Ciclo "La pareja: incertidumbres modernas de esta relación"

La pareja: incertidumbres modernas de esta relación

En sincronía con el programa "La conversación del miércoles" que realiza la corporación los primeros miércoles de cada mes, se realizará cada sábado siguiente a esta, la proyección de una película en referencia al tema tratado.

En palabras de Carlos Mario González quien realiza la conferencia: "se trata del ciclo que, mes por mes, llevaremos a cabo este año y al que hemos titulado: La pareja: incertidumbres modernas de esta relación, labor con la que exploraremos los muy diversos aspectos conflictivos que hoy gobiernan la experiencia de la pareja (los celos, la fidelidad, la conversión del amor en odio, el imperio del tedio, etc.), buscando aunar elementos que permitan que cada uno, por su cuenta, invente su propio destino afectivo."

Programación:

domicilio conyugal

Febrero 9

Domicilio conyugal

Francois Truffaut - 1970

Memoria de la sesión

Mas-alla-de-las-nubes portada sombra

Marzo 9

Más allá de las nubes

Antonioni/Wenders - 1995

Memoria de la sesión

 

maridos-y-mujeres

Abril 6

Maridos y esposas

Woody Allen - 1992

Memoria de la sesión

5x2 afiche

Mayo 11

5x2 (Cinco veces dos)

François Ozon - 2004

Memoria de la sesión

QuienTemeaVirginiaWoolf

Junio 8

¿Quién teme a Virginia Woolf?

Mike Nichols - 1966

Memoria de la sesión

camille claudel

Julio 6

La pasión de Camille Claudel

Bruo Nuytten - 1988

Memoria de la sesión

Agosto 17

Laurence Anyways

Laurence anyways

Xavier Dolan - 2012

Memoria de la sesión

Septiembre 7

Infiel30

Infiel

Liv Ullman - 2000

 

Octubre 5

los-chicos-estan-bien-cartel1

Los chicos están bien

Lisa Cholodenko - 2010

Memoria de la sesión

 

 

 

 

 

 

 

Cine en conversación, sesión de octubre 5 de 2013

 

CICLO: LA PAREJA: INCERTIDUMBRES MODERNAS DE ESTA RELACIÓN.

TÍTULO: LOS CHICOS ESTÁN BIEN.

DIRECTORA: LISA CHOLODENKO.

GUIÓN: LISA CHOLODENKO, STUART BLUMBERG.

PAIS: ESTADOS UNIDOS.

AÑO: 2010.

DURACIÓN: 109 min

Esta película simple y emotiva de la directora Estadounidense Lisa Cholodenko, es la que seleccionamos para pensar desde el cine, el tema de la conversación del miércoles: ESFUERZOS DE HOY POR REINVENTAR LA PAREJA.

Con tan solo 49 años y una carrera que ha conquistado reconocimientos importantes, esta escritora y directora de cine y televisión inició su trabajo en los años 90, dentro de las que se destacan los largometrajes : High art (1998) , Laurel Canyon (2002), y   la multipremiada Los chicos están bien (2011), con 4 nominaciones al Óscar, premio ¨Teddy¨ a la mejor película en el festival de cine de Berlín, mejor guion por el circulo de críticos de Nueva York, entre otros.

Una familia conformada por dos mujeres lesbianas (Annette Bening y Julianne Moore) y sus dos hijos (Mia Wasikowska y Josh Hutcherson), llevan una vida normal y tranquila, hasta que   a los adolescentes se les ocurre conocer al donador que dio origen a su nacimiento, este padre advenedizo (Mark Ruffalo), empieza a modificar la dinámica familiar, se involucra desprevenidamente y cruzará limites que desequilibrarán la estabilidad familiar.

Aunque esta familia conformada por una pareja de mujeres y dos hijos adolescentes repiten el modelo convencional de pareja sin pretender en lo mínimo reinventarlo,   reconocemos que este es justamente el gran acierto de la directora, ponernos frente a una pareja homosexual que sigue todo los patrones convencionales de la pareja clásica heterosexual, sin diferencia alguna con cualquier familia de la clase media norteamericana, colombiana o europea. No hay nada que pueda reprocharse a como estas mujeres han criado a sus hijos, en algunos momentos resulta incluso exagerado y molesto como Nic , la madre que asume el roll masculino, establece la ley en su familia.

En un momento histórico, en donde se están generando leyes en torno al matrimonio entre homosexuales o en torno a la adopción y el aborto, es necesaria una película como esta. El cine hace ahora lo que antes fue una labor exclusiva de la literatura, retratar aquellos dramas que vive el hombre y han sido objeto de pregunta y cuestionados moralmente.

Lisa Cholonenko nos pone los ojos sobre aquello que es necesario mirar,   situaciones que ocurren en la casa vecina, en la casa de nuestros amigos o familiares; la cámara se abre diáfana sobre este mundo, tan común, tan disfuncional, o funcional como el de cualquier familia heterosexual. Tolstoi, Flaubert, Tomas Mann, lo hicieron en su momento desde la literatura.

La película cuenta con un excelente guion, que deja de lado falsedades e imposturas, nos permite adentrarnos en   el drama de sus personajes, afectándonos con ellos. Las situaciones se presentan con una sorprendente naturalidad, planos largos, imágenes delicadas, una cámara tranquila que dista de las estridencias a las que nos tiene acostumbrado el cine comercial; los diálogos fluyen de manera espontánea con algunas referencias literarias sobre las novelas rusas, o   referencias geográficas como las que se hicieron sobre la mítica Buenos Aires, o sobre la música, como fue el caso de la cantautora canadiense Joni Mitchell; esto nos da cuenta de la voz de la directora sensible al arte y al mundo.  

Nuestra pregunta seguirá vigente ¿Qué hace a una pareja novedosa, sea heterosexual u homosexual?

¿Sera posible sostener un modelo de pareja en el que se sostenga: el deseo, la libertad, la singularidad y la igualdad?

¿Será posible que los que establecen las leyes, le den prioridad a estos valores, sin importar la orientación sexual de la pareja?

Oscar Restrepo P.

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA

Ciclo: “La pareja: incertidumbres de una relación”

Sábado 6 de julio de 2013, Hora: 5:00 pm.

camille claudel

 

Camille, la hermana del escritor Paul Claudel, sintió desde niña una gran pasión por el arte y en especial por la escultura a la que dedicó gran parte de su vida. El escultor Auguste Rodin fue su maestro, y ella se convirtió en su musa. Entre ambos surgió una tormentosa relación amorosa plagada de crisis y rupturas. La escultora tuvo también una vida personal muy agitada: era una mujer demasiado libre e independiente que no se adaptaba a las costumbres y convencionalismos de su época. (FILMAFFINITY)

 Director: Bruno Nuytten - Año: 1988 - Durac: 2 h. 40 min.

Calle 50 No. 78A-89 –Teléfono 4443584

Ciclo: “La pareja: incertidumbres de una relación”

Sábado 6 de abril de 2013, Hora: 5:00 pm.

maridos-y-mujeres

Y para continuar cavilando sobre el tema propuesto en el ciclo de conferencias de La conversación del miércoles de este año: la pareja, y en especial por la conferencia que se llevará a cabo el próximo 3 de abril: el matrimonio y el amor, en esta ocasión participaremos de las reflexiones de un gran cineasta que en esta película se propone decididamente buscar también los fundamentos del matrimonio como institución en la sociedad que hoy tenemos.

Como de afortunada costumbre, la película es bastante interesante no solo por la particular manera como se construye la narración sino también por los diversos ángulos y perspectivas desde los cuales se crítica e irónicamente se intenta abordar el tema.

Juan Sebastián Gutiérrez Gómez.

Director: Woody Allen – Año: 1992 - Durac: 108 min.

Memoria de la conversación

 

Ciclo: “La pareja: incertidumbres de una relación”

Sábado 5 de octubre de 2013, Hora: 5:00 pm.

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Nic y Jules son una pareja de lesbianas que viven con sus dos hijos adolescentes: Joni y Laser, ambos fruto de la inseminación artificial. Lo que obsesiona a los dos chicos es conocer a su padre biológico, un tal Paul, que donó su semen a una clínica cuando era joven. Recién cumplidos los 18 años, Joni se acoge al derecho de solicitar información sobre su padre y decide llamarlo. Tras la cita, la primera impresión es tan positiva, que se lo cuenta a sus madres. (FILMAFFINITY)

Directora: Lisa Cholodenko- Año: 2010 - Duración: 1 h. 45 min.

Cine en conversación, Sesión del 8 de junio del 2013

TÍTULO: ¿QUIÉN LE TEME A VIRGINIA WOOLF?

DIRECTOR: MIKE NICHOLS

GUIÓN: ERNEST LEHMAN

PAIS: ESTADOS UNIDOS

AÑO: 1966

DURACIÓN: 129 min.

Como cada primer sábado de mes, proyectamos una película que continúa en la línea abordada durante la pasada Conversación del miércoles: La pareja y su potencial deslizamiento del amor al odio. La historia está basada en una obra del escritor norteamericano Edward Albee. Dramático relato que pone en evidencia el odio de dos seres, quienes alguna vez sintieron mutua atracción y le apostaron a un proyecto de vida juntos, pero un proyecto que, más que en el fortalecimiento del amor, estaba cimentado en el logro de unos intereses propios. Marta es hija del director del Departamento de Historia de una Universidad y está casada con George, quien es profesor en el mismo Departamento. Él era considerado inicialmente como posible sucesor en la dirección, pero no demostró el suficiente talento y quedó relegado a continuar siendo profesor. Ella había soñado con ser la esposa de un hombre importante, el director, y él calculaba que ese matrimonio le allanaría el camino a un porvenir prestigioso.

Y dieciséis años después, asistimos al desgarrador espectáculo de dos seres atrapados por el odio, que intercambian, en absurdos juegos psicológicos, ironías, insultos, agresiones, humillaciones, amenazas, durante los cuales parecen mezclar realidad y fantasía; lo que nos muestra la película es sólo una noche en la vida de esos dos seres desgraciados, cuando han invitado a casa una pareja, aparentemente feliz, pero a la que, con inexplicable crueldad, terminan involucrando en sus juegos y desnudando esos puntos débiles en que también fundaron su unión: el interés de él en el dinero que ella heredaría de su padre, un pastor religioso, y el deseo de ella por un hijo, que le generó un embarazo histérico, y su posterior fracaso en el intento de tenerlo una vez casada.

Como anotaba un asistente, las máscaras caen; se desnudan esas almas para dejar ver frustraciones, odios, manipulación, intereses mezquinos. Dos parejas que fundaron el éxito de su relación en dos deseos: el éxito y los hijos; En George y Marta, el peso del fracaso da origen a ese odio mutuo que busca la destrucción del otro y en medio de las mentiras que se fabrican para mantener con vida esa unión, crean la de un hijo imaginario, figura a la que se aferran con desesperación y que parece ser lo único que los une. Pero Marta rompe ese pacto secreto de no hablar del hijo con extraños y eso desencadena lo que parece la batalla final. La violencia psicológica que alcanzan estos dos personajes nos recuerda las palabras de Carlos Mario en su pasada conferencia: “El odio es el empuje que nos lleva a la destrucción de un otro específico, sin que en esta acción prevalezca, necesariamente, el interés propio”. Pero además de ese odio feroz que se profesan, hay una alta dosis de heridas narcisistas que yacen en lo profundo, causadas por el rompimiento de una imagen exitosa que se tenía de sí mismo y que al no lograr concretarse, deviene en humillación. Ante tales sentimientos destructores, sólo aparece una relación que podríamos calificar de sado-masoquista.

Entonces, ¿Qué hacer con el odio? Porque este sentimiento puede aflorar en cualquier momento en el individuo. Recordemos otras palabras de Carlos Mario: podemos optar por el odio “civilizado”, que inscribe esa fuerza en lo simbólico y así aleja la posibilidad de desaparecer físicamente al otro, reemplazando esta opción por su desaparición metafórica. La indiferencia es un arma para borrar al otro simbólicamente. Por el contrario, el desconocer el odio como un sentimiento que puede habitarnos en cualquier momento, nos hace adoptar una posición moralizante, en donde de un lado estarían los buenos, aquellos que jamás lo alojan en su alma, y los malos que sí lo admiten.

Pero no sólo en el ámbito de la pareja se pueden presentar escenarios semejantes; también en nuestras relaciones sociales, y sobre todo, ante la presencia de cualquier agente des-inhibidor, emergen con frecuencia todas aquellas pasiones que se habían mantenido ocultas.

¿Y cómo no pensar en el modelo de familia? Si su construcción está supeditada al éxito económico, o a la existencia de los hijos, y no se dan esas condiciones, ¿sobre qué se sostendrá entonces esa institución? Pero también, ¿para llegar al odio, será condición necesaria que haya existido amor? Interrogantes no fáciles de responder y que suscitan profundas reflexiones.

Finalmente, no podemos pasar por alto la soberbia actuación de estos dos gigantes de la pantalla: Elizabeth Taylor y Richard Burton, quienes a la sazón protagonizaban también una tormentosa relación que pasó por dos matrimonios y sus respectivos divorcios. Liz, como siempre se le conoció, ganó en 1966, el Oscar a la mejor protagonista. La atmósfera tensa, que por dos horas logran mantener los dos personajes alcanza al espectador, que termina exhausto ante tal despliegue de violencia psicológica. También Sandy Dennis, en el papel de Honey, la esposa de Nick, recibió el Oscar como mejor actriz de reparto. Una película que difícilmente olvidaremos por la intensidad de su drama.  

BEATRIZ FLOREZ

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA

Cine en conversación, sesión del 9 de marzo del 2013

 

TÍTULO: MÁS ALLÁ DE LAS NUBES.

DIRECTOR: MICHALENGO ANTONIONI, WIM WENDERS

GUIÓN: MICHALENGO ANTONIONI, WIM WENDERS, TONINO GUERRA

PAIS: ITALIA

AÑO: 1995

DURACIÓN: 113 min

 

Nuestra cita esta semana estaba destinada a continuar la reflexión sobre las inquietudes planteadas en la pasada conversación del miércoles, que abordó el tema “¿De qué amor hablamos cuando hablamos del amor?

Encuentros, desencuentros, rupturas, imposibilidades, largos silencios, se van sucediendo en esta película de la que podríamos decir “rodada a cuatro manos” pues contó con la colaboración de Wenders y que tuvo su origen en una serie de cuentos escritos por Antonioni. Relatos abiertos que nos dejan muchos interrogantes y pocas respuestas. Cuatro historias de amor, ¿pero, podríamos hablar de amor? ¿O más bien son chispazos que encienden un deseo casi siempre malogrado? Pareciera insinuarse la dificultad, la casi imposibilidad de retener el amor, amor que se desvanece en ocasiones sin que podamos entender por qué ni cuándo. Dificultad para comunicarse, para elaborar esa palabra que retenga al ser amado; en la primera historia, ella ha reclamado la palabra: “una palabra siempre hace bien, aún la escrita” pero él le replica: “las palabras verdaderas se guardan dentro“. El protagonista escapa sorpresivamente sin consumar su deseo; ¿Qué es lo que impide a este hombre acercarse al objeto de su deseo? Observamos su mano que recorre lentamente, sin tocarlo, el cuerpo de su amante, para luego huir abruptamente, como si temiera que ese hechizo que lo tiene fascinado, se rompa en mil pedazos.

También la mirada posibilita una comunicación cuando la palabra no viene a socorrer el encuentro y aquella, se constituye en puente que facilita el acercamiento; en la segunda historia, el director de cine sigue durante un largo rato a esa mujer que ha concitado su atención; la observa en su cotidianidad sin dirigirle la palabra y es ella quien inicia el diálogo para revelarle la tragedia que arrastra consigo.

La incertidumbre rodea siempre a los amantes; ¿Te vas o te quedas? pareciera ser la pregunta que siempre ronda por sus cabezas. Y esa pregunta nos lleva a la tercera historia; una esposa abandonada y un marido, quien por piedad, como lo confiesa a su joven amante, miente y finge amor a esa mujer desesperada. Jamás podremos estar seguros de la permanencia de una pasión; Carlos Mario en su conferencia del miércoles pasado anotaba: “Hay una chispa que enciende el deseo pero puede haber también una incapacidad para concretarlo” y sostenerlo, añadiríamos nosotros. ¿De qué está constituido ese deseo? Al lado del asunto por el cuerpo, está el temor a la vida pero también, el temor a la muerte; todos estos sentimientos quizás nos lleven a la búsqueda de un otro para compartir nuestras angustias más atávicas.

La cuarta historia conduce a otras reflexiones; un romance que ni siquiera comienza; esa dulce y esquiva joven, que no gusta mucho de la palabra, es el único personaje que se confiesa feliz. Iluminada interiormente no necesita la luz del amor carnal. ¿Para qué encender una vela en un cuarto lleno de luz? le dice al hombre que la aborda; luego le revelará que al día siguiente ingresará a un convento. En esa opción religiosa experimenta la plenitud; a diferencia de los demás protagonistas, no hay lugar para la tristeza en su alma. La opción religiosa se ha constituido en su deseo sin que signifique renuncia a la vida, sin que equivalga a una muerte en vida, como podríamos interpretarlo. “No temo a la muerte sino a la vida que vosotros lleváis” es su respuesta a ese enamorado que la ha seguido a través de las calles, camino a la iglesia. Su decisión nos lleva a entender que la respuesta por el sentido de la vida puede hallar múltiples opciones. Huye quizás del vértigo que impone la vida moderna, esa carrera contra el tiempo a la que alude la leyenda de los porteadores que detienen su veloz marcha para esperar por sus almas que han quedado rezagadas. Esa prisa que no favorece la creación artística ya que ésta es hija de la contemplación reflexiva de nuestro entorno.

Historias tejidas pausadamente, con pocas palabras y muchas metáforas y con elementos que ya conocíamos en Antonioni y en Guerra: seres que caminan bajo una niebla que hace casi irreal el paisaje, tan etéreo como los sentimientos que los embargan; besos y adioses de amantes separados por vidrios que parecen impedir su encuentro. Agua, mucha agua, que cae en torrenciales aguaceros, o que proviene del agitado oleaje. Y un detalle novedoso: el director de cine (evidentemente el alter ego de Antonioni) quien anda en busca de un personaje y que nos conduce a través de esas historias, sorpresivamente se introduce en la cinta y protagoniza su propia historia.

La fotografía a cargo de Alfio Contini y Robby Müller, con magníficos encuadres que realzan la preciosa arquitectura de calles de piedra y pequeñas iglesias, testigos de tiempos antiquísimos, unida a la música de Bono, Adam Clayton y Van Morrison, se complementan para hacer de ésta, una película que derrocha arte.

BEATRIZ FLÓREZ

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA

 

Ciclo: “La pareja: incertidumbres de una relación”

Sábado 7 de septiembre de 2013, Hora: 5:00 pm.

Infiel30

 

Volvemos a nuestro ciclo intermitente sobre la pareja, con una película escrita por el gran director sueco Ingmar Bergman y dirigida por Liv Ullman –una de sus actrices favoritas y su pareja también por algún tiempo–, en la que un hombre, posiblemente un cineasta, aislado en una casa frente al impasible mar, se reúne con personajes de su imaginación para fantasear, construir, o tal vez reconstruir, la historia de una mujer a partir del momento en que en la vida de ella comienza a crecer una pasión por un amigo suyo, de su esposo y que además es confidente querido de su pequeña hija.

Angustia, amor, traición, humillación, abandono, pasión, soledad, deseo. Sobra seguro decir más con lo ya dicho acerca del guionista, la directora y el tema de la película, para invitarlos a ver, disfrutar, confundirse y aventurarse a tratar de pensar y tal vez un par de palabras articular, acerca de un tema que a ningún ser humano inmerso en esta sociedad y en sus formas de emparejamiento puede serle ajeno.

Juan Sebastián Gutiérrez Gómez

 Directora: Liv Ullman- Año: 2000 - Durac: 2 h. 34 min.

Ciclo: “La pareja: incertidumbres de una relación”

Sábado 8 de junio de 2013, Hora: 5:00 pm.

¿Quién le teme a Virginia Woolf?

QuienTemeaVirginiaWoolf

 

Volvemos al ciclo sobre la pareja que realizamos como complemento a la conferencia de La conversación del miércoles, para intentar reflexionar sobre la manera como puede el odio emerger y habitar en una relación de pareja como las que en nuestra sociedad comúnmente construyen dos individuos cuando entre ellos se instala una pasión amorosa, con la ayuda de una película norteamericana que nos presentará a una pareja –o lo que queda de ella–, en una noche cualquiera de sus vidas en que deciden dar trámite al odio que se ha interpuesto entre ellos, por medio de la búsqueda de la reducción y destrucción del otro.

Una estructura visual y narrativa precisa y muy elaborada –característica del cine clásico de Hollywood–, arriesgada, al permitirse abordar conflictos internos muy complejos de cada uno de los dos seres que componen esta pareja, y dos actores de una muy amplia trayectoria cinematográfica, Elizabeth Taylor y Richard Burton, darán a este relato truculento la atmósfera propicia para permitirnos por vía de los límites extremos, acercarnos a este tema que seguro entre otros muchos interrogantes nos devolverá inicialmente la pregunta por el significado del “odio”.

Juan Sebastián Gutiérrez Gómez

Director: Mike Nichols – Año: 1966 - Duración: 2 h. 9 min.

Calle 50 No. 78A-89 –Teléfono 4443584

 

Ciclo: “La pareja: incertidumbres de una relación”

Sábado 9 de marzo de 2013, Hora: 5:00 pm.

mas-alla-nubes

¿Y cómo mirar para pensar sobre el amor? Sobre aquello que lo incita o lo desata; sobre aquello que lo hace posible y le permite crecer; sobre aquello que lo transforma o simplemente lo destruye.

De la mano, el ojo y la pluma de tres grandes maestros del cine, nos dejamos llevar en un viaje sugestivo en el que la pregunta por el amor podrá ser objeto de nuestra atención.

Juan Sebastián Gutiérrez Gómez

Directores: Antonioni ~ Wenders – Año: 1995 - Durac: 1 h. 50 min.

Memoria de la conversación

 

Sesión del 17 de agosto del 2013

 

TÍTULO: LAURENCE ANYWAYS

DIRECTOR: XAVIER DOLAN-TADROS

GUIÓN: XAVIER DOLAN-TADROS

PAIS: CANADÁ

AÑO: 2012

DURACIÓN: 168 min.                    

 

Varios rostros miran, entre sorprendidos y burlones, el paso de ese hombre, protagonista de nuestra película, quien acaba de darle un giro a su vida. Filmada cuando este director canadiense, de origen egipcio, contaba solamente con 24 años, nos relata 10 años en la vida de Laurence, profesor de Literatura, y Fredie, asistente del cine; una pareja que parece disfrutar de cada momento, cómplices, camaradas, sin que, aparentemente, ninguna nube amenace oscurecer su horizonte. Es septiembre de 1989 y Laurence, quien lee un libro, pregunta a su mujer: ¿Puede la literatura salvar del ostracismo a las personas diferentes? Una pregunta que parece ser premonición de lo que sobrevendrá en sus vidas.

Pero un día cualquiera, emerge en él la necesidad de ser honesto consigo mismo, de asumir esa verdad que ha ocultado durante sus 35 años de existencia, y un grito desgarrador sale del fondo de su ser: “estoy muriendo, mi vida no es real; no estoy hecho como los demás; me siento como si le estuviera robando la vida a alguien, a la mujer que hay en mí.” Y esta confesión hecha a su compañera, a la mujer que ama, precipita el drama que les acompañará a partir de ese momento. La solidaridad de ella durante la etapa inicial, dispuesta a librar una lucha conjunta por el derecho a la singularidad, se desploma en algún momento, producto de la tensión permanente, de la fatiga que significa enfrentar una sociedad acusadora, discriminante, agresiva con el diferente. Cruel rechazo que incluye a las respectivas familias; cuando Laurence acude a su madre en busca de comprensión, ella le arroja al rostro una sentencia lapidaria: “Si tienes algún tipo de problema, lidia tú solo con él. Nuestras puertas estarán cerradas para ti.”

Momentos muy difíciles se sucederán: enfrentar con sus nuevas ropas femeninas a los estudiantes y amigos, la decisión del comité universitario de separarlo de su cargo, la paliza de un hombrón en un bar. En tanto, ha encontrado un grupo de personas en su misma condición, quienes le brindan apoyo. A pesar de que más tarde

elige una nueva compañera, no logra desprenderse del recuerdo de Fredie; pero sus esporádicos encuentros terminan siempre en reclamos y discusiones, hasta que finalmente, se dan cuenta de que en el camino elegido, no hay retorno. La puerta que se cierra luego de su conversación en la cafetería, parece indicar que entre los dos se ha alzado un muro, imposible de salvar; y del otro lado, ha quedado aquella a quien llamaba la mujer de la A a la Z, con la que se inició y terminó su anterior vida. Esos vasos comunicantes que existían entre ellos se han roto para siempre. Recordábamos en este punto, esa metáfora empleada por Carlos Mario González en su pasada conferencia: “las parejas son como dos líneas: pueden ser líneas paralelas que van lado a lado, pero nunca se encuentran, o dos líneas en las cuales, una se superpone a la otra haciéndola invisible, borrándola, o dos líneas que por momentos se cruzan, y en esos encuentros enriquecen su camino. Los padres de Laurence evidentemente eran dos líneas paralelas que simplemente coexistían, sin ningún acercamiento.

¿Quién define esa tenue línea que separa lo “normal” de lo “anormal”? Por siglos, la religión y la medicina se han encargado de trazar esa frontera, pero cada vez, más personas se cuestionan qué es lo que legitima sus pronunciamientos; Ciertamente, hay un cambio de actitud frente a la diferencia, pero aún subsisten sectores muy poderosos en la sociedad, que se resisten a eliminar esa clasificación discriminante entre individuos “normales” y otros que no lo serían. Cuando vemos las dificultades que enfrenta Laurence al asumir su propia identidad, nos preguntamos ¿estamos realmente preparados para aceptar la elección sexual del otro? ¿En dónde debe surgir esa “revolución”, como lo declara él a su colega? No es una batalla que deban asumir ellos solos; es toda la sociedad quien debe acompañar su lucha. Aceptemos, hay una nueva realidad: en el imaginario de pareja como unión de lo femenino y lo masculino, el deseo se sostiene pero los cuerpos se transforman. Una pregunta emergió: ¿qué es lo que pareciera suscitar el pánico frente a esa diferencia? Presenciamos la brutal agresión de ese hombre en el bar, sin mediar ninguna discusión; la manifiesta incomodidad de la mujer que lo entrevista y que no le permite mirarlo a los ojos, la de su propia madre en los pocos intentos, por demás fallidos, de un acercamiento; ¿acaso sienten amenazada su propia identidad frente a ese otro diferente?

Una película que tiene que ver, no sólo con la identidad sexual sino también con la dificultad que entraña ser honesto con sí mismo y no resignarse a seguir los códigos sociales. La lucha no sólo por defender su propio deseo, sino también por la dignidad, por el derecho a un lugar en la sociedad, por el reconocimiento sin condiciones.

Para destacar en el plano artístico, el uso de la cámara lenta, el surrealismo de algunas escenas como los rostros fantasmales y monstruosos que parecen asediarlo luego de sufrir la agresión de aquel desconocido, los colores fuertes que, junto a la música, refuerzan lo caótico de algunos momentos y el dramatismo de otros.

BEATRIZ FLOREZ

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA

Cine en conversación, sesión de mayo 11 de 2013

 

CICLO: LA PAREJA: INCERTIDUMBRES MODERNAS DE ESTA RELACIÓN.

DIRECTOR: FRANÇOIS OZON.

AÑO: 2004.

PAÍS: FRANCIA.

GUIÓN: FRANÇOIS OZON, EMMANUELE BERNHEIM

DURACIÓN: 90 min.

 

La película de esta semana guarda estrecha relación con el ciclo de la “Conversación del miércoles” que en su última sesión abordó el tema de “Un ideal en declive: la pareja como paraíso”

 

El director Francois Ozon (París, 1967), nos trae la historia de cinco años en la vida de una pareja, contada en forma cronológicamente inversa, iniciando con los trámites de divorcio y finalizando con su primer encuentro. Se trata de Marion y Gilles y cinco momentos importantes en su convivencia: el divorcio frente a un juez, debate y confesión de infidelidad en el marco de una reunión de amigos, el nacimiento del hijo, la boda y finalmente, las circunstancias de ese primer encuentro. Reaparecen temas que ya Ozon había tratado en otras ocasiones y que retratan las dificultades que amenazan la pareja: soledad, incomunicación, desencuentros, heridas que no sanan… Los primeros planos utilizados al inicio de la película nos recuerdan a Bergman, director admirado por este francés.

 

Como lo señalaba un asistente, al contrario de Haneke, Ozon poco nos revela sobre la cotidianidad de estos dos seres; sólo momentos decisivos en sus vidas, con el propósito deliberado de que el espectador se plantee dudas y preguntas sobre el devenir que tuvo su pasión amorosa; el amor no parece hacer presencia en esta relación, más bien una ilusión construida solamente sobre la sexualidad y de ahí, su desgaste. Claramente, no se individualiza el cuerpo del otro y, sobrevienen episodios de infidelidad, incluidas las experiencias homosexuales de Gilles, con la aprobación de su esposa; ¿por qué consiente estos juegos eróticos de su esposo, cuando ella misma no gusta de participar en ellos y más bien parece incómoda cuando se habla del tema? ¿es un asunto de voyerismo, o de indiferencia? ¿Qué une a estas parejas cuando la pasión ha menguado? No vemos un proyecto común en construcción y es evidente que no existen lazos fuertes de unión entre ellos. Pero es que además, Gilles es un hombre vacío, manipulador, de carácter débil, lo cual se evidencia en la actitud que asume frente a la experiencia de la paternidad, responsabilidad que parece demasiado grande para él; no asiste al nacimiento de su hijo y evitando ver a Marion, huye precipitadamente del hospital, y esa vacuidad es lo que prevalece en la relación. Por eso nos sorprende su propuesta, luego de formalizado el divorcio, de volver a intentar una aventura ya fallida.

 

De otro lado, surge la pregunta por la institución del matrimonio y cómo éste sólo puede reglamentar y ordenar lo que pertenece al campo del “deber”; una forma jurídica que se ha quedado anclada en viejos códigos que ya no responden a las necesidades del individuo actual y que acaso sólo pueda garantizar la justa distribución de los bienes comunes, entre los que parecen quedar incluidos los hijos.

 

Para terminar, destaquemos la música compuesta por Philippe Bombi, y las canciones escuchadas en algunas escenas muy significativas de la película, como “Una lácrima sul viso” que acompaña las propias de la protagonista.

BEATRIZ FLOREZ

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA

Cine en conversación, sesión del 9 de febrero del 2013

 

TÍTULO: DOMICILIO CONYUGAL.

DIRECTOR: FRANCOIS TRUFFAUT

GUIÓN: FRANCOIS TRUFFAUT, CLAUDE DE GIVRAY, BERNARD REVON

PAIS: FRANCIA

AÑO: 1970

DURACIÓN: 97 min.

 

Dimos inicio a nuestra cita semanal con el buen cine, proyecto que para este año trae una novedad: la presentación, el primer sábado de cada mes, de una película que continúe la reflexión iniciada en La conversación del miércoles y que durante el 2013 girará en torno al tema “La pareja: incertidumbres modernas de esta relación

La película seleccionada fue Domicilio Conyugal del ya conocido director Francois Truffaut; en esta oportunidad explora el amor, el matrimonio, el tedio, la fidelidad, y en fin, todos aquellos elementos que surgen como una afirmación o como una amenaza de esa promesa de amor hecha por las parejas. La cinta pertenece a la saga iniciada con Antoine Doinel (Jean-Pierre Léaud), el niño personaje de “Los 400 golpes” y que continúa con “Besos robados”. Aquí vemos a la joven pareja de Antoine y Christine (Claude Jade) recién casados y construyendo su hogar.

Dos seres que vienen de mundos muy diferentes y con diversos intereses: ella bella, bien educada, elegante, sensible y perteneciente a familia burguesa, da clase particulares de violín; Antoine, de extracción humilde, soñador, no tiene las mismas necesidades de su esposa, sin embargo, aspira a ser reconocido en ese mundo refinado; al contrario de su mujer, manifiesta que en él no queda espacio para el aburrimiento porque siempre está ocupado y quisiera que el día tuviera más horas. El dinero no es lo más importante en su vida; su suegro le propone negocios lucrativos pero él prefiere los trabajos que le “dejen tiempo para pensar”. Vende flores para un tercero y experimenta cambiando su color; sueña con obtener el rojo profundo, y en este experimentar echa a perder algunas de ellas, por lo que pierde su actual trabajo. Prefiere caminar, a tener un coche; no mira el asfalto sino los pájaros que revolotean entre los árboles. Un teléfono en su domicilio no representa un gran logro para él. Tiene el sueño de ser escritor y como lo presiente lejano, quiere que su hijo lo sea: “Alphonse será el Víctor Hugo de nuestros tiempos”. La película nos recuerda a Tati con ese vecindario encantador, de seres sencillos pero solidarios y que comparten alegrías y tristezas, con la presencia de seres extraños como “el estrangulador” y la desenfadada camarera que no deja de abordar con sus propuestas al muchacho. Pero además, hay una alusión directa a su personaje, el señor Hulot, con la fugaz aparición ante cámaras, en la estación del metro, del hombre que precipitadamente aborda un coche, con su tradicional gabardina y el infaltable paraguas. Otro singular personaje es aquel que siempre anda pidiendo a Antoine dinero prestado, y el sujeto que infaltablemente, permanece en la ventana y desde allí asiste a todos los acontecimientos, nos recuerda a Hichtcock (La ventana indiscreta).

Truffaut con humor y sutileza nos muestra las dificultades que enfrenta la convivencia; son dos seres que indudablemente se aman, pero la rutina parece ganarles; es claro que al elegir una opción cualquiera en la vida, se renuncia a otras posibilidades y eso genera contradicciones en el individuo: se anhela la compañía del ser querido pero en ocasiones, se añora la soledad, el encuentro con sí mismo, la libertad; para soportar esa declinación de las propias aspiraciones, tienen que surgir razones que no la hagan tan dolorosa. ¿Tendremos entonces que aceptar como una verdad aquello que anotaba un asistente: ”La pareja cumple un ciclo: nace, crece, se reproduce y muere”? Como “antídoto” para esta muerte de la pasión, tendríamos que recordar las palabras de Carlos Mario al abordar el tema en su Conversación del miércoles: “Para la renovación del amor se precisan dos condiciones: sostener el asombro y mantener el enigma”.

La importancia de la conversación en la pareja se hace evidente en la película. Christine y Antonie hablan, se hacen bromas, ríen juntos. Por el contrario, el mutismo que reina en su relación con Kyoko, es factor desencadenante de esa “des-ilusión”, del aburrimiento que experimenta en el idéntico ritual que constituye cada encuentro. Esta necesidad de la conversación, la hace explícita la amiga de Antoine cuando le confiesa que daría lo que fuera por estar casada para tener con quien conversar. Respecto a la soledad, ¿el tener una pareja garantiza que no nos sentiremos solos? Y a propósito, ¿sirve a la pareja un distanciamiento temporal para la renovación de su amor? El repetido acto de su vecino de arrojar por las escaleras el abrigo de su mujer para recogerlo luego, ante la impaciencia que le suscita su retardo para salir y que es mirado con extrañeza por Antoine y Christine, pero que ellos mismos repiten luego de su reconciliación, pareciera sugerir que para conservar la unión, hay que recoger ciertas palabras y actitudes que afloran en momentos de crisis para asumir esas diferencias del otro y aceptarlo tal como es.

El espinoso asunto de la infidelidad está presente también en esta historia y nos hace pensar en ese límite tan difícil de definir entre infidelidad y una mera fantasía. ¿Se concreta la infidelidad sólo en el encuentro de los cuerpos? Frente a la aventura de Antoine, surge la pregunta sobre si no hay infidelidad en Christine que pone su ilusión en el bailarín del afiche; a eso tendríamos que responder que la posibilidad de que un otro capture la atención, estará siempre presente en la pareja pero, ¿eso sólo constituye infidelidad?

Hay algo curioso en la película y es la alusión a la estética del cuerpo masculino, un tema poco tratado pues siempre la atención se centra en el cuerpo femenino; Antoine expresa que encuentra feo el cuerpo del hombre. En cuanto al cuerpo femenino, Truffaut muestra aquí una mirada casi obsesiva sobre las piernas de las mujeres; en la primera escena, la cámara acompaña, durante largo rato, el recorrido de Christine por los mercadillos del barrio a través de sus piernas, las mismas que ejercen gran atracción sobre su esposo. Más tarde, la cámara insiste en recorrer, lentamente, las piernas de la exótica japonesa.

El director, fiel a su estilo de no “entregar información directa” nos sugiere con imágenes lo que está sucediendo. Cuando vemos a Antoine leyendo la placa del edificio en donde ha entrado Christine y segundos después, detenerse ante el afiche que muestra a un bebé, ya se nos dice que pronto serán tres. Igual ocurre con la escena en que su mujer se viste como japonesa; cualquier palabra sobra allí; cuando Antoine busca infructuosamente la mejor posición de sus piernas para soportar esa silenciosa cena japonesa, percibimos el tedio que también empieza a aflorar allí. La rutina que suprime la sorpresa, se hace evidente cuando Christine puede describir al pequeño Alphonse, paso a paso, lo que hará su padre cuando se prepara para entrar al baño.

Finalmente, se reconoce en las imágenes de esta deliciosa película, el trabajo de Néstor Almendros con una fotografía impecable.

BEATRIZ FLÓREZ

Corporación Cultural  ESTANISLAO ZULETA.

Ciclo: “La pareja: incertidumbres de una relación”

Sábado 17 de agosto de 2013, Hora: 5:00 pm.

 

Laurence Anyways

 

Haremos en nuestra próxima sesión una pausa en el ciclo de Shakespeare en la gran pantalla que actualmente estamos disfrutando, para volver desde el Cine al tema propuesto este año por La conversación del miércoles: “La pareja: incertidumbres modernas de esta relación”, y específicamente sobre el asunto que pretende este mes abordar: “¿Parejas sin individuos o individuos sin pareja?”, como lo hacemos cada vez que nuestra sesión es precedida por la conferencia mensual.

Para ello viajaremos hasta Canadá y nos dispondremos a participar de la multiforme experiencia estética que hábil y delicadamente construye el joven realizador Xavier Dolan en su película, para contarnos acerca de una intensa relación de pareja y del proceso que sus integrantes se ven obligados a afrontar, cuando uno de ellos decide reconocerse como el individuo que toda su vida ha deseado ser, muy a pesar de sus padres, de su trabajo, del mundo que habita y, de pronto, hasta de su potente relación amorosa.

Juan Sebastián Gutiérrez Gómez

 

 

Director: Xavier Dolan - Año: 2012 - Durac: 2 h. 48 min.

Calle 50 No. 78A-89 –Teléfono 4443584

Ciclo: “La pareja: incertidumbres de una relación”

Sábado 11 de mayo de 2013, Hora: 5:00 pm.

5x2 (Cinco veces dos)

5x2 afiche

Esta semana, como todas las demás en que coincidamos con la conferencia de La conversación del miércoles, nuestra sesión y la película que veremos buscará dar continuidad a la reflexión sobre el tema abordado en la conferencia. En esta ocasión, buscaremos desde el cine aproximarnos a la difícil cuestión que implican las relaciones de pareja en la sociedad que tenemos, cuando de ellas se aleja el velo idealizador con el que se las protege como único refugio para el amor apasionado.

 En los cinco momentos que se nos presentan en esta película, observaremos algunos rasgos del proceso que puede llevar a una pareja bastante común, a decidirse por romper el vínculo que alguna vez, bajo la influencia de aquel velo idealizador, consideraron irrompible.

 Algunas de las preguntas que podremos hacernos mientras la vemos: ¿Es acaso la pareja, con todos los trámites de convivencia que implica una relación de este tipo en la sociedad que hoy tenemos, el único camino para dar curso a una pasión amorosa? ¿Es posible hoy pensar y llevar a la práctica, una relación de pareja en la que la fidelidad no sea un compromiso inherente y sobreentendido? Y otras más. ¿Quién sabe?

 Juan Sebastián Gutiérrez Gómez

 Director: François Ozon    – Año: 2004 - Durac: 1 h. 30 min.

Calle 50 No. 78A-89 –Teléfono 4443584

Ciclo: “La pareja: incertidumbres de una relación”

Sábado 9 de febrero de 2013, Hora: 5:00 pm.

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Siguiendo con su saga de Antoine Doinel (a quien conocimos en “Los 400 Golpes”), Truffaut cuenta su experiencia con el matrimonio: Antoine se ha casado con Christine, la chica de quien se enamorara en “Besos Robados”, y su vida se parece bastante a la existencia burguesa y plana de la que decía abominar.

Director: Francois Truffaut – Año: 1970 - Duración: 1 h. 27 min.

Memoria de la conversación

 

Cine en conversación, sesión de julio 6 de 2013

CICLO: LA PAREJA: INCERTIDUMBRES MODERNAS DE ESTA RELACIÓN.

TÍTULO: LA PASIÓN DE CAMILLE CLAUDEL.

DIRECTOR: BRUNO NUYTTEN

GUIÓN: BRUNO NUYTTEN, MARILYN GOLDIN

PAIS: FRANCIA

AÑO: 1988

DURACIÓN: 175 min

La bella Camille Claudel (Isabelle Adjani) se dirige a una trinchera de alguna calle de Paris para recolectar arcilla con sus propias manos y guardarla en una maleta. Esas mismas manos se mezclan después con aquel material en apariencia sucio para darle forma en su taller a la cabeza de un hombre. ¿No es acaso maravilloso que mediante el modelado se configure la presencia de un ser? ¿Y no es igualmente mágico el arte de la escultura, el cual mediante tallas, cincelados, vaciados y demás técnicas logra situar en el espacio lo que antes se escondía en la rígida o informe apariencia de una materia? La bella Camille sabía de ese encanto, para su época reservado principalmente a los hombres, de ahí que su inclinación y su talento fuese paradójicamente alimentado por el lado de su padre y rechazado en cambio por su madre. Aun así Camille persistió, decidida a ganarse el reconocimiento del más grande maestro de los escultores vivos, el monumental y casi que escultórico Auguste Rodin (Gérard Depardieu). La joven recibe la atención del artista gracias al talento que le demuestra y también a la irreverencia y al carácter que la identifican. Pronto se convierten en amantes, y ella en la musa que el escultor necesita para alcanzar las más altas cimas creativas. Sin embargo Rodín está ligado a otra mujer así el arte lo una a Camille. Comienza pues la atribulada ruptura de los amantes, a la par que el prestigio de Camille en la sociedad francesa de finales del XlX oscila entre la admiración y el descrédito. Y es así que la vida de Camille, entre pasión y sufrimiento, se derrumba como si se tratara de uno de sus estudios en yeso que ella misma destruye con un martillo: cada golpe devasta una parte imprescindible y sin embargo la pieza se resiste hasta que finalmente es reducida a un conjunto de ruinas. En eso consistió el declive de Camille: en una serie de golpes fatales provocados por ella misma, por las insolubles circunstancias y por la sociedad dejándola solitaria, al filo de la locura, apenas legando para la historia una muestra de su profunda obra y de su aún desconocida memoria.

Luego de cierto silencio se inició una charla sobre esa mujer que le puso un reto a la época en que le tocó vivir, muy específica: Francia, segunda mitad del siglo XlX, momento en el que la figura de la mujer independiente se estaba esbozando; no es posible decir que Camille Claudel nació en el tiempo equivocado ya que de una u otra manera las circunstancias permitieron que se diese alguien como ella, con fuerzas a favor y en contra: la madre de Camille jugó en contra, fue conservadora y timorata, en cambio el padre vio en su hija talento y confió en ella; Paul Claudel, el hermano poeta, juega un papel extraño, parece de uno u otro lado, mas es él quien al final la abandona. Puede ser que ese contexto haya marcado el carácter de la escultora, porque si bien en el aspecto creativo es independiente y logra volar muy alto, en el personal parece desarmada ante los tropiezos, lo vimos así en particular en su relación con Rodin. De ahí esa línea por la que Camille camina, al filo de la locura y de la inspiración; cuando la artista se volcó sobre la primera: destrucción, si estuvo sobre la segunda: creación. Esa dualidad no fue presentada de modo gratuito pues la biografía de la escultora se mueve en esas tensiones: vida- muerte, belleza- fealdad, cordura-locura, creación-destrucción. Camille fue una mujer además muy bella, llena de vida lanzada a un exilio injusto en un sanatorio, un lugar sumido en la demencia, no en la locura que inspiraban a los griegos las musas. Es extraño que al conocer al menos una parte de la vida de Camille Claudel resaltan las características que solemos asignarle al romanticismo: amor fallido, locura, ruinas, un ser con genio, acaso inevitables cuando se trata de caracteres con semejante fuerza, con seres con tal potencia que no se pueden mantener en un único lugar, en un solo sistema, pues ellos mismos piden siempre la mirada que vaya más allá, de ahí la inevitable exclusión social.

Finalmente destacan la actuación de Isabelle Adjani, quien de principio a fin cautiva a la audiencia, las imágenes de un Paris que se modernizaba, con la Torre Eiffel apenas en etapas iniciales de construcción, y sobre todo la presencia permanente de ese oficio pocas veces meditado, la escultura, un arte que se presenta en el espacio como una sólida fugacidad de esto que es la vida.

Eduardo Cano

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA

Cine en conversación, sesión de abril 6 de 2013

 

CICLO: LA PAREJA: INCERTIDUMBRES MODERNAS DE ESTA RELACIÓN.

DIRECTOR: WOODY ALLEN.

AÑO: 1992.

PAÍS: ESTADOS UNIDOS.

DURACIÓN: 107 min.

 

Como si se tratara de un juego que realiza alguna desocupada divinidad, o para ser más escépticos, un obsesivo director de cine, delgado, de anteojos grandes y torpe andar, vemos que ante nosotros se lanzan un par de dados. Sin embargo estos dados no tienen grabados en cada una de sus caras los puntos que determinan las cifras, sino más bien la imagen de rostros humanos. Recordemos un poco cómo se mezclan ante los ojos del espectador los resultados del juego que ha comenzado el director. Comencemos con dos caras, Judy y Gabe, quienes seguramente no habían pensado cuánto les iba a cambiar el rumbo de la vida la noche en que la querida pareja de amigos, Jack y Sally, les anuncian que iban a separarse. La noticia del divorcio de esos viejos amigos estremeció con fuerza los soportes de su relación. Tiempo después, también otro nuevo resultado en el juego de los dados, Jack les presenta a Judy y a Gaby a su nueva pareja: Sam, una atractiva joven instructora de aeróbicos; en tanto Sally termina saliendo con Michael, el compañero de trabajo de Judy, luego de que ésta se lo presentara. Mas o menos hasta aquí en este turno del lanzador. Al poner los ojos sobre la primera pareja, la situación no deja de presentar conflictos, y no precisamente por consecuencia del azar: Judy y Gabe necesitan decirse que están bien, así el rompimiento del matrimonio de sus amigos se haya convertido en una especie de premonición. Gabe, un escritor y profesor de literatura, empieza a sentirse atraído por Rain, una estudiante que le abrirá las puertas de su mente y de su corazón; y Judy se da cuenta de que se ha ido enamorando de Michael, el mismo que anda buscando afecto en Sally. Curiosamente, Sally y Jack regresan para acalorar en las noches sus soledades, en cambio Judy y Gabe terminan separados, cada uno persiguiendo sus fantasmas o tal vez huyendo de ellos. Judy se relaciona con Michael, y Gabe, solitario, antes de finalizar la película pregunta casi de manera simbólica: « ¿Me puedo ir? ¿Esto se ha terminado?» Acaso Gabe no intuye que tal vez le espera otro lanzamiento de los dados por parte de un dios, del director o de ese interrogador tras la cámara a quien nunca le vemos el rostro, quien también curiosamente juega al escondite.

 

Esta película, la cual le exige al espectador especial atención a los diálogos, nos ubica ante personajes que actúan entre sí y a la vez le hablan a un entrevistador invisible, de modo que vamos sumergiéndonos en los matices de unas vidas que, generalmente, se tornan grises. ¿Por qué? En primer lugar habría que preguntarnos el por qué ellos (y nosotros) se emparejan. ¿Qué se mueve en el matrimonio? Ideal y real. Y hay que recordar que los ideales no son espontáneos, se deslizan a través de todo el entramado social. Casarse hasta que la muerte los separe, alcanzar la felicidad, la unidad, etc. Mas ¿es el matrimonio una salida? ¿Cómo tratar de que el peso de tantos ideales no nos aplaste? Es evidente que cualquier elección genera un riesgo, ya sea vivir con o sin el otro. ¿Si sostenemos que el matrimonio es un problema, que es la tumba del amor, el fin del deseo, entonces, el no concretar el matrimonio en cualquiera de sus formas es la salida y la garantía de alcanzar una mejor relación? ¿Es pues más conveniente la lejanía y la soledad para sostener el amor y el deseo? Desde cualquier punto que se le mire se encontrarán problemas, ya que el solo hecho de compartir espacio y tiempo anuncia el choque de las subjetividades y evidencia el conflicto de cómo, si media el amor, se trata muchas veces de resolver las faltas de uno con la presencia del otro. Ahí es que los ideales se tornan peligrosos, al convertirse en falsas presencias que ocupan el vacío que a cada quien le corresponde más o menos llenar. Y es que al parecer siempre tenderemos una falta vital que nadie nos colma durante toda la vida. Pues lo que en un momento fue primordial, tiempo más tarde quizás no le es. Cambiamos. Así es que ¿la decisión tomada en un momento de pasión debe sostenerse durante toda la vida a pesar de tantas transformaciones en el ser? ¿Es posible mantener permanentemente el deseo? Tal vez se trate de intentar que el ideal dure lo que más se pueda, y cada cual lo hace según sus propias posibilidades y sus propias expectativas. Pero si no se logra… surge el desencuentro. ¿Y qué salida hay para darle trámite a las diferencias, al desamor, al fracaso, a la certeza de descubrir que el otro no lo es todo? Hoy en día se recurre con suma frecuencia al psiquiatra; habrá quienes comprenden, que la palabra les revela las verdades, tanto como las mentiras, mientras otros como Sally, prefieren esconder los problemas debajo de la alfombra. Sin embargo, más allá de lo aprendido, de lo reflexionado y de lo vivido, la experiencia en sí misma no es una garantía para alcanzar la felicidad, si es que la felicidad plena puede alcanzarse. Entonces ¿sobre el amor puede aprenderse algo, existe al menos un esperanza de vislumbrar una educación sentimental? ¿Qué es en este caso educar? Si bien no hay nada dicho, tampoco es posible asegurar que lo que le ocurre a la mayoría es la ley y por lo tanto que la vivencia se reduce a etapas. ¿Decimos que pasamos por etapas en el amor para explicar los hechos, o más bien encubrimos la incapacidad para hacernos cargo de nuestras propias vidas en múltiples aspectos y sólo lo reducimos a llenar un ideal común con una pareja? ¿En qué radica la crisis, en la incapacidad, en el agotamiento del ideal, en la ligereza de asumir la vida con una única respuesta? Acaso las dificultades que evidenciaron Gabe, Judy, Sally, Jack, Michael y Rain y el resto de personajes que pasaron ante nuestros ojos sean las de una sociedad y de unos individuos que no soportan el hastío de seguir conductas convencionales pero que al no tener más alternativas en el imaginario, no les queda otro camino que recorrer la senda que antes se las había hecho insoportable.

 

 Quizás esas últimas preguntas que hace Gabe « ¿Me puedo ir? ¿Esto se ha terminado?» son las mismas que haríamos nosotros, los espectadores; sin embargo, no olvidemos que igualmente nos comportamos como ese entrevistador invisible que interroga y trata de comprender el curioso juego de los dados, y quien al apagar la cámara sabrá con toda razón que en este tema del amor nunca se podrá afirmar: «La función se ha terminado».

 

Eduardo Cano

 

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA.