Ciclo “Jack Nicholson en la década de los 70”

Jack Nicholson en la década de los 70

El Ultimo Deber

Mayo 18

El último deber

Hal Ashby - 1973

Memoria de la sesión

Mi Vida Es Mi Vida

Mayo 25

Mi vida es mi vida

Bob Rafelson - 1970

Memoria de la sesión

el-reportero

Junio 01

El reportero

Michelangelo Antonioni - 1975

Memoria de la sesión

 

 

 

 

 

 

 

Cine en conversación, sesión de junio 1 de 2013

CICLO: JACK NICHOLSON EN LA DECADA DE LOS 70.

DIRECTOR: MICHELANGELO ANTONIONI.

GUIÓN: MARK PEPLOE, MICHELANGELO ANTONIONI, PETER WOLLEN.

AÑO: 1975.

PAÍS: ITALIA.

DURACIÓN: 119 min.

Entre las arenas del desierto del Sahara divisamos a lo lejos al aclamado reportero David Locke (Jack Nicholson). Desafortunadamente ha sufrido algunos inconvenientes en la realización de un documental sobre África, por lo cual ha tenido que caminar bajo el inclemente sol hasta el hotel en que se hospedaba. Allí encuentra que un inglés de apellido Robertson, hombre muy parecido físicamente al periodista y con quien alcanzó a establecer cierta simpatía, ha muerto inesperadamente. Sin que los funcionarios del hotel se percaten, David Locke cambia sus papeles con los del difunto, de manera que en adelante debe asumir la identidad de un desconocido, y dejar atrás su trabajo, su prestigio, su matrimonio y la vida que curiosamente lo ha llevado hasta el mismo lugar en el que se hallaba Robertson. Mientras en Londres Rachel, la esposa de Locke y Martin, su antiguo productor, tratan de dar con quien supuestamente pasó los últimos días con el difunto, este viaja con las pertenencias del otro fuera de Europa. Sólo más tarde es que se percata de los turbios negocios que ocupaban al traficante de armas que está suplantando. Así es como Locke, Robertson (o digamos más bien, el personaje que interpreta Nicholson) comienza un trasegar que va entre huir de su pasado y cumplir con las citas en la agenda de Robertson, y es así como en España se topa con una joven estudiante de arquitectura (Maria Schneider) quien lo ayuda a escapar de Martin que casi lo encuentra y con la que establece una camaradería y un romance. Sin embargo los periplos del protagonista, acaso ya sin nombre, sin identidad, sin vida, terminan de manera extraña en el calor del árido paisaje español, tendido en una cama, de igual forma que Robertson, como si hubiese muerto sofocado más que por sus perseguidores, por el peso mismo de su existencia.

Con tal escenario se inició la conversación. No fue inusual ver en el personaje de Nicholson a un ser cansado de la vida que había hecho; sin embargo así cambiara su identidad legal ¿tenía él una intención de rehacerse a sí mismo? Y en el fondo ¿De qué estaba huyendo, qué lo perseguía? Además, si al asumir el protagonista la muerte de sí, en esa medida él murió en ese hotel del desierto, más nos queda una extrañeza frente a las pretensiones del personaje, si es que tenía algunas, ya que de un lado dejó de ser el que fue pero igualmente la nueva vida lo sedujo de modo que no pudo escapar al verse en la necesidad de ser el otro, de cumplir las citas pendientes y de hacer el recorrido que el verdadero Robertson hubiese realizado. ¿Entonces el cambio fue inútil o en qué medida le permitió descubrir lo que él buscaba? Quizás la joven estudiante fue en algo una respuesta, un afortunado encuentro, pero que no alcanzó a llenar el vacío de Locke, pues ella igualmente parecía en un tránsito ¿entonces qué los mantenía unidos además de la idea del pasar? ¿Y es que en realidad quién puede escapar de sí mismo? Acaso el título original The passenger es más acertado que la traducción al español, El reportero. Locke fue más bien un pasajero en sus distintas acepciones, un pasajero como alguien que viaje, que transita tal vez de largo y de manera efímera.

En ese sentido caben resaltar aspectos formales de la película como tal, la calidad de los diálogos que sugieren mucho más de lo evidente, los cuales, y al igual que los diferentes planos, señalan algún aspecto interior del personaje –por lo tanto la aridez permanente de los escenarios es un logro-; los flash backs que traen el recuerdo de acciones pasadas casi que sin que lo notemos, y sobre todo la escena final en la que muere el protagonista: todo un retrato del fluir del tiempo, de la vida y de las personas que nos rodean sin que nos percatemos.

Finalmente recordemos la actuación de Jack Nicholson, en este caso más aplacada, introvertida, sin los gestos que en otras cintas lo caracterizan pero que demuestra el dominio del actor sobre el personaje y, principalmente, su capacidad de generar y trasmitir la extrañeza de un hombre que no se ubica en su propia vida.

Eduardo Cano

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA

Ciclo: “Jack Nicholson en la década de los 70”

Sábado 1 de junio de 2013, Hora: 5:00 pm.

el-reportero

 

 

Finalizamos el ciclo del mes con una película en la que veremos a Jack Nicholson realizando una interpretación que podremos claramente diferenciar de las demás a las que hemos asistido durante el ciclo: el huracán es ahora la hoja seca que la borrasca lanzó a la deriva..., y mediante la cual conoceremos a un reportero asediado por los fantasmas que circundan a aquellos que desarrollan esta profesión en medio de territorios en conflicto, y que se ven obligados a asumir posiciones que serán siempre éticamente cuestionables.

 

Será pues una ocasión para revisitar a ese gran referente de los maestros del cine que es Antonioni, para ver a Nicholson creando junto a él, y para problematizar en torno al trabajo y a la manera como este nos define y posiciona ante los demás ámbitos en que tratamos de hacer una vida, o es que ¿es acaso posible para un ser humano escindir su experiencia laboral de las demás construcciones que intenta hacer en su vida (amorosas, familiares, pasionales)? ¿Es realmente posible no vernos afectados por las experiencias que vivimos en el ámbito que, en una sociedad como la nuestra, más tiempo reclama de nuestros días?

 

…Y la hoja seca que en esta película es Nicholson, ahora sin tallo, sin asidero, creyéndose libre, devanea sorprendida por entre el polvo del desierto, olvidándose, hasta el último momento, que no tiene control sobre el viento que la mese.

 

Juan Sebastián Gutiérrez Gómez

 

Director: Michelangelo Antonioni – Año: 1975 - Durac: 2 h. 6 min.

 

Calle 50 No. 78A-89 –Teléfono 4443584

 

Ciclo: “Jack Nicholson en la década de los 70”

Sábado 25 de mayo de 2013, Hora: 5:00 pm.

Mi Vida Es Mi Vida

En esta segunda película que veremos del ciclo que estamos en este mes realizando, con Jack Nicholson en la década de los setenta como objeto de nuestra atención, acompañaremos a un hombre complejo en la difícil búsqueda que implica para cualquier ser humano hacerse cargo de su propia existencia, un tema inagotable sobre el que ya en otras ocasiones hemos conversado, que de nuevo se nos ofrece peliagudo (¿de qué otra forma razonable podría ser?), esta vez desde la perspectiva de un director que se vale de fuertes contrastes –narrativos, visuales, auditivos–para dar una adecuada dimensión a este gran problema.

Es esta pues, para nuestra fortuna, una nueva oportunidad que tendremos para conocer más a fondo la potencia interpretativa de este gran actor, y así mismo cavilar en torno a algunos de los interrogantes que no deberían abandonar a quienes acaso se proponen, con cada renacer de la tierra, luchar sin descanso como el Fausto de Goethe, por “una altísima existencia”, o al menos por una digna: ¿Qué tipo de relaciones establecemos con quienes compartimos nuestra existencia y nos permiten acompañar la suya? ¿Son estas acaso relaciones inquietantes que por vía del cuestionamiento y la reflexión nos permiten dar sentido a las experiencias en que participamos? ¿Estamos realmente tomando partido en las decisiones que determinan el rumbo que encamina los días, inciertos, que por vivir nos quedan?

Estas algunas de las preguntas que lanza esa interpretación huracanada del actor que en esta película es Nicholson.

 Juan Sebastián Gutiérrez Gómez

 Director: Bob Rafelson – Año: 1970 - Durac: 1 h. 30 min.

Calle 50 No. 78A-89 –Teléfono 4443584

 

Cine en conversación, sesión de mayo 25 de 2013

 

CICLO: JACK NICHOLSON EN LA DECADA DE LOS 70.

DIRECTOR: BOB RAFELSON.

GUIÓN: ADRIEN JOYCE.

AÑO: 1970.

PAÍS: ESTADOS UNIDOS.

DURACIÓN: 90 min.

 

Robert (Bob) Dupea, interpretado magníficamente por Jack Nicholson, es un joven nacido en un hogar burgués de músicos, él mismo tocaba el piano, y parece que lo hacía bien; sin embargo, lo encontramos sumergido en el rudo trabajo de una explotación petrolífera, malgastando su tiempo libre entre amigos, cerveza, bolos y una mujer con quien convive y para quien se ha vuelto incómodamente indispensable. Por momentos, percibimos, a través de sus esporádicas explosiones de violencia en solitario, la frustración y rabia que esa vida parece generarle.

 

Para la época en que fue rodada la película, la sociedad norteamericana experimentaba profundos cambios; al optimismo de los exitosos años 50, había llegado una década marcada por el rechazo a la absurda guerra que libraba ese país en Vietnam, con miles de jóvenes sacrificados inútilmente. De la sociedad se había apoderado la decepción y la desesperanza en el futuro; entre la juventud, había nacido un poderoso movimiento de rechazo a ese mundo que se le ofrecía. Bob, parece encarnar ese espíritu cuestionador y rebelde del momento. No encontró su lugar al lado de un padre distante, con quien nunca pudo hablar; tampoco está satisfecho en ese entorno laboral en donde no significa nada como individuo; da lo mismo que su trabajo lo esté desempeñando el sujeto X o Y; y el pequeño círculo de amigos, incluida la joven con quien convive, sólo logran aturdir momentáneamente su desazón. Se siente extranjero en cualquier lugar. Quizás no tenga definido lo que busca, pero lo que sí tiene claro es que la vida que hasta ahora ha llevado, no da respuesta a sus expectativas como ser humano. El fugaz retorno al hogar, a causa de la enfermedad del padre, no hace otra cosa que confirmarle que su lugar no está allí. Somos entonces testigos de ese monólogo con el padre; por primera vez puede hablarle de sus sentimientos, de cómo nunca existió una relación entre los dos, cerrando con esa afirmación contundente de Bob, resumen de la brecha que siempre existió entre los dos: “si pudieras hablar, no estaríamos hablando ahora” Queda saldada una vieja deuda y comprende que ahora debe dar un rumbo distinto a su vida. Que en lo efímero, en lo azaroso, no encontrará paz para su espíritu.

 

¿Qué hace que algunos individuos no logren entrar en los moldes que ofrece la sociedad y por el contrario, enfrenten el riesgo que significa buscar caminos diferentes, autónomos, lejos de lo convencional que se ofrece como garantía de seguridad y bienestar? ¿Qué potencia al individuo para despertar su conciencia de sujeto dueño de su propio destino? Son interrogantes cuya respuesta podría llenar mucho papel; pero en repetidas ocasiones nos hemos referido al arte que, tanto en su producción como en su goce, puede conferir sentido a una vida.

 

Al lado de nuestro personaje aparecen otros seres, con sus propias angustias, las que buscan resolver de diferente forma: aquella ecologista radical, con un discurso desbordado pero contradictorio, pues en tanto que habla de contaminación no para de arrojar humo de su cigarrillo; Rayette, la compañera de Bob, quien tiene como razón de su existencia la presencia de ese hombre, y la sola idea de que él la abandone, la arroja a la desesperación.

 

Hay situaciones con visos de comicidad, pero que reflejan las absurdas normas en que se encasilla la sociedad,  como aquella en que la camarera se niega a atender el pedido de Bob, que sólo pide que supriman algunos elementos accesorios de un menú. Como si todos estuviésemos obligados a aceptar lo que el común de los mortales desea, como si estuviéramos condenados a la uniformidad. En suma, una estupenda película sobre el malestar que pueden generar las sociedades desarrolladas, que ofrecen todo lo que juzgan necesario para que el hombre sea feliz, malestar que va contagiando las demás sociedades candidatas a adquirir ese anhelado status.

 

Finalmente destaquemos otros aspectos importantes de esta cinta, como son las actuaciones de Jack Nicholson y Karen Black interpretando a Rayette, igual que la excelente fotografía a cargo del húngaro, nacionalizado en los Estados Unidos, Laszlo Kovacks.

BEATRIZ FLOREZ

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA

 

Cine en conversación, sesión de mayo 18 de 2013

 

CICLO: JACK NICHOLSON EN LA DECADA DE LOS 70.

DIRECTOR: HAL ASHBY.

AÑO: 1973.

PAÍS: ESTADOS UNIDOS.

DURACIÓN: 105 min.

… una película en la que se pondrá a prueba el sentido del deber de dos marinos curtidos por el sol, el agua y la milicia, a quienes se encarga una misión que tendrá como única exigencia, la difícil y harto odiosa tarea de ignorar la propia consciencia.

 La moral, la ética, la justicia y los tejidos que entre éstas componemos, a veces de forma descuidada, otras tantas con mayor meticulosidad, estarán puestas en discusión bajo la siempre sorprendente e inquietante expresividad de este artista de amplia sonrisa y ojos saltones.

 Juan Sebastián Gutiérrez Gómez

 

 

Por un agravio trivial que sin embargo ha ofendido a las autoridades, el pobre e inofensivo joven Larry Meadows (Randy Quaid) debe ser trasladado desde la base militar de Virginia a la cárcel naval de New Hampshire para cumplir su condena de ocho años. Para hacer efectivo el traslado de semejante preso son escogidos dos duros y apuestos oficiales de la marina estadounidense: el carismático Billy Buddusky (Jack Nickolson) y su compañero negro Mule Muhall (Otis Young). Durante el viaje los tres personajes tendrán la oportunidad de conocerse, de asumir complicidades. Los dos guardianes comprenden que el preso tiene un poco de derecho a pasarla bien antes de entrar a la prisión, por lo cual deciden usar los días que tienen antes de la entrega para enseñarle al resignado condenado, esos placeres que hacen que la vida sea una experiencia distinta, placeres que para ellos son la base de la diversión: las mujeres, el alcohol y las peleas. De ahí que para el joven Meadows el recorrido dejará de ser anecdótico, tendrá los gratos recuerdos de la borrachera en un hotel, de la pelea en un baño, de la entrada a un burdel, de los mejores emparedados que ha probado, del patinaje sobre hielo y del cálido picnic en un día de invierno. Es por esas razones que el viaje no será una trivialidad para el preso ni para los guardianes, pues en él se reflejan las alegrías, bondades y miserias de la vida, surgen las tenazas de un sistema difícil e incomprensible, y aparecen una serie de valores que bordean la complicada tarea de tejer una amistad.

 

Quedó en principio la pregunta relacionada con el mismo título de la película: ¿en qué consiste ese último deber de esos tres hombres? Y por ende ¿Qué representa ignorar la propia consciencia en pos de cumplir una orden? Más aún, cuando los guardianes tenían la obligación de llevar al preso, y el condenado, tenía asumida la obligación de aceptar y resignarse ante su suerte. De ahí que el viaje es la oportunidad para cuestionar la ceguera ante el deber, como una borrachera; un viaje que por suerte movió algo en los marines, y por qué no, en los que asisten desde el otro lado de la pantalla. Quizás el resignado Meadows comprendió finalmente que su existencia no debe girar en torno a la obligación de “cumplir”, pues también se trata de afirmarse en nuevas posibilidades y encuentros que salgan del marco del deber. Quizás Buddusky y Muhall se dieron cuenta, que las órdenes recibidas siempre serán cuestionables, así ellos sean impotentes para confrontarlas. Quizás los tres ya no seguirán conformes ante las respuestas del sistema.

 

De la película se extrajo también una crítica a la armada, con su imagen del uniforme varonil, del soldado que sólo obedece a un sistema superior; se percibió en el filme un retrato de la misma sociedad “desarrollada”, con toda su carga de hipocresía, de la religiosidad que no propone un norte, del racismo, de la idea de la justicia que lleva a la cárcel a un joven que roba cuarenta dólares; retrato de un tipo de comunidad formada a través de lo militar que en nombre de un interés trascendente y nacional se autoriza la anulación del ser humano

 

Cabe finalmente resaltar al actor que nos convoca, Jack Nickolson, un hombre con su marca personal, con unos gestos que más que un estilo, enfatizan la manera de ser de una persona, con una sonrisa entre pícara, irónica y astuta, y una mirada enigmática, penetrante y reveladora; gestos que curiosamente no son exagerados y más bien destacan el carácter de Nicholson y por ende el del personaje que interpreta, en este caso Buddusky, alguien seguro, que trasmite la idea de que él es quien controla la situación, es la representación de una fuerza andante. En pocas palabras: Nicholson, todo un actor que tiene la el talento de generar sobre sí mismo la imagen de un mito.

 

Eduardo Cano.

Corporación  Cultural ESTANISLAO ZULETA

 

 

Ciclo: “Jack Nicholson en la década de los 70”

Sábado 18 de mayo de 2013, Hora: 5:00 pm.

El Ultimo Deber

 

Empezamos este nuevo ciclo en el que veremos algunas de las producciones en las que participó el gran actor norteamericano Jack Nicholson en la década de los setenta, con una película en la que se pondrá a prueba el sentido del deber de dos marinos curtidos por el sol, el agua y la milicia, a quienes se encarga una misión que tendrá como única exigencia, la difícil y harto odiosa tarea de ignorar la propia consciencia.

La moral, la ética, la justicia y los tejidos que entre estas componemos, a veces de forma descuidada, otras tantas con mayor meticulosidad, estarán puestas en discusión bajo la siempre sorprendente e inquietante expresividad de este artista de amplia sonrisa y ojos saltones.

Juan Sebastián Gutiérrez Gómez

Director: Hal Ashby – Año: 1973 - Durac: 1 h. 45 min.

Calle 50 No. 78A-89 –Teléfono 4443584