advertir que en el cine, las imágenes pueden sugerir sentidos no explícitos; y nos referimos por ejemplo, a la escena en la que Sarah en el malecón y en medio de una terrible tormenta, otea el horizonte, con la remota esperanza, quizás, de que la concreción de un sueño aparezca por allí; sin embargo, es a sus espaldas, donde surge aquel que representará su destino. En resumen, hemos asistido a una maravillosa película que reúne méritos en su dirección, la ambientación de la época, la fotografía y en dos reconocidos actores como son Meryl Streep y Jeremy Irons en los dos personajes que encarnan. No en vano son numerosos los reconocimientos otorgados a esta cinta.

BEATRIZ FLOREZ

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA