Ciclo "Humanidad que se animó"

Adam Elliot, Sylvain Chomet y Ari Folman, tres cineastas que le pusieron luces, sombras, colores, vapores, sonidos, formas, texturas y movimiento a la amistad, a la soledad, a la culpa, a esas y a otras vivencias humanas.

Abril 14: Mary and Max – Adam Elliot – 2009

Abril 21:  El ilusionista – Sylvain Chomet – 2010

Abril 28:  Vals con Bashir – Ari Folman – 2008

Ciclo: Humanidad que se animó

Película: Vals con Bashir

Director: Ari Folman

Año: 2008

Un hombre sueña con veintiséis perros rabiosos que lo persiguen, y sabe que esa pesadilla está relacionada con la guerra del Líbano en la que él mismo estuvo. En un bar le cuenta ese sueño a un ex compañero militar, Ari Folman, el director real de la película y quien efectivamente también participó en su juventud en la infantería de la fuerzas de Israel. Folman se sorprende al reconocer que no recuerda nada claro de ese periodo, a excepción de una imagen en la que están él y algunos compañeros bañándose en la playa de Beirut a la luz de bengalas que iluminan la noche y los edificios en ruinas cercanos a la orilla, mientras se desarrolla la terrible masacre de Sabra y Chatila. Vals con Bashir de alguna manera será un viaje del director en busca de su oscuro pasado, tratando de encontrar lo que ha perdido; de ahí que Ari Folman necesite indagar con sus ex compañeros, viajar a Holanda, entrevistar a una psicóloga, al primer periodista que cubrió la masacre y sumergirse en la verdad de que esa única imagen que conservaba de aquel tiempo esa sólo una sustitución que lo alejaba de una horrible pesadilla. ¿Y qué encontró Folman? Un crimen, un genocidio perpetrado por la Falange libanesa como retaliación por la muerte del líder Bashir Gemayel, en el cual asesinó a más de dos mil refugiados civiles libaneses, todo con la cínica y pasiva complicidad del gobierno y las fuerzas armadas de Israel.

Esta película, la cual no parece apropiada como antesala a una fiesta, deja en el espectador la idea triste de ese silencio terrible de la muerte. Durante una conversación que pareció corta para los temas a tratar se mencionó la particularidad del director-personaje como un hombre rodeado de masacres, quien después de más de veinte años trata de asumir en cierta medida la responsabilidad de lo que hizo para no sentir que los perros  del pasado se lo devoren como le ocurre a su amigo. La amnesia no deja de ser complicada, más aún en un entorno tan hostil como es el de cualquier guerra pues ¿Cómo hacer soportable una vida en el conflicto? ¿Qué ocurre cuando se nos cae la cámara que nos aleja de la realidad y nos permite mantener un tipo de cordura? ¿Qué hacer con la memoria si no se puede hacer nada creativo con ella? El olvido no es algo reprochable necesariamente, sin embargo la película muestra de un lado el cine como una catarsis, como un espacio para hacer algo con nuestra memoria, como una terapia. De todos modos sería apresurado decir que recordar sea inequívocamente salvador, y si para algunos el arte tiene esos efectos "benéficos", para otros el olvido es la posibilidad de seguir viviendo. No obstante las últimas imágenes de “Vals con Bashir”, filmadas directamente de los acontecimientos de la masacre de Sabra y Chatila sí lanzan un mensaje claro: lo que ha visto el espectador no es una simple recreación y por lo tanto ese genocidio no se nos puede olvidar a los seres humanos. De ahí que lo particular de esta animación, es que hace más soportable el drama al que asistimos sin caer en el amarillismo. Ese último mensaje del filme  debe ponernos a pensar sobre todo en nuestro país, el cual parece cada vez sin memoria, y debe incitar al rechazo de la guerra ya que ésta es lo peor de la humanidad, la enajenación más terrible, es la destrucción sin misericordia y sistemática del otro. Por eso luego de ver “Vals con Bashir” siempre sigue ese silencio propio de la culpa y de la muerte.

Eduardo Cano

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA

Sesión del 14 de abril del 2012

Ciclo: Humanidad que se animó

Película: Mary y Max

Director: Adam Elliot

Año: 2009

1976. En el colorido y humilde  Mount Waverley en Australia la pequeña y solitaria Mary Daisy Dinkle le escribe una carta un hombre desconocido al otro lado del océano. New York, la invariable y desteñida rutina del obeso e inexpresivo Max Jerry Horowits se ve trastornada debido a la pregunta que una niña de ocho años le realiza desde Australia acerca del origen de los niños. De esa manera dos personajes lejanos en geografía y edad, pero muy cercanos en la vivencias de sus angustias existenciales, como la soledad, y en sus gustos como los chocolates o la afición al programa televisado "Los Noblets", se acercan gracias a la palabra; y así es que honestamente cada uno se revela ante el otro: Mary, tímida, de familia pobre, hija de un alcohólico y una cleptómana, cuyo más cercano amigo es un hombre que sufre de agorafobia y un gallo, además enamorada de un griego tartamudo; y Max, descendiente de judíos, ateo y confundido, quien sufre del síndrome de Asperger y ataques de ansiedad, un ser inexpresivo, incapaz de llorar, rodeado de un gato tuerto, de una seguidilla de peces llamados Henry, de una vecina ciega y del señor Raviolli, su amigo imaginario con problemas de autoestima. Pero el rasgo que los hace más comunes es que ambos quieren tener un amigo de verdad; Max lo comprendió al ganar el dinero suficiente para cumplir dos de sus tres deseos: tener chocolate de por vida y comprar la colección completa de "Los Noblets"; no obstante el tercer deseo, la amistad, fue un vacío que sólo consiguió llenar con la presencia en palabras de Mary. Tantos aparentes problemas no serán óbice para que en el transcurso de los años ambos forjen una sincera amistad y una complicidad que se fortalece con el lenguaje y con el chocolate, pero que se verá opacada por las equivocadas buenas intenciones de Mary de curar a su amigo del síndrome que según ella ha padecido durante la vida, sin comprender que Max, un hombre tal vez inusual, es alguien que ha aprendido a vivir consigo mismo.

Inicia un nuevo ciclo en el Cine en conversación, esta vez con Mary y Max, una película animada con la técnica del stop motion, en la cual se fotografían objetos en diferentes posiciones para crear en la secuencia la ilusión del movimiento. Es por lo tanto una técnica que requiere de cuidado y lentitud. De ahí que una pregunta sea pertinente ¿Por qué animar la historia? ¿Qué ofrece la animación? Es indiscutible la capacidad de la animación, o más bien, de una buena animación, para generar emociones; además gracias a ella el espectador ingresa a una especie de fantasía en la que se refleja lo que somos sin importar que se parta una forma distinta, graciosa y caricaturesca; también es notorio cómo el mundo de lo animado puede plantear realidades incluso muy crueles sin ser tan agresivo con el espectador; por lo tanto la animación es como las demás técnicas: un vehículo para transmitir, y depende de su tratamiento si es efectivo o no, en este caso sí lo fue. De ahí que no es gratuita la calidez de los personajes de la película y por eso nos podemos identificar con sus dramas: Todos tenemos algo de Mary y de Max, hay algo de su marginación que es común a los demás seres humanos. Por ejemplo está la soledad, la inevitable necesidad de pactar incluso con nuestros propios dramas sin necesidad de caer en la excusa de la enfermedad; Max no se consideraba un enfermo y ese fue quizás el error de Mary. También la amistad resalta en el filme como una construcción permanente de dar y recibir, de ofrecerse al otro y de comprender tanto como conocer a la otra persona con quien se dialoga, sin importar fronteras ni siquiera edad, cosa que contrapone la barrera imaginaria entre las generaciones, ya que todo se gesta gracias a la palabra, en este caso escrita, y al afecto mutuo entre los personajes. La película a la vez retrata con suma fidelidad los contextos contemporáneos de nuestras sociedades con cierto humor negro e irónico, los seres marginados, las nuevas familias, los ideales del dinero, la resolución de los problemas con pastillas y terapias, etc.; y no cae en la idea de la moraleja ni en el final feliz, ya que así las figuras animadas luzcan irreales e incluso ridículas éstas contienen mucho de nuestra realidad; sin embargo cabe destacar que la película sugiere que a pesar de los contextos hostiles que comienzan desde la misma familia es posible hacer algo en y con la vida, y en respuesta a esta afirmación aparecen la escritura y la amistad como opciones para pensarnos así ese pensarnos implique que el mundo que tenemos organizado, tal fue el caso de Max al recibir las cartas de su amiga, se desplome a la manera de un castillo de arena al ser frontalmente interrogado.

La atmósfera de New York que conoció Max, lánguida y opaca, contrastó con el colorido de la Australia en la que creció Mary; empero, gracias a las cartas que viajaron por encima del océano esos pedacitos de color tiñeron la vida de ambos personajes, por eso Mary recibió dentro de una caja los grises muñecos de Los Noblets que le salvaron la vida y Max logró contemplar en su último instante el colorido de una amistad que se había forjado desde la distancia y que lo cobijó en el techo de su casa como si estuviese atisbando una fracción del paraíso.

Eduardo Cano.

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA.

 Ciclo: “Una humanidad que se animó”

Sábado 14 de abril de 2012, Hora: 5:00 pm.

MARY AND MAX

MaryAndMax

A mediados de los años setenta una solitaria niña australiana de 8 años toma un nombre al azar de la guía telefónica de Nueva York y le escribe una carta, ella es Mary. Quien la recibe es Max Horowitz un cuarentón con sobrepeso y ataques de ansiedad que vive solo en esa ciudad. El le contesta y así comienzan una correspondencia que durará veinte años.

Director: Adam Elliot – Año: 2008 - Duración: 1 hora 40 m.

Calle 50 No. 78A-89  –Teléfono 2343641 


TITULO: EL ILUSIONISTA  

DIRECTOR: SYLVAIN CHOMET

GUIÓN: JACQUES TATI

PAISES: REINO UNIDO Y FRANCIA

AÑO: 2010

DURACIÓN: 80 min.

La genialidad de Jacques Tati y el virtuosismo de Sylvain Chomet se unen en una animación, homenaje del director al inolvidable creador de Monsieur Hulot, dando vida a un guión que Tati no pudo concluir y que fue rescatado por su hija, Sophie Tatischoff.

Una preciosa película que respira melancolía por esos tiempos gloriosos ya idos, cuando la inocencia no perdida permitía creer en la magia, a la ilusión que entregaban unos artistas humildes, creadores de fantasía, payasos que con sus torpezas hacían reír a niños y adultos, ventrílocuos que se desdoblaban en muñecos de trapo, magos que hacían saltar de su sombrero conejos, en fin, todo un mundo de fantasía, de sueños.

El ilusionista, protagonista central de esta cinta, abandona París cuando la soledad empieza a ser su público cotidiano y emprende la aventura de asombrar gentes en la gris y lluviosa Escocia. Convertido en un mago itinerante, ha dejado atrás cortinas y alfombras rojas de los teatros parisinos, para actuar en pequeños bares de aldea, en medio de la euforia etílica de los habituales parroquianos. En Edimburgo, la situación no mejora. Además lo ha seguido Alicia, una muchacha humilde, deslumbrada por el poder de aquel hombre que hace surgir como de la nada, todos aquellos objetos que su floreciente vanidad le pide. Entonces, para subsistir, se ve obligado a ejercer los oficios más discordes con el suyo, fabricante de ilusiones: pasa a ser lavador de carros, anunciante de ropa femenina en la vitrina de un gran almacén, promotor de licores en otro sitio. Finalmente, convencido de que ya no hay sitio en este mundo para la ilusión, abandona todos sus bártulos de mago, incluido el travieso conejo que le ha acompañado en su trasegar. Es la dolorosa aceptación de la derrota, su decisión de no seguir luchando contra la “objetividad” de un  mundo que ha alcanzado hasta los chicos: recordemos cómo, en esa agónica presentación ante la madre y su pequeño hijo, éste le desvela el secreto del mago. La gente prefiere ahora el ruido y la histeria de otros espectáculos.

Es nuevamente el encuentro con Hulot, el anacrónico personaje de “Mi tío”, quien era desbordado por la tecnología y huía de la automaticidad en la que residía la familia Arpel. De hecho, el ilusionista en una ocasión entra en un pequeño teatro para encontrarse de frente, con su “alter ego”, en una escena de la vieja película mencionada. Aquí es un artista derrotado por la vorágine de los tiempos modernos El ocaso ha llegado para Tattischoff y esos otros fabricantes de sueños. Pero hay más que la nostalgia por la gloria que ha huido. Es el despertar de Alicia, que había seguido al mago deslumbrada por el poder de este hombre para cumplir, como por arte de magia, todas sus ilusiones. Pero aquella chiquilla se ha transformado en una mujer adulta, y el “encanto” que le ofrecía el viejo prestidigitador desaparece para dar paso a una realidad: la del amor que ha descubierto al lado de un joven con el cual marcha tras otra ilusión, en la cual, ella misma podrá ser actora. Una nueva vida que emprenderá armada con la enseñanza que, como postrer  regalo, le ha dejado ese padre adoptivo que se había cruzado en su vida: “Los magos no existen”.

Los seres humanos necesitamos de las ilusiones para enfrentar la dureza de la vida, y éstas parecen a veces tan reales, como la nieve que cree ver Alicia a través de la ventana y que la hace tiritar. Ilusiones que van cayendo, sumiéndonos en pequeños “duelos” cada vez que se esfuman. Sin embargo, cabe preguntarse: ¿Y cuáles son las ilusiones que se construye hoy la humanidad?

Hay una serie de símbolos interesantes en esta película: a medida que las ilusiones de Tatischoff desaparecen, vemos cómo las luces de los sitios en donde actuó alguna vez el viejo mago, se van apagando. Una asistente vio en esta historia una alusión al cuento de Hans Christian Andersen “Las zapatillas rojas” y destacó el simbolismo de los zapatos rojos  que el ilusionista compra para Alicia. Por otra parte, se llamó la atención sobre una serie de oposiciones implícitas en la película por ejemplo: los claro-oscuros de algunas escenas, el frío de Escocia frente a la calidez de sus gentes, incluida la solidaridad de Alicia quien salva la vida del desesperado payaso al llegar con un plato de sopa.

De otro lado, ¡cómo no destacar  el valor artístico de la creación de Chomet y su equipo de animación! Las acuarelas que, en opinión de los críticos, reproducen los paisajes escoceses con la mayor fidelidad; los escasos diálogos siguiendo la línea de Tati, que como anotaba un espectador, permiten la reflexión; el uso de los planos generales, tan usados por aquél, se repiten acá. Cerremos este texto, reiterando que la cinta es un emocionante homenaje a unos oficios venidos a menos, a unos hombres que en un determinado momento de la historia, pasaron de ser aplaudidos por gentes rendidas a su magia a derrotados por una modernidad en la cual ya no había sitio para el asombro.

BEATRIZ FLOREZ

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA

 Ciclo: “Humanidad que se animó”

Sábado 21 de abril de 2012, Hora: 5:00 pm.

EL ILUSIONISTA

Illusionniste

“El Ilusionista” fue uno de los grandes proyectos que dejó sin realizar el gran cómico y cineasta francés Jacques Tati. Dieciocho años después de su muerte, el realizador Sylvain Chomet, conocido por la multipremiada cinta de animación “Las Trillizas de Belleville”, ha decidido poner imágenes al viejo guión de Tati. Es la historia de un mago francés que se queda sin trabajo y emprende un viaje hacia Escocia, donde conoce a una joven mujer. La aventura que les sobreviene cambiara sus vidas para siempre.

Director: Sylvain Chomet – Año: 2010 - Duración: 1 hora 20 m.

Calle 50 No. 78A-89  –Teléfono 2343641 


Abril 14  - Mary and Max  - Adam Elliot – 2009

MaryAndMax

Abril 21 -   El ilusionista – Sylvain Chomet – 20109

Illusionniste

Abril 28 -  Vals con Bashir – Ari Folman – 2008

 

vals-con-bashir

Ciclo: “Humanidad que se animó”

 Sábado 28 de abril de 2012, Hora: 5:00 pm.

vals-con-bashir

Documental animado sobre la matanza de refugiados palestinos en Sabra y Chatila (Líbano) en 1982. Una noche, en un bar, un viejo amigo cuenta al director Ari que tiene una pesadilla recurrente en la que le persiguen 26 perros. Cada noche, el mismo número de animales. Los dos hombres llegan a la conclusión de que tiene que ver con una misión que realizaron para el ejército israelí durante la primera guerra con el Líbano a principios de los años ochenta. Ari se sorprende ante el hecho de que no recuerde nada de ese periodo de su vida. Intrigado, decide ver y hablar con viejos amigos y antiguos compañeros dispersados por el mundo entero. Necesita saber la verdad acerca de ese periodo y de sí mismo. Ari escarba cada vez más y sus recuerdos empiezan a reaparecer mediante imágenes surrealistas... (FILMAFFINITY)

Director: Ari Folman – Año: 2008 - Duración: 1 hora 27 m.

Calle 50 No. 78A-89  –Teléfono 2343641