Ciclo “Elia Kazan"

Iniciamos un nuevo ciclo de cuatro películas en el que tendremos como protagonista al cineasta Elia Kazan, gran referente del cine norteamericano que empezó su carrera como director en la década de 1940, y de quien se dice propició el surgimiento de importantes actores para la industria cinematográfica de Hollywood como Marlon Brando y James Dean.

Juan Sebastián Gutiérrez Gómez

Programación:

la-ley-del-silencio

Octubre 12

La ley del silencio

Elia Kazan - 1954

Memoria de la sesión

 

AlEsteDelEden

Octubre 19

Al este del edén

Elia Kazan - 1955

Memoria de la sesión

 

UnRostroEnLaMultitud

Noviembre 2

Un rostro en la multitud

Elia Kazan - 1957

Memoria de la sesión

 

AmericaAmerica

Noviembre 9

America America

Elia Kazan - 1963

Memoria de la sesión

 

 

 

 

 

 

 

 

Cine en conversación, sesión noviembre 9 de 2013

Ciclo: Elia Kazan

Película: America America

Dirección: Elia Kazan

Año: 1963

 

Cuántas novelas, pinturas, películas, descubrimientos científicos han sido posibles gracias a este mundo diverso que nos han traído los inmigrantes judíos, africanos, europeos y orientales. Hoy empezamos un ciclo del afroamericano Spike Lee, y hace 8 días terminamos uno del director y escritor de origen griego Elia Kazan, del que haremos referencia en esta relatoría.

América, América, 1963. Está basada en una novela autobiográfica del director, que cuenta el viaje de su tío desde Turquía hasta los Estados unidos, atravesado por múltiples contratiempos, y que permitió después la llegada de parte de su familia y del propio Elia.

Filmada entre Grecia y Turquía, con actores no profesionales, que le dan ese tono realista, frente a los que no tenemos ninguna duda sobre la verdad que nos están contando, con ojos, que miran sin esperanza, tan desolados pero tan ciertos como los que nos puede ofrecer un documental.

La fotografía en   blanco y negro permite acentuar los cambios de luz, logra con esos primeros planos imágenes inolvidables del dolor humano, en especial la del rostro simple e ingenuo del héroe, un hombre común pero inolvidable.

Stavros Topouzoglou (Stathis Giallelis) es un joven griego del humilde pueblo de Anatolia en Turquía, en donde las minorías griegas y armenias fueron sometidas de manera brutal, llegando hasta el exterminio de casi la totalidad de los armenios. En una de estas carreteras polvorientas Stavros escucha por primera vez en la voz de un amigo, de la existencia de un mundo mejor, un mundo de ciudades bellas en donde ellos, los despojados, los abatidos, podrían tener un lugar digno, donde vivir; este hecho será relevante en relación a la obsesión que le acompañará siempre. Poco después su padre contribuye a la posibilidad de empezar a realizar su sueño: América, enviándole a Constantinopla (la futura Estambul), para participar del negocio de un tío en quiebra, llevando todo el dinero y los bienes económicos de la familia. El viaje con sus calamidades y penurias empieza a transformar el carácter bondadoso e ingenuo de Stavros.

Al fin llega a Constantinopla después de haberlo perdido todo, menos su deseo. El tío decepcionado por la falta de dinero, le sugiere la posibilidad de casarse con la hija de un hombre rico para recuperar la fortuna. Stavros escoge el camino más largo, más difícil, y se marcha, para regresar después de una serie de penurias y escapar a la muerte, aceptando finalmente la propuesta de buscar una esposa rica.

Es un hombre triste. Está a punto de un matrimonio por conveniencia con una mujer poco agraciada ¿Pero cuál es la gracia que puede tener una mujer en esta película, en donde ni el dinero, ni la condición social, ni la belleza pueden serles favorables? Silencioso, afectado por el dolor, con una sonrisa irónica, la de alguien que ha dejado de creer en la bondad humana, lo vemos en la casa de su suegro o en la ciudad. Pero no hay asomo de cinismo, incapaz de mentir reconoce a su futura esposa su deseo de cruzar el mar; también es generoso, al encontrarse a Hohanne —el joven a quien le regalo sus alpargartas cuando estaba en Anatolia, para que pudiera llegar a América— lo alimenta y le reaviva el sueño que ha perdido, como una manera de reavivar el suyo propio. Al final, después de dejarlo todo, la posibilidad alentadora de una familia, de una riqueza, de un lugar, Stavros logra ponerse en el barco que lo llevara a América, junto a un grupo de aventureros, que trabajaran gratis para un hombre que los llevará esperando su pago.

En el barco tampoco faltaran calamidades, estará a punto de ser deportado; pero finalmente el destino será benévolo en favor del héroe, su amigo Hohannes tuberculoso, sin posibilidades de vivir, se inmolará en favor de él, es su último agradecimiento. La imagen simbólica de unos zapatos, como los que Stavros le dio al inicio de la película y que después le permitieron reconocerlo, aparecerán de nuevo. La cámara está puesta sobre ellos, como un recurso simbólico, que permite evocar un recuerdo y sirve para contarnos aquello que está pasando fuera de cámara —Hohannes, que no sabe nadar, se está ahogando en ese mar inclemente—Stavros se ha salvado asumiendo la identidad de él.

Por fin llega a América y recupera su sonrisa. Guarda las monedas, que permitirían que su familia llegara despues, las mismas que nos permitieron a nosotros tener una película como esta, o como todas las que tuvimos en este ciclo.

Oscar Restrepo.

Corporación Cultural ESTANISALO ZULETA

Sesión del 19 de octubre del 2013

TÍTULO: AL ESTE DEL EDEN

DIRECTOR: ELIA KAZAN

GUIÓN: PAUL OSBORN (JOHN STEINBECK)

PAÍS: ESTADOS UNIDOS

AÑO: 1955                                              

DURACIÓN: 115 min.                          

Continuando con el ciclo dedicado a este director multiétnico –nació en una colonia griega de la Capadoccia turca y su familia luego de andar por Europa un corto tiempo se afincó en los Estados Unidos- proyectamos una de sus películas más recordada. La presencia de James Dean, ese actor que, tanto en su vida personal como en la pantalla, encarnó la rebeldía de una juventud en los albores de la rebelión sexual de los 60 y el movimiento hippie. Su temprana muerte, a los 24 años, en un accidente automovilístico, contribuyó a convertirlo en ícono de su tiempo.

En Salinas, un pequeño pueblo de California, vive un agricultor, Adam Trask, con sus dos hijos: Cal (James Dean) y Aron (Dick Dávalos): Cal, rebelde y siempre reconvenido severamente por su padre, quien no cesa de elogiar al otro hijo, trabajador y sumiso, lo que suscita la rivalidad de los dos muchachos por el reconocimiento del progenitor. Para añadir otra angustia a Cal, en un bar del pueblo, un hombre le revela la verdad sobre su madre a quien creía muerta: realmente está viva y es la exitosa dueña del burdel del poblado. Por días, Cal sigue a esta mujer hasta lograr hablar con ella y esclarecer ese turbulento pasado.

Adam Trask, fascinado por el descubrimiento de que el hielo detiene el deterioro de los productos agrícolas, invierte todo su capital en enviar un gran cargamento de lechugas refrigeradas, pero un problema en la vía férrea obliga al tren que las transporta a detenerse durante horas, y el proyecto fracasa llevándolo a la quiebra. Ha estallado la primera guerra mundial y en su afán por ganar la admiración de aquel, Cal se embarca en un proyecto especulativo de siembra de fríjol con el fin de devolver a su progenitor el dinero perdido y con motivo de su cumpleaños, organiza una fiesta durante la cual le entregará el dinero ganado. Sorpresivamente el padre, poseedor de una estricta moral, lo rechaza tras reprenderle duramente el aprovecharse de la situación de desabastecimiento que genera la guerra. Se da una fuerte escena en donde Cal suplica a su padre que lo acepte y los hechos trágicos que se desencadenan terminan en un padre que debe abandonarse al cuidado de ese hijo que rechazaba, tras sufrir un ataque de apoplejía. Abra, la novia de Aron, convence a padre e hijo de perdonarse mutuamente para recuperar la paz que habían perdido en sus vidas.

La antigua leyenda bíblica del bien y el mal representados en Caín y Abel, se reproduce aquí en Cal, el hijo díscolo, cuyas acciones son repetitivamente rechazadas por un padre justiciero, y Aron quien sería el hijo bueno que goza siempre de la aprobación del padre que asume una posición maniquea, que insiste en dividir el mundo entre buenos y malos; todos los seres humanos somos a la vez, potencialmente buenos y malos. Adam Trask, ese granjero simple, tiene una ética firme, es un hombre potencialmente bueno pero incapaz de entender el alma de su hijo. Más que una simple brecha generacional, subyace un problema más profundo y es el modo como el padre observa el mundo: un mundo en blanco y negro, a través de una moral rígida que asfixió a su esposa y la obligó a huir de su lado. ¿Podríamos acaso asegurar que Kate, la esposa, en una mala mujer? Por otra parte, esa mirada de los padres sobre sus hijos, es definitiva en la imagen que éstos se formen de sí mismos; Cal asume que ha heredado de su madre la maldad que le adjudica el padre: “porque ella no vale nada y yo no valgo nada” dice con amargura y eso lo hace sentir más cerca de su madre.

Queda la pregunta por el carácter; ¿se hereda o más bien, se modela a través de la temprana influencia que la familia ejerce sobre el niño?

Hay otro aspecto interesante en este filme y es la necesidad del individuo por conocer sus orígenes: Cal arrastra, además de la humillación por el constante rechazo de su padre, una verdad que lo lacera: su madre no murió como se le dijo; vive y ejerce un oficio inconfesable, pero él, tiene que enfrentarla y no ceja en su empeño a pesar del violento rechazo inicial; frente a ella, no siente rencor, al contrario, casi le enternece su presencia y la siente cercana a su espíritu; ciertamente, esa mujer tampoco pudo soportar la permanente desaprobación del esposo a sus sueños de libertad. Adam jamás entendió a su mujer ni a su hijo, y lo confiesa a Sam, el viejo sheriff quien siente simpatía por Cal: “no lo entiendo, nunca lo he entendido”, a lo que replica éste: “Pero a tu otro hijo Aron, a ese sí lo has entendido desde chico, ¿no es así?” Señalemos que Aron tiene una visión simple, casi ingenua de la vida; contempla el futuro como un horizonte libre de preocupaciones, un firmamento sin presencia de nubes que lo amenacen: “cuando nos casemos, todo será perfecto; serás la mejor esposa, la mejor madre del mundo” dice a su novia; es la idealización del amor en una persona.

Hay que destacar la fuerza que Dean imprime a algunas escenas: realmente memorable aquella en que lleva a rastras a su hermano hasta el prostíbulo para revelarle la verdad sobre la madre. También la conversación que sostienen Cal y su padre sobre la verdadera historia de la madre, producen una tensión que nos mantiene en vilo. El uso del Cinemascope, técnica nueva para entonces y que permitía lograr un ángulo visual más amplio en la imagen, contribuye a darle majestuosidad al paisaje y a realzar la presencia en la pantalla del protagonista.

Destaquemos finalmente la música a cargo de Leonard Rosenman, músico estadounidense nacido en 1924 y muerto en el 2008 y autor de famosas bandas sonoras para películas como Rebelde sin causa, Un hombre llamado caballo, Barry Lyndon y la película de animación El señor de los anillos.

Beatriz Florez

Corporación Cultural ESTANISALO ZULETA

Ciclo: “Elia Kazan”

Sábado 19 de octubre de 2013, Hora: 5:00 pm.

AlEsteDelEden

Continuamos revisando el trabajo cinematográfico del director Elia Kazan, con una película que nos permitirá visitar dos mitos sobre los que muchos habremos alguna vez oído decir. El primero es un mito tan antiguo como la Biblia acerca de la conflictiva relación entre dos hermanos, Caín y Abel, y sobre su fatídico desenlace; el segundo, mucho más reciente, es un mito acerca de un joven y apuesto actor a quien solamente le bastaron un par de películas y una pronta muerte, para conquistar a toda una generación y convertirse en ídolo y referente del cine norteamericano: James Dean.

Será también la oportunidad para seguir tratando de pensar las maneras como construye este director el universo que les permite ser a los personajes de sus películas, y para disfrutar de una propuesta visual que resulta envolvente y muy atractiva.

Juan Sebastián Gutiérrez Gómez

Director: Elia Kazan- Año: 1955 - Duración: 1 h. 55 min.

 

Cine en conversación, sesión noviembre 2 de 2013

 

Ciclo: Elia Kazan

Película: Un rostro en la multitud

Dirección: Elia Kazan

Año: 1957

“Yo no soy un artista.

Soy una influencia, un portador de opinión, una fuerza...

¡una fuerza!”

El solitario Rhodes

(Película: Un rostro en la multitud)

Un rostro en la multitud, ¿qué rostro?, es la pregunta que se nos lanza rápidamente apenas iniciando la película. “El suyo, o el suyo, o el suyo”, nos enuncia Marcia Jeffries, presentadora del programa de radio de singular nombre, mientras en la cárcel del noreste de Arkansas intenta descubrir entre sus hombres corrientes -marginales, vagabundos, miserables, perdedores- y sin ningún talento aparente algún rasgo fascinante para su audiencia. Uno que “hable con naturalidad, cuente una anécdota o simplemente algo gracioso”. Y es precisamente uno que canta, encerrado allí por ebriedad y desorden, el que conjugando aquellos rasgos acaso como virtudes (¿?) consigue capturar su atención y la de todos quienes le observan, observamos. ¿O es que no se descubre irremediablemente el espectador -en la película y por fuera de ella- capturado por el “solitario Rhodes” como de ahí en adelante será nombrado? ¿Qué encarna este hombre singular de risa empalagosa y apariencia desmesuradamente autosuficiente? ¿Quién es este “borracho de la guitarra” capaz de movilizar tan gratuitamente a hombres y mujeres, niños y niñas, en tareas aparentemente ingenuas? Pues abandonar los perros callejeros en la casa del alguacil candidato a alcalde, sosegar el calor de los niños en la piscina privada de un burgués y donar medio dólar a una mujer desconocida, son los sencillos ejemplos que en el desarrollo de la película van perdiendo toda inocencia, mientras revelan la gestación de un poder, el gran poder que representan los medios de comunicación. Vertiginosamente y casi sin apercibirnos, se nos hace testigos de la ascendente carrera de nuestro empírico presentador y cantante. Del cómo el solitario Rhodes de la cárcel de Arkansas termina siendo la estrella de Memphis no es una cosa de la que se pueda dar cuenta fácilmente. Esa especie de encanto misterioso que se va cerniendo sobre todos y cada uno de quienes le escuchan y le ven nos devuelve entonces una imagen aterradora: ¿somos nosotros los espectadores del otro lado tras la pantalla igual de vulnerables?

Hacia el desenlace de la película y de manera muy aguda director y guionista nos enseñan al solitario Rhodes conduciendo la carrera política de un candidato al senado. Decir cualquier cosa, hacer cualquier cosa, “agradar” simplemente, parece ser el secreto a voces de nuestro protagonista, exhibiendo de esa forma las cualidades que constituyen a quienes encarnan el reconocimiento en los medios. Finalmente y tal vez de forma aún más acelerada a la del ascenso, se nos recrea el triste destino de quien como aparece desaparece, casi sin razón aparente tras abrirse los micrófonos de una verdad. Como telón de fondo vale la pena mencionar la historia de amor y desamor tejida entre Marcia y Rhodes, el solitario Rhodes. Crea ella el nombre y acaso también al hombre de quien se enamora, artificios ambos: el del amor y el del éxito, que finalmente se desdibujan en compañía de “la máquina de risas y aplausos”.

Elia Kazan, el polémico director norteamericano de origen griego al que vemos en este ciclo, expone aquí no solo uno de los retratos más inclementes sobre los medios de comunicación y de tremendísima actualidad, sino que además nos regala una oportuna expresión de las herramientas de las que puede hacerse el buen cine en blanco y negro. Imágenes en dos tonos puestas en función del contenido mismo, capaces de transmitir toda la dimensión del rostro exuberante y las carcajadas y que tal vez aun, tras los días de habérsele escuchado, insisten en resonar en la cabeza de cada cual, mientras se escucha cualquier programa radial o televisivo de nuestro tiempo. Escenarios recreados en interiores capaces de poner en evidencia el rasgo más profundo de cada protagonista, como ocurre en una de las últimas escenas donde Larry -el solitario Rhodes- confiesa a Marcia, en su habitación y bajo una tenue luz, las oscuras intenciones para manipular la elección del candidato favorable a sus intereses. Se destaca pues entre los asistentes a esta sesión la maravillosa fotografía y musicalización que acompañan a cada uno de los momentos de la película de manera tan acertada. Además de la capacidad de Kazan de apropiarse del cine como un lenguaje propio, se subrayó la portentosa imagen del ascensor descendiendo piso a piso utilizada para representarnos la estrepitosa caída del protagonista.

La soledad aparece como otro elemento emergido en la conversación. Hombres y mujeres que abandonados a la tarea de encargarse de sí y hacerse a un sentido, encuentran en la identificación con un otro que quizá recree la estupidez y la tontería de la que somos objeto una manera de borrar la singularidad y con ello la angustia que allí acaece.

Ahora ¿qué es lo que seduce en el solitario Rhodes? ¿O valdría la pena decir “nos seduce” y de esta forma reconocernos incluidos por un efecto al que posiblemente no escapemos? ¿Quiénes son entonces esos que hoy nos seducen? ¿cantantes? ¿presentadores? ¿políticos?

Dayana Cardona Pérez

Corporación Cultural ESTANISALO ZULETA

“No nos engañamos, Estamos tan solos que no podríamos tolerar ver la mañana.

Por la noche cuando el guardia apaga las luces y nos deja en la oscuridad, ese mismo tipo se convierte en tu amigo más querido. No, no lloro, porque seré un hombre libre en la mañana…”

El solitario Rhodes

(Película: Un rostro en la multitud)

 

Ciclo: “Elia Kazan”

Sábado 2 de noviembre de 2013, Hora: 5:00 pm.

UnRostroEnLaMultitud

 

¿Qué necesita un hombre para convertirse en el centro de atención de toda una nación? ¿Qué necesitan de él los medios de comunicación que posibilitan a una masa poner su mirada y oídos sobre él? ¿Qué necesitan de los medios de comunicación quienes desean guiar el destino de un país? Siempre será ineludible volver sobre aquellos temas que, aunque parezcan haber sido ya sobremanera discutidos, continúan siendo problemáticos en las sociedades que tenemos. Hoy, después de más de 50 años, la perspectiva desde la cual en esta película se nos plantea lo peligroso y nocivo que pueden resultar los medios de comunicación, permanece vigente.

Otra vez es una mirada rigurosa, detallista y crítica la que nos ofrece este director, sin embargo esta vez no tan optimista, un poco más acorde con la realidad. Como en la película con la que comenzamos el ciclo, es una mirada en tonos de gris que se ajustan muy bien al sombrío universo que se recrea y al vaticinio que parece entregársenos al final seguido por una falsa y mecánica carcajada: no importa lo que pase, la televisión como medio de entretenimiento y distracción no se acabará nunca.

Juan Sebastián Gutiérrez Gómez

Director: Elia Kazan- Año: 1957 - Duración: 2 h. 6 min.

Ciclo: “Elia Kazan”

Sábado 12 de octubre de 2013, Hora: 5:00 pm.

la-ley-del-silencio

Iniciamos un nuevo ciclo de cuatro películas en el que tendremos como protagonista al cineasta Elia Kazan, gran referente del cine norteamericano que empezó su carrera como director en la década de 1940, y de quien se dice propició el surgimiento de importantes actores para la industria cinematográfica de Hollywood como Marlon Brando y James Dean.

En esta película veremos a un joven Marlon Brando interpretando a un obrero de puerto marítimo, que deberá cargar con el incómodo peso de ser un hombre que se enfrente a los poderosos e injustos, cuando las personas por quienes él se interesa le presionen lo suficiente para despertar su “conciencia”, aquella voz en su cabeza que reclama de él acciones coherentes con sus propias ideas y pensamientos.

Juan Sebastián Gutiérrez Gómez

Director: Elia Kazan- Año: 1954 - Duración: 1 h. 48 min.

 

Ciclo: “Elia Kazan”

Sábado 9 de noviembre de 2013, Hora: 5:00 pm.

AmericaAmerica

 

Terminaremos el ciclo que sobre el director Elia Kazan hemos venido adelantando y que nos ha permitido en tres sesiones acercarnos a la propuesta cinematográfica de este importante y decisivo director, con una película introducida por él mismo que recrea la odisea de un hombre desde Anatolia hasta Long Island, un hombre que encarna el sueño de todos los que pusieron en América un ideal de libertad y oportunidad que ninguna dificultad, desventura o tragedia podía empañar. Este hombre es el tío del director y a él se debe la llegada de toda su familia a Norteamérica.

Es también una película que nos permitirá ocuparnos de ese problemático asunto sobre el que ya pudimos algo conversar en un ciclo pasado de este mismo año: Migraciones forzadas. Aquí se nos presentará de nuevo como una cuestión atravesada por la dignidad, la injusticia, la opresión, los sueños, esta vez en tonos de gris y bajo el cielo de la mítica Grecia, en medio de una odisea tan sombría y tan iluminada como la del mismo Odiseo pudo ser, cargada de nostalgia, afecto, respeto y admiración por aquellos seres que al enfrentarse ante cualquier adversidad y desavenencia en el camino hacia la realización de sus ideales, no oponen menos que todas sus fuerzas, su propio ser y la mirada más desafiante de que son capaces.

Juan Sebastián Gutiérrez Gómez

 

 

Director: Elia Kazan- Año: 1963 - Duración: 2 h. 47 min.

 

 

 

Cine en conversación, sesión octubre 12 de 2013

 

Ciclo: Elia Kazan

Película: La ley del silencio / Nido de ratas

Dirección: Elia Kazan

Año: 1954

Johnny Friendly, un tipo en realidad poco amistoso, es el capo que controla implacablemente los muelles y la vida de los estibadores que trabajan en el puerto de Nueva York; de ahí que quien se cruza en su camino sea aplastado como a una cucaracha. Entre sus subordinados se encuentra Terry Malloy, un ex-boxeador que no alcanzó el éxito, hombre egoísta y perezoso aunque ingenuo y noble, quien ingresa al círculo de Friendly no tanto por sus méritos sino más bien por la influencia que ejerce su hermano Charley Malloy, mano derecha del capo. Terry, sin percatarse, será cómplice del homicidio de un conocido suyo Joey Doyle. Es a causa de tal crimen que el ex boxeador conoce a Edie Doyle, hermana de Joey, y al padre Barry, un sacerdote comprometido con desenmascarar la mafia que gobierna los sindicatos de los estibadores. Ambos personajes ejercerán una influencia determinante en Terry, transformándolo de un hombre flojo e indolente a un ser comprometido. Sin embargo las cosas no serán fáciles para el sacerdote y para las nuevas convicciones de Terry, ya que éste se verá sometido, después de testificar ante un tribunal, al señalamiento y a la persecución, padeciendo la muerte de sus queridas palomas y la de Charley, su hermano, por cuenta de los secuaces de Friendly. Finalmente el ex boxeador se verá impelido al uso de todas sus fuerzas, las del cuerpo y las del espíritu, para ganarle un combate decisivo al peligroso Jhonny Friendly tratando de que los callados y medrosos estibadores logren romper el lema S. M., sordos y mudos.

En La ley del silencio asistimos a la transformación de un hombre ligero, sin convicciones, al que solo le hubiesen interesado las palomas que criaba otro ser, que si combatía por unos principios. Aunque el paso de un momento a otro no será gratuito: es evidente un quiebre del protagonista al conocer a la joven Edie la cual delata de un lado la necesidad de él, de un otro, mientras el sacerdote germina en Terry el sentido de un valor por lo social, de una trascendencia que vaya más allá de sus mezquinas ideas; no obstante Terry toma una decisión firme al enterarse de la muerte de su hermano, es decir cuando es afectado directamente alguien muy cercano a él. Desde ese momento esa pregunta que de cierto modo se hacía de “en qué puedo ser útil” cobra forma y Terry adquiere la valentía para luchar y dejar la cobardía que rige a los demás estibadores. Es en ese punto donde el padre Barry juega un papel muy importante como un líder y canalizador de la fuerza desmedida de Terry, pues de no haber intervenido la cordura del clérigo, la rabia del ex boxeador lo hubiese llevado ciegamente a la muerte. No es por ello fortuita tampoco la invitación implícita de la película a tomar decisiones con una buena dosis de inteligencia, porque si bien se nos presenta un desenlace esperanzador y positivo fue evidente que la lucha del joven y del sacerdote era contra una mafia muy superior en fuerza y poder a las que aquéllos tenían. De ahí la pregunta lanzada en la conversación: y acaso ¿quién tiene finalmente el poder?

Se presentan además dos lados de una misma moneda en la organización, mientras unos se organizaron para usar la violencia, para eliminar, para no escuchar sino imponer, otros lo hacían para tratar de hacer una vida más digna, superar opresiones e injusticias; sin olvidar tampoco a los que en su miedo o indiferencia ni siquiera exhiben el más mínimo interés por generar otros vínculos. Nadie depende pues exclusivamente de sí mismo, en tanto grupo, se generan tensiones positivas y negativas. En cierta medida ahí radica la importancia del gesto final de Terry: en demostrarle a los trabajadores que ellos también tenían un poder y que al reconocerlo eran una fuerza. Queda en esa línea sugerido el trasfondo político del filme.

Finalmente cabe resaltar el modo en que el blanco y negro de la imagen permite expresar estados interiores de los personajes, así como la música y los encuadres de los planos, aspectos que señalan la singular mano del director Elia Kazan para trasmitir una historia que si bien puede tener rasgos autobiográficos se defiende por sí misma más allá de las polémicas actuaciones de su realizador.

Eduardo Cano U.

Corporación Cultural ESTANISALO ZULETA