Ciclo “Representando a Shakespeare, Acto II"

¿Cuántas veces deberá el hombre desangrarse sobre un escenario, sobre una pantalla, sobre un papel, como aún hoy lo hace, en esta cárcel nuestra que es la vida? ¡Oh maestro fecundo del conflicto, ¿dinos hasta cuándo tendremos que volver al tejido inagotable de tus sueños? Sí, ya lo sabías muy bien, esto es sólo un teatro donde cada cual ha de representar su papel. Por eso ahora, ¡que se abra el telón! Oh Shakespeare, ya estás de regreso. Toma asiento aquí a mi lado, que el mundo sigue levantando a nuestros ojos la muralla de sus ruinas.

Eduardo Cano

 

Programación:

macbeth1971

Agosto 3

Macbeth

Roman Polanski - 1971

Memoria de la sesión

OthelloWelles

Agosto 10

Othello

Orson Welles - 1952

Memoria de la sesión

HamletKosintzev

Agosto 24

Hamlet

Grigori Kosintzev - 1964

Memoria de la sesión

HenryV

Agosto 31

Henry V

Kenneth Branagh - 1989

Memoria de la sesión

 

 

 

 

 

 

 

 

Cine en conversación, sesión agosto 31 de 2013

 

TÍTULO: HENRY V

DIRECTOR: KENNETH BRANAGH

GUIÓN: KENNETH BRANAGH (WILLIAM SHAKESPERARE)

PAIS: REINO UNIDO

AÑO: 1989                                              

DURACIÓN: 138 min.                                            

                                                                                         “Un reino como escenario, súbditos como actores y

monarcas como espectadores de la escena sublime.“

Esas palabras pronunciadas por el narrador, personaje que en la película sustituye al coro, resume el prodigio del arte, capaz de dar un vuelco a las rígidas y ancestrales jerarquías; en el teatro, el autor hace que sean los actores quienes tomen las riendas de los acontecimientos, representándolos sobre un tablado (o en los grandes salones de las cortes hace unos siglos) para criticar, enaltecer o mofarse de sus gobernantes.

Esta película cierra nuestro ciclo sobre el poeta inglés (1564-1616), curiosamente muerto un día después de su par en las letras castellanas, Miguel de Cervantes. Asistimos a una extraordinaria adaptación de otra de sus obras, esta vez, por el director norirlandés. Branagh no renuncia en su montaje a la teatralidad de la obra; los encuadres en espacios cerrados (los salones de la corte, las escenas en la taberna) semejan al reducido espacio de los tablados, pero también enfrenta exitosamente las escenas multitudinarias de las batallas. Producto de su ingenio es el narrador, un observador que nos introduce en los acontecimientos, permitiéndonos toma cierta distancia frente a los personajes.

Enrique V (ó Henry V) es un personaje singular, diferente de muchos de los dibujados magistralmente por Shakespeare; en su juventud se alejó de los rígidos cánones de su abolengo, compartiendo en las tabernas bebida y chanzas con sus súbditos. Eso le granjeó entre muchos la fama de joven disoluto. Una vez asumido el trono, no vemos en él la ambición de Macbeth, la venganza trocada en violenta ira de un Hamlet ni es víctima de los celos que enceguecieran a Othelo. Podría argüirse en su contra, la influencia que los ambiciosos clérigos que le rodeaban ejercían sobre él y que determinó su decisión de invadir a Francia, continuando así la larga sucesión de conflictos enmarcados en la conocida como Guerra de los cien años, que en realidad ocupó 116 en la historia de Inglaterra y Francia.

En una corte en donde las intrigas están a la orden del día, Shakespeare nos muestra la diversidad de motivos por los que un hombre va a la guerra; en el ejército de Enrique V se enlistan nobles con no muy “nobles” intenciones porque muchos sólo van en pos de un buen botín; hay caballeros y hombres de la plebe que lo hacen por amor a Inglaterra; en el clero, que no arriesga su pellejo, se perciben oscuros intereses que no alcanzamos a descifrar pero que le permiten ofrecer al Rey “riquezas no imaginadas por vuestra Alteza” si invade a Francia, y están los mercenarios para quienes una paga es suficiente para defender cualquier causa. Y del otro lado, encontramos personajes como el “Delfin” de la Corte Francesa, un joven arrogante e insensato, quien parece ver en la guerra una excitante aventura y por lo tanto, insta ardorosamente a su débil padre, Carlos VI, a combatir contra Inglaterra.

Otro aspecto que nos revela la obra tiene que ver con los códigos de guerra vigentes para la época, que a pesar de que intentan hacerla menos cruel, nos muestran las contradicciones que ofrecía el antiguo régimen respecto a la dignidad de que se debe investir a todos los hombres: se insta a no robar a los vencidos ni a las iglesias (un antiguo compañero de taberna de Enrique, es ahorcado por incurrir en ese delito); se debe permitir al enemigo recoger los cadáveres de sus muertos, aunque esto sólo se refiere a los nobles; los demás son combatientes “ordinarios” que no merecen el mismo tratamiento. De otro lado, las mujeres tampoco gozaban de protección y veíamos cómo los ejércitos se amenazan con arrastrar por los cabellos a las mujeres del enemigo si salen vencedores.

De Enrique V podríamos también decir que es un monarca “humano”; Hay gestos muy significativos en este personaje, como cuando se despoja de todas sus insignias de Rey para combatir codo a codo con sus súbditos; ante el ajusticiamiento de aquel camarada de juventud, que él mismo tiene que ratificar, lágrimas surcan su rostro; en bellos monólogos reflexiona sobre la condición humana, y concluye que sólo la pompa y el boato de la corte lo diferencia del pueblo; siente sobre sus hombres, como una pesada carga, la responsabilidad por los actos de los gobernados y la angustia lo abruma; “…¡Que eso recaiga sobre el rey! nuestras existencias, nuestras almas, nuestras deudas, nuestras desconsoladas viudas, nuestros hijos, nuestros pecados, ¡que el rey sea responsable de todo eso! Él a su vez, ha pasado la vida expiando los pecados de su padre, a través de la caridad con los menesterosos.

No ignora lo vano de su gloria, la traición y falsedad que le rodean encubiertas en la lisonja fácil; es consciente de que realmente está en desventaja frente al resto de mortales, cuyos sencillos placeres le están vedados; sólo le separa de aquellos el ceremonial, inútil condición que no podría curar su cuerpo enfermo. Frente a uno de sus soldados que duerme profundamente en vísperas de la decisiva batalla de Agincourt exclama: “…Yo sé, digo, tres veces pomposo ceremonial, que nada de todo eso, depositado en el lecho de un rey, puede hacerle dormir tan profundamente como el miserable esclavo, que con el cuerpo lleno y el alma vacía, va a tomar su reposo, satisfecho del pan ganado con su miseria…”

Pero también fue un hábil político que arranca a su rival, Carlos VI de Francia, una paz basada en el matrimonio con su hija Catalina de Valois, acuerdo que asegura la corona de Inglaterra y Francia para el hijo de esta unión. Es curioso ese deseo previo de ella de aprender la lengua de Inglaterra y parece sugerir una disposición al diálogo con el entonces enemigo de su nación. Y cómo no hablar de su capacidad del Rey como orador; la arenga que pronuncia ante su debilitado ejército, instándolos a dejar hasta su propia existencia en el campo de batalla y que coincide con el día de los santos Crispín y Crispiniano, es una bella y vehemente pieza retórica.

Destaquemos el uso que Branagh hace de los recursos cinematográficos con propósitos muy definidos: los encuadres de la figura del rey en la batalla, destacándolo unas veces para realzar su jerarquía o situándolo en el mismo plano de sus soldados para mostrar su condición de un rey trabajador. La música compuesta por Patric Doyle es el complemento ideal a lo largo del filme. Excelente también la ambientación y magistral la actuación de Kenneth Branagh como el Rey, actuando al lado de otra figura destacada del cine inglés, Emma Thompson. Ha sido pues un magnífico cierre para nuestro ciclo sobre William Shakespeare.

                  BEATRIZ FLOREZ

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA

 

 Ciclo: “Representando a Shakespeare, Acto II”

Sábado 24 de agosto de 2013, Hora: 5:00 pm.

HamletKosintzev

¿Quién, comprometido con una búsqueda y alcanzando, tal vez inclusive por casualidad algún atisbo de una verdad, puede seguir campante por la vida creyendo que todo en adelante seguirá igual? A Hamlet, mientras descubre la traición de que fue objeto su padre, se le presenta la parca para enfrentarle y hacerle consciente de su propia finitud y de lo muy complejo que resulta existir cuando uno se sabe destinado a la desaparición. A partir de ese momento, para el mundo, Hamlet habrá perdido sus cabales, y para Hamlet, el mundo habrá perdido su simpleza.

De nuevo es Shakespeare en la gran pantalla, de nuevo es el mar intérprete de grandes desgracias, de nuevo es el espejo un odioso, desagradable y terco servidor, de nuevo es todo la expresión de una gran tragedia humana, de nuevo es una buena oportunidad para ver y pensar Cine.

Juan Sebastián Gutiérrez Gómez

Director: Grigori Kozintsev - Año: 1964 - Durac: 2 h. 20 min.

Calle 50 No. 78A-89 –Teléfono 4443584

 Ciclo: “Representando a Shakespeare, Acto II”

Sábado 10 de agosto de 2013, Hora: 5:00 pm.

 

OthelloWelles

La tragedia esta vez se nos presenta en tonos de gris y colmada de confusión. Laberintos, cámaras subterráneas y abismos recorreremos como si acaso en la mente del pobre moro hubiéramos caído, y casi de la misma forma como él lo hace, podremos vivir el tormento que provoca la incertidumbre inducida por aquel infaltable, que de alguna manera siempre se las ingenia para retorcer los hilos.

Conoceremos sobre la angustia de los celos, la duda y la traición, de manera expresiva o mejor, “expresionista”, pues el artífice y protagonista de esta película no fue menos que uno de los grandes maestros de esta forma de representación cinematográfica que pone como eje de la estructura visual narrativa el estado interior de los personajes.

Tendremos pues de nuevo la oportunidad de volver a Shakespeare en otro afortunado e interesante intento cinematográfico.

Juan Sebastián Gutiérrez Gómez

 Director: Orson Welles - Año: 1952 - Durac: 1 h. 30 min.

Cine en conversación, sesión agosto 24 de 2013

Ciclo: Representando a Shakespeare, Acto II

Película: Hamlet

Dirección: Grigori Kozintsev

Año: 1964

Se ha roto el hilo que unía los días

Hamlet. W. Shakespeare

 

El príncipe Hamlet, aún triste por la inesperada y extraña muerte de su querido padre, se indigna ante las bodas de su madre Gertrudis con Claudio, hermano del rey fallecido, apenas dos meses después del deceso del monarca. Ahora Claudio es el nuevo rey de Dinamarca y Hamlet debe soportar el tedio de la corte, rodeado de una serie de expresiones complacientes y grotescas que fingen alegría para guardar las apariencias. Mas Horacio, el mejor amigo del príncipe, le comenta que ronda en las afueras de la fortaleza un fantasma con la figura del rey muerto. Se trata del espíritu del padre de Hamlet quien le informa que realmente murió envenenado por Claudio, y le pide a su hijo tomar venganza pero sin hacerle daño a la reina. A partir de ese momento el príncipe enloquece, o más bien finge enloquecer, y se siembran dudas sobre la razón del personaje, tanto que las conjeturas de Polonio, el chambelán, nunca logran dar cuenta de lo que le sucede al príncipe; ni siquiera la bella Ofelia, la joven enamorada de Hamlet, imagina lo que pasa por la cabeza de su amado. Aun así Hamlet duda de la claridad de su visión, y para comprobar la veracidad de lo que supo aprovecha la visita de un grupo de actores a los que pide que interpreten el asesinato de un rey envenenado por su hermano, como si se tratara de otro lugar, todo ante los ojos de Claudio, la reina y los demás miembros de la corte. De esa manera Hamlet descubre al culpable y se desencadena la desventura en el castillo: la muerte de Polonio, la locura y el suicidio de Ofelia, el duelo ente Laertes, hijo del chambelán, y el príncipe, y la carnicería final que cerrará el círculo de traición y locura en un reino que vio cómo los más nobles se reducían a sangre por culpa de las siempre inevitables bajas pasiones.

Luego de haber presenciado semejante clásico del cine y de la literatura la conversación inició preguntando ¿cuál es el móvil que desencadena la traición primera, la ambición o el poder? Ya que en principio no se encuentran luces sobre las causas para asesinar al rey Hamlet. Éste, desde el más allá, regresa para pedir venganza y así Shakespeare se vale de algunos recursos que habíamos visto en pasadas películas como Otello y Macbeth, para desarrollar la tragedia, entre ellos está la locura del príncipe la cual le permite al primogénito expresar sus verdades sin reservas ante la corte y develar la confabulación de Claudio. Mas el príncipe no es un tonto, sus monólogos e ironías están llenos de profundas disquisiciones acerca de la condición humana: Ser o no ser, existir o no existir, vivir, dormir, tal vez soñar, mostrarse, aparentar, ser cuerdo o quizás dejarse atravesar por la flecha de la locura. En ese sentido Hamlet está en un permanente duelo con la existencia, consigo mismo y con los demás, y entre tantas dualidades reconoce que muchas veces se nos hace más vívida la representación de un sentimiento que la realidad, que el arte es el medio más oportuno para desenmascararnos. De otro lado locura de Ofelia se nos presenta más cruel porque es la sinrazón a un paso de la alucinación que la conduce al suicidio, y por eso muere abandonada por los hombres y por la iglesia ahogándose en las aguas de un rio.

Ya en el plano cinematográfico se destaca el uso del agua en varias de las tragedias vistas, el mar como un infinito inexplicable el cual Hamlet divisa antes de morir, el uso de objetos simbólicos como el espejo y el ave negra que presagia los males por venir y la excelente música de otro clásico, en este caso de la composición: Dimitri Shostakovich; música que a la vez enfatiza los dramas de un personaje mítico, padre de tantos otros personajes de la literatura a quien la vida misma se le hace intolerable desde que conoce una verdad, primero la que le cuenta paradójicamente el alma de un ser que viene del más allá, y en segundo lugar, ante la calavera de Yorik, la que le revela la existencia misma, esa que dice que estamos condenados al polvo así en este mundo nos llamamos Alejandro Magno, Julio César e incluso William Shakespeare.

Eduardo Cano

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA

Cine en conversación, sesión agosto 10 de 2013

Ciclo: Representando a Shakespeare, Acto II

Película: Othello

Dirección: Orson Wells

Año: 1952

Adiós para siempre al alma serena

Othello

Othello, (Orson Wells) un moro de piel oscura, algo desaliñado y tosco, oficial del ejército veneciano, es promovido a jefe de las tropas destinadas a la conquista de la isla de Chipre. Este hombre valiente pero vulgar, se enamora de la bella y noble Desdémona, hija de Brabancio, con la que se fuga para casarse a escondidas. Acusado injustamente por su suegro, Othello debe rendir cuentas ante la comunidad y demostrar con la palabra cómo su matrimonio se originó en el amor y no en la conjura. Más adelante, siendo ya un gobernador en Chipre, Othello nombra a Cassio lugarteniente por encima de Yago; éste, lastimado en su orgullo y alimentado por el odio hacia el moro, decide con la paciencia de un fino artesano tejer su venganza: conspira con la ayuda del torpe Rodrigo para que Cassio caiga bajo efectos del alcohol y pierda su puesto, además hace que el desafortunado pida el apoyo de Desdémona y así ésta interceda ante Othello; de ese modo Yago va creando ante los ojos del gobernador la ilusión de que Cassio está enamorado de Desdémona, para que surjan las espinas de la duda sobre la fidelidad de la joven haciéndole creer a éste del adulterio de su inmaculada esposa con el apuesto Cassio. Consumido por los celos, por semejante monstruo de ojos verdes, Othello confabula también para que Yago resuelva la muerte de Cassio, en tanto el pobre moro mata a Desdémona asfixiándola en el lecho nupcial. Sin embargo Emilia, la esposa de Yago, antes de morir descubre ante los ojos de Othello toda la verdad de manera que la locura encuentre su fin únicamente con el filo de un puñal.

Orson Wells en esta película representa la transformación de un hombre que vivía plácido y quien casi súbitamente se vio sumido en la desesperación. ¿Por qué el moro de Venecia cayó con tanta facilidad en la trampa que le urdió Yago? Así tuviese una figura imponente y corpulenta, Othello era interiormente vulnerable, era un extranjero, alguien diferente que vio en Desdémona sólo dos extremos: la pureza o la impúdica, la inmaculada o la lujuriosa, la noble o la perversa; y fue esa red que tejió Yago alrededor de los celos la que le proyectó una sombra oscura, como si un monstruo lo acechara, lo hiciera sufrir, lo desposeyera del buen juicio, de la sensatez y de su misma voluntad. Mas ¿qué movió a Yago a tramar semejante mentira alrededor de Othello? El odio, lo dijo él mismo, una forma del mal que lo llevó a planear meticulosamente, e hizo evidente, que incluso para la destrucción se requiere de un proyecto. De ahí que no es gratuita la relación persistente en la película entre lo que es y lo que parece ser, sobre lo que consideramos la verdad y sobre lo que acontece a nuestras espaldas, sobre lo que queremos creer y sobre lo que nos interesa que los demás crean. Y es que ese asunto del ser y el parecer no es sólo retórica, tiene profundas consecuencias: le costó a Othello su felicidad y a Desdémona la vida; pues cuando el moro vio que todo fue producto de la manipulación de Yago, supo que no había regreso. ¿Puede existir la esperanza de que ese monstruo de los celos desaparezca? Es así como se planteó el problema de cuál es el tipo de amor y cuál es la forma de los celos, ya que si bien ambos están relacionados, no se los puede condenar por el sólo hecho de surgir. Othello amó a su esposa, mas la adoró como a una diosa sin mancha que lo esperaba en un palacio de cristal, no como a una mujer con quien se dialoga, se escucha, que puede equivocarse y quien tiene el mínimo derecho a defenderse. No, Othello en cuanto se vio sumido en la sospecha se convirtió en fiscal, juez y verdugo. Y si bien queda la pregunta sobre lo trágico, esto último muestra la dimensión del drama en el que un hombre sabe que ya no puede vivir igual que antes.

De otro lado, en el plano cinematográfico, se evidencian diferencia marcadas con la película Macbeth de Polanski proyectada anteriormente. Se examinaron faltas de la versión de Wells con respecto al texto original de Shakespeare, aunque se reconoce la fidelidad de una buena parte de los pasajes con relación a la tragedia escrita y se resalta el cuidado y el valor que merece el lenguaje shakesperiano. Igualmente se apreció el trato expresionista de la película: con la imagen se configuró el estado interior de los personajes, valiéndose de elementos arquitectónicos u objetos: arcos, rejas, pasadizos, espejos, etc. Y es que en eso se convirtió el alma de Othello, en un conjunto abrumador y siniestro de laberintos y verjas, pues desde que emergieron en sí los celos, todo su mundo se transformó en una insoportable prisión.

Eduardo Cano

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA

 

 

Ciclo: "Representando a Shakespeare, Acto II"

Sábado 3 de agosto de 2013, Hora: 5:00 pm.

macbeth1971

 Y ante una tragedia venidera, por las horrendas lechuzas ya enunciada, acerca de un valiente guerrero, un deslumbrado soñador, un esposo dubitativo y temeroso, un ilustre traidor, un codicioso estratega, un malvado rey, un loco solitario, ¿qué diferencia puede haber entre hacer o dejar de hacer? ¡Ah! Qué terrible para cualquier ser humano no poder decidir –y actuar coherentemente con esas decisiones– sobre la vida que se cree tener por delante.

Mientras tanto el pobre Macbeth suma desgracias como si quisiera encarnar las de toda la humanidad, las de ayer, las de hoy, que acaso son las mismas, y no bastándole con ser su propio peor enemigo lucha con empeño por hacerse a otros.

Por fortuna no es ninguna desgracia este meticuloso intento de Shakespeare por Polanski, todo lo contrario; y por fortuna también, alguna vez Playboy financió Cine.

Juan Sebastián Gutiérrez Gómez

 

Director: Roman Polanski - Año: 1971 - Durac: 2 h. 14 min.

Calle 50 No. 78A-89 –Teléfono 4443584

 

Ciclo: “Representando a Shakespeare, Acto II”

Sábado 31 de agosto de 2013, Hora: 5:00 pm.

HenryV

Finalizaremos nuestro ciclo sobre Shakespeare en la gran pantalla, con esta película que bien podremos diferenciar de las demás que hemos visto (César debe morir, Macbeth, Othello, Hamlet), pues la historia en que nos introduce no es la terrible acumulación de desgracias que a una vida cruzada por la tragedia pueden sumarse. No, la lente no fue puesta en esta ocasión con tanto esmero sobre el sufrimiento de los hombres como sobre la fortuna de uno de ellos que logró con nobleza, coraje y gran poder de oratoria, unir a dos naciones rivales, Inglaterra y Francia, bajo un mismo trono. Por supuesto, la tragedia no deja de estar presente en esta historia, como no puede dejar de estarlo en ninguna de las narradas por los grandes maestros que como Shakespeare se tomaron el tiempo de observar con detenimiento al ser humano.

         Otra película pues para seguir tratando de aprehender a Shakespeare, al Cine y a las ideas que revolotean a veces ágiles y otras no tanto, en la experiencia colectiva que surge luego de cada proyección cuando las palabras entre nosotros los espectadores comienzan a fluir.

Juan Sebastián Gutiérrez Gómez

Director: Kenneth Branagh - Año: 1989 - Durac: 2 h. 17 min

Cine en conversación, sesión de julio 13 del 2013

TÍTULO: MACBETH

DIRECTOR: ROMAN POLANSKI

GUIÓN: ROMAN POLANSKI Y KENNETH TYNAN

PAIS: REINO UNIDO

AÑO: 1971

DURACIÓN: 140 min.                    

“Macbeth no será vencido hasta que el gran bosque de Birnam suba contra él a la colina de Dunsinante… ; ... porque ninguno nacido de mujer hará mal a Macbeth”. Estas enigmáticas palabras, pronunciadas por las brujas en alucinante aquelarre, parecieran cerrar el destino del futuro Rey, lo que le da un tono muy cercano a la tragedia griega en donde el hado tiene papel protagónico. Y este hombre, al que ya las parcas habían vaticinado la baronía de Cawdor, y la corona de Rey de Escocia, se lanza a una sangrienta espiral de sangre, sacando del camino a todo aquel a quien, en su paranoia, considere como un posible enemigo. ¿Pero qué es lo que hace operar tan espantosa transformación en este ser? ¿Podría atribuirse a la influencia de su ambiciosa esposa? ¿O sólo fue ella caja de resonancia de las bajas pasiones subyacentes con anterioridad en su espíritu? ¿Qué efecto tiene en un individuo conocer su futuro? ¿Tratará de huir de él a toda costa, o lo precipitará a su perdición? En algún momento, Banquo exclama, luego de su encuentro con las brujas: “Frecuentemente, para atraernos a nuestra perdición, los agentes de las tinieblas nos profetizan verdades. Nos seducen con inocentes bagatelas para arrastrarnos a las consecuencias más terribles”.

Shakespeare acudió a los escritos de Raphael Holinshed para recuperar las leyendas y supersticiones de Escocia, perdidas en la niebla de los tiempos, atmósfera que caía como anillo al dedo al director franco-polaco, tan cuidadoso de los detalles y fascinado por las historias macabras, quien respetando el texto original le agrega su sello personal. La escena inicial en la playa, cuando las brujas sepultan un lazo y el brazo de un hombre que aún empuña la daga, y luego emprenden cada una su camino, en un paisaje de bruma, es inquietantemente hermosa y parece anunciar las tragedias que sobrevendrán.

Macbeth es un hombre en permanente conflicto con su conciencia, conflicto que lo va llevando hasta la locura a medida que se va hundiendo en la ignominia a través de crímenes y traiciones. Su angustia crece a cada momento y él es consciente de eso: “Mejor estar muerto que bajo el remordimiento” Los fantasmas de sus muertos lo acosan permanentemente. Alguien anotaba que la conciencia es protagonista en este drama. ¿Pero por qué no cambia su rumbo? La ambición del poder es más fuerte que su sentimiento de culpa, y terminará arrebatándole el sueño, su reino y la vida. No puede negarse la influencia de la ambiciosa esposa sobre el futuro Rey y son frecuentes los momentos en que le increpa su falta de resolución, la debilidad que surge de la bondad de su espíritu: “Dudo de tu naturaleza; está demasiado dominada por la dulzura de la afabilidad humana para que te deje seguir la senda más corta; querrías ser grande, alientas esta ambición, pero careces del instinto de maldad que debe acompañarla”. ¿Sin embargo, es él un hombre de carácter maleable? Por el empeño que pone en sus propósitos no lo pareciera, pero, como anotaba una asistente, ¿Se podrá recobrar la inocencia luego de transgredir el límite, o es una situación de no retorno? Frente a las predicciones, surge la pregunta: ¿Condicionan el destino del sujeto? ¿Pero, y en dónde queda la libertad del individuo?

Personaje importante en el desarrollo de la tragedia es Lady Macbeth, protagonista del asesinato de Duncan, y dueña también de una ambición sin límites. Mujer fría, que permanentemente reprocha a su esposo su debilidad e invoca las fuerzas del mal para revestirse de coraje con escalofriantes conjuros: “¡Venid espíritus que ayudáis los pensamientos asesinos, despojadme de mi sexo, y de arriba abajo, infiltradme la crueldad más implacable!” Pero, como una jugarreta del destino, el atroz crimen enajena su razón y la hace lanzarse desde una ventana del castillo. Ya el galeno había sentenciado: “Más que un médico, necesita un sacerdote; su mal sólo ella lo puede curar”

Nuevamente, hemos disfrutado de la poesía que embarga todo el texto, aún cuando los personajes dan salida a los más abyectos pensamientos, y una vez más, Shakespeare muestra su grandeza para profundizar en el alma de los humanos y enfrentarnos a los más nobles sentimientos pero también a sus mezquinas pasiones.

¿Qué ha cambiado en la humanidad desde los tiempos de estos gobernantes? Quizás las guerras no sean tan continuas ni los combates tan sangrientos; se ha construido el concepto de los Derechos Humanos, del Derecho Internacional Humanitario, que pretende hacer menos cruenta la desgracia de los conflictos; eso podríamos verlo como un avance, pero por otra parte, se han sofisticado las armas, ya son más letales y selectivas; la “inteligencia humana” desarrolló las armas atómicas. ¿Cómo calificaríamos el balance?

BEATRIZ FLOREZ

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA