Ciclo "Fue a la vuelta... en el barrio" con el director Spike Lee

Ciclo: "Fue a la vuelta... en el barrio" con el director Spike Lee.

Tratar de pensar nuestros barrios, los conflictos que allí se presentan y los elementos que determinan las relaciones entre "los vecinos" (solidaridad, intolerancia, amistad, violencia, drogadicción y otros), desde la perspectiva y la propuesta cinematográfica de un director que dedicó gran parte de su obra a recrear con aguda y afectuosa mirada el complejo vecindario donde creció.

Santiago y Juan Sebastían Gutierrez G.

Programación:

DoTheRightThing

Noviembre 16

Haz lo correcto

Spike Lee - 1989

Memoria de la sesión

Clockers 1

Noviembre 23

Clockers

Spike Lee - 1995

Memoria de la sesión

SummerOfSam

Noviembre 30

Nadie está a salvo de Sam

Spike Lee - 1999

 

Cine en conversación, sesión noviembre 23 de 2013

Ciclo: “Fue a la vuelta… en el barrio” con el director Spike Lee

Película: Clockers.

Dirección: Spike Lee

Año: 1995

 

 

Las imágenes en fuertes colores, de una serie de cadáveres agujereados por las balas, parecieran presagiar una película en donde la violencia explícita nos haría replegar sobre nuestras sillas; simultáneamente, suena la canción “Gente en busca de una vida” (Marc Dorsey), cuya música tranquila no parece encajar en esas escenas. Sin embargo, lejos está el director de recurrir al amarillismo fácil para recrear esa realidad cruda de pandillas y droga en un sector de Nueva York.

Es así como Spike Lee nos introduce en una barriada de Brooklyn, en cuyo parque se reúnen invariablemente una decena de jóvenes negros; en el centro de este parque, paradójicamente, ondea una bandera de la nación, símbolo del “sueño americano”, de un país que ha construido el imaginario de ser la tierra de las oportunidades para todo aquel que pisa su territorio.

Con paso decidido y un tanto arrogante, vemos aparecer en pantalla a Strike, uno de esos tantos muchachos empleados por Rodney Little para el negocio del microtráfico en las calles. Rodney, quien manifiesta a Strike quererlo como a un hijo, y promete hacerle escalar posiciones en el negocio, lo conmina a asesinar al administrador de un negocio del sector, quien aparentemente le ha robado algo de la “mercancía” entregada. Strike, quien nunca ha matado a nadie y se siente aterrorizado ante esta orden, sabe lo que significa no cumplir las disposiciones de este pequeño capo, y ahí comienza ese “infierno” que lo destroza física y espiritualmente, y agudiza la dolencia estomacal que lo consume. La presión de su jefe, el acoso diario de la policía y su enfermedad, lo lanzan a una encrucijada que parece superar sus fuerzas. Acude a su hermano en busca de ayuda, un hombre que ha logrado mantenerse al margen de las actividades delictivas, y quien se duplica trabajando en varios turnos con la idea de conseguir los ahorros necesarios para salir del barrio y educar a sus hijos fuera de esa atmósfera asfixiante. ¿Qué hace que este individuo, hasta ahora “limpio”, de repente decida realizar la tarea encomendada a su hermano? Más tarde comprenderemos que en ese hombre hizo explosión toda la rabia y frustración acumuladas, día tras día, en esa dura batalla contra la miseria y marginalidad destinadas a los de su raza.

A través de su filmografía, Lee ha explorado y denunciado la discriminación y marginación en que han vivido los negros, en un país que se precia de su democracia. Aislados, señalados y confinados a verdaderos ghettos, miles de jóvenes no tienen más horizonte que la ilegalidad para subsistir. Del Estado, sólo conocen la acción acosadora y muchas veces violenta de la policía, sus requisas humillantes, la vejación de sus muertos. Los niños crecen al lado de hermanos o amigos mayores y pronto, aprenden que ese mundo es de los “duros”, que los débiles no tienen sitio allí, que las cosas que les atraen de la vida sólo se logran incursionando en el mercado de la droga. Al lado de estos chicos, las mujeres se baten por proteger a sus “polluelos” de ese ambiente miserable, por tratar de mostrarles otros horizontes diferentes al mundo de la delincuencia; ingente y a veces, inútil tarea, ante una realidad tan aplastante, como sucede en el caso del pequeño Tyron quien termina asesinando al hombre que va a matar a su amigo Strike.

La vida de estos muchachos parece dar vueltas, terminando siempre en el mismo destino, como esos trenes que son la afición de Strike. Su pequeño vecino aprende, que esos trenes que giran sin fin, y que tanto le atraen, sólo los conseguirá vendiendo las “pepas” verdes, o amarillas, o aquel polvo blanco, en las esquinas del barrio; entiende que un arma es necesaria para defenderse, que da poder, y los cuidados que hay que tener con ella; tal vez esos video-juegos a los que es tan aficionado, complementen ese mundo de violencia en el que se está haciendo hombre. Condenados a repetir el ciclo, empiezan asumiendo pequeñas responsabilidades como “campaneros” que deben avisar mediante voces o gestos ya convenidos, la abrupta irrupción de una patrulla policial a sus calles. Siempre está presente la posibilidad de terminar como Errol, ese hombre convertido en un guiñapo humano y que con ojos desorbitados, recorre las calles como un fantasma, arrastrando su rabia y frustración por haberse infectado al inyectarse drogas duras. Por otra parte, llama la atención la actitud que asumen estos muchachos, en donde no hay lugar para la culpa; por el contrario, vemos el ejemplo de Strike, quien se considera más bien una víctima de esa sociedad.

Son numerosas las preguntas que nos suscita esta historia: el consumo de drogas que sostiene este negocio, está presente en todas las clases sociales: pobres y ricos, blancos y negros acuden en su búsqueda; ¿pero, que hace esa sociedad “correcta” que señala indignada el negocio? ¿Son solamente las sustancias psicotrópicas prohibidas las causantes de adicciones? Strike no logra resistir a esas bebidas que empeoran su mal, y día a día nos enfrentamos a una avalancha de publicidad que insta a consumir productos que tienen efectos nocivos sobre nuestra salud, pensemos solamente en los licores, y que sin embargo, gozan de total franquicia, tanto por parte del Estado como de la sociedad. ¿El tráfico de armas se alimenta del tráfico de drogas, o es al revés? ¿Nos plantea Lee alguna esperanza, o por el contrario, insinúa que esos sectores están condenados a reproducir por generaciones, el mismo modelo de sociedad? Hay quienes creyeron ver la metáfora de un mejor mañana en la postrera imagen de Strike en el tren, mientras dirige su mirada a horizontes, desconocidos hasta entonces por él, pero tal vez prometedores de una mejor suerte.

Volviendo nuestra mirada a las virtudes técnicas del filme, hay que reconocer la acertada construcción de la historia: cómo las primeras escenas muestran un número indefinido de personas que observan al hombre asesinado; poco a poco, la cámara se va ocupando de los individuos que pasarán a ser protagonistas, encabezados por Strike. Los primeros planos son adecuadamente empleados para sumergirnos en los sentimientos de todos esos personajes. Memorable la escena del interrogatorio en la estación de policía, cuando la cámara cae sobre la pupila de Strike reflejando a un impotente detective Rocco, que quisiera arrancar de la mente del chico esa verdad que se obstina en ocultar y que lo hace sentir fracasado.

Una película que nos produce una cierta desazón al acompañar a estos jóvenes por 128 minutos y asistir a su dura cotidianidad, magistralmente retratada por Spike Lee.

Beatriz Florez.

Corporación Cultural ESTANISALO ZULETA

 

Cine en conversación, sesión noviembre 16 de 2013

 

Ciclo: “Fue a la vuelta… en el barrio” con el director Spike Lee

Película: Haz lo correcto

Dirección: Spike Lee

Año: 1989

Entre la presentación de los créditos y la música de Fight the Power una mujer, ¿puertoriqueña?, ¿negra?, ¿americana?, baila luciendo unos guantes de boxeo, se mueve desaforadamente como anunciándonos en su cuerpo la apertura de esa pequeña batalla o batallas a las que asistiremos como espectadores. Un ambiente entre teatral y pintoresco de unos 4 minutos empieza a subir la temperatura del auditorio mientras uno que otro tararea el “fight the power” con cierta inocencia que no podrá ser sostenida hacia el final de la película.

Son las 8 en punto, de una mañana, de algún día, de algún mes, de algún año, de alguna calle, de algún barrio de un condado llamado Brooklyn en Nueva York. Mr. Love desde Radio We-love (¿no es ésta acaso una ironía del director?) es el primer personaje que toma la palabra para enunciar el pronóstico de este día cualquiera: ¡Hot! Mucho calor. Su voz, la de Mr. Love Daddy, será la que nos acompañe por casi 2 horas con su música y un grito lanzado a sordos: Love!.

Una calle será el escenario donde este maravilloso director hará su montaje, ¿la calle de quién o quiénes? Ahí, entre la casa de Mokie (el propio Spike Lee) y la pizzería de Sal, transcurre la vida del barrio y la de cada cual: El Alcalde, Smiley con sus fotografías de Martin Luther King y Malcolm X, el mismo Mookie, Jade, Sal y sus hijos Pino y Vito, Madre Hermana, Punchy y sus amigos, Radio Raheem, Tina, los tres hombres ociosos frente a la pared roja cuyos nombres no recuerdo, la pareja de coreanos y finalmente Buggin “el buscapleitos” quien será el encargado de atizar esa llama presente y latente en cada uno de quienes nos van presentando en la pantalla. Posteriormente aparece el registro de algunos hombres jóvenes a quienes se alude como de origen latino. En tan sólo 20 minutos se nos ha recreado una maravillosa entrada a esos niños, jóvenes, adultos y viejos que componen aquella cuadra cualesquiera de colores tan disímiles y de una cosa ya estamos seguros: “Hoy va a hacer un calor del demonio”

Buggin, el joven negro, será el encargado de poner “el florero de Llorente” en toda esta tensión. Acusa a Sal, dueño de la única pizzería de su cuadra (valdría la pena preguntarse en este punto si es acertado el posesivo “su”), de ser racista cuando un día va a comer a su local y se da cuenta de que no tiene una sola fotografía de un afroamericano en su “pared de la fama”, frente a lo cual Sal aboga un derecho de propiedad que le confiere la libertad de hacer lo que le venga en gana en este, su estrecho mundo. A partir de allí y entre una y otra entrega de pizza de Mookie, Buggin intentará, inicialmente en vano, boicotear la tienda de Sal convidando a todos sus hermanos (los de la raza negra) para que dejen de comprar sus pizzas.

“Libertad”, “la gente es libre de hacer lo que quiera”, parece ser una consigna soterrada en el discurso de todos. Más rápidamente el director en boca de Sal nos obliga a aterrizar con sus palabras: “¿Libertad? ¿Libre qué? Aquí no hay libertad. Soy el jefe. ¿Quieres libertad? Ahí, eso es libertad. Reparte ese pedido.” Y tras esta escena el alcalde insta a Mookie a “siempre hacer lo correcto” como el padre que aturde a su hijo con consejos inútiles a sabiendas que es menester equivocarse una y mil veces. ¿No es ésta acaso la manera más acertada del director para aludir al que constituye el título del filme? ¿Decirnos entre líneas lo que quizá sabemos de antemano?

Pues bien, las diferencias ya están señaladas, afroamericanos, italoamericanos, coreanos y latinoamericanos, sólo capaces de reconocerse por uno de dos sentimientos: amor u odio. Recurso magistral el utilizado por el director al colocar en la boca de cada uno de los protagonistas de esos odios las más sucias expresiones y afrentas hacia ese otro en la imagen de quienes son reconocidos: deportistas, cantantes, actores.
Cuando quedan pocas horas del día, Buggin consigue encontrar un aliado en Radio Raheem; se produce un fuerte enfrentamiento dentro de la pizzería, Sal destruye la radio de Radio Raheem  con un bate de béisbol, éste se lanza al cuello de Sal, todos se agarran a golpes, acude la policía quien, haciendo la jugada final termina matando a Radio Raheem de una manera que no se podría calificar sino de absurda. En ese momento Mookie aturdido ante lo que acaba de suceder decide coger un bote de basura y lanzarlo contra la ventana de la pizzería. La masa enloquece, negros y latinos han encontrado un enemigo común que los funda y entran pues en la tienda para destruirla. Del cómo termina todo esto solo una palabra por decir: ¡fuego! Y al día siguiente, cenizas y la sensación que es otro día cualesquiera donde quizá poco, o nada, haya cambiado aparte de la vida irremediablemente perdida en la insensatez.

En la conversación se lanzan entonces las preguntas ¿Dónde está la violencia? ¿Quién la ejerce (personas, ideologías)? ¿Cómo se legitima? En definitiva, ¿qué es hacer lo correcto para unos y para otros? La película invita a pensar ¿Qué es lo correcto, quien está en lo correcto? ¿Quién tiene la razón? ¿Cómo es que se desata la hostilidad y la destrucción?

Alguien, como para ejemplificar los prejuicios de los que somos víctimas, enuncia “los negros son muy violentos…” Y acaso ¿Sal no es violento?

Este director afroamericano toma su vida como materia y nos regala en ese tejido que va haciendo, en la que es considerada una de sus obras maestras y primera película del ciclo que hoy comenzamos, la vida de su barrio, este barrio X que puede ser la ciudad, un lugar de trabajo, el edificio donde se vive. Es así entonces, de un orden universal. Se llama además la atención de que la película acontece en un día, en una calle, donde se concentra toda la actividad humana que está recreada en: afroamericanos, italoamericanos, coreanos. Pequeña calle que es un mundo, nuestro mundo, un laboratorio donde la perspectiva es ¿qué es lo que establece una diferencia? ¿Un color de piel, una nacionalidad, una creencia…? Ahora incluso tendríamos que agregar ¿un equipo de fútbol, un partido político?

Se pregunta además por lo que es un barrio, ese reconocer a quienes nos rodean, ¿Iguales? ¿Diferentes?, aquello que se desapercibe en el vivir cotidiano como los estímulos presentes en un barrio. ¿Qué es entonces el barrio?

Terminamos nuestra conversación, más inseguros de emitir un juicio, una respuesta, ¿y que es ésto de hacer lo correcto? ¿Cómo se le da lugar al trámite de un conflicto por fuera de la violencia cuando ni siquiera se cuenta, con los elementos del diálogo, de la conversación?

Dayana Cardona Pérez

Corporación Cultural Estanislao Zuleta

 

 

Ciclo: "Fue a la vuelta... en el barrio" con el director Spike Lee.

Sábado 16 de noviembre de 2013, Hora: 5:00 pm.

DoTheRightThing

 

Iniciamos esta semana un nuevo ciclo en el que daremos una vuelta al diverso, conflictivo, musical y acogedor vecindario del director Spike Lee, para tratar de poner en el centro de nuestra conversación las dinámicas y formas de relacionamiento que configuran los espacios en los que crecemos, nuestros barrios, y su incidencia en el devenir de las sociedades que tenemos… ¿seremos capaces?

Este será un recorrido por una sola cuadra del vecindario, en un día extremadamente caluroso y estridente como cualquier otro, en el que niños, adolescentes y ancianos transitan, gritan, descansan, ríen, discuten, juegan y maldicen de un lado para otro, a ritmo de salsa, rap, blues, sinfonías orquestadas…; mientras tanto la consigna de mayor estruendo retumbará en el oído de todos: ¡Lucha contra el poder! y los ánimos serán puestos a prueba hasta que ya no haya oídos para escuchar y el viejo sabio alcalde tenga que hacerse a un lado junto con los apaciguados consejos que entre cerveza y cerveza reparte… todo en un día como cualquier otro… “Fight the power!”

Juan Sebastián Gutiérrez Gómez

Director: Spike Lee- Año: 1989 - Duración: 2 horas.

 

Ciclo: "Fue a la vuelta... en el barrio" con el director Spike Lee.

Sábado 30 de noviembre de 2013, Hora: 5:00 pm.

SummerOfSam

 Es otro verano caluroso en el vecindario y la amenaza de un loco armado que recorre sus calles asesinando jovencitas aumenta el sofoco y la desesperación; el miedo y la paranoia se instalan en la comunidad y ya los jóvenes del barrio no pueden ser los mismos, ninguna cuadra o rincón son seguros, los padres temen por sus hijos, la iglesia se abarrota y en la noche ya no hay lugar para estar. De puertas para adentro la situación no es menos grave: un matrimonio se desmorona, las relaciones de amistad se ponen a prueba, una madre no se decide entre su nuevo esposo y un hijo ya mayorcito que no quiere hacerse cargo de su vida, un hombre se enloquece con el perro del vecino que no deja de ladrar…

Para cerrar el ciclo que hemos venido adelantando sobre el director Spike Lee y sus experiencias en el vecindario, veremos una película que nos llevará hasta el año 1977 en el Bronx, justo en el momento en que un asesino en serie mantiene en vilo a toda la ciudad de Nueva York. La impresión será tan colorida y musical como en las otras dos películas que hemos visto y la manera como la cámara nos presenta la realidad que se recrea, igual de sugestiva e interesante.

Juan Sebastián Gutiérrez Gómez

 Director: Spike Lee- Año: 1999 - Duración: 2 horas 22 min.

 

 

 

Ciclo: "Fue a la vuelta... en el barrio" con el director Spike Lee.

Sábado 23 de noviembre de 2013, Hora: 5:00 pm.

Clockers 1

A la vuelta de la cuadra que recorrimos de arriba abajo la sesión pasada en la que comenzamos el ciclo sobre el director Spike Lee y su vecindario, nos encontraremos con el parque del barrio, espacio fundamental de encuentro, descanso, juego… entre cuyos habitantes regulares siempre podremos encontrar hombres dedicados al lucrativo e ilegal –al menos por ahora– negocio, del comercio de sustancias psicoactivas. En la película les llaman clockers, nosotros aquí les conocemos como gíbaros, son la punta visible del iceberg que son las organizaciones dedicadas al rentable y peligroso negocio del narcotráfico, y según recalca una madre preocupada en la película: se lucran vendiendo la muerte a sus propios hermanos. Sienten además un profundo respeto por las mujeres de sus vecindarios, más si son las que les criaron a ellos o a sus amigos, provienen de hogares humildes y anhelan convertirse en millonarios y poderosos; desprecian la autoridad del Estado y no pocas veces terminan ellos siendo víctimas mortales de su trabajo. Cualquier parecido con nuestra realidad no es pura coincidencia…

Una cruda, colorida y musical impresión se nos ofrecerá en esta película para hablar sobre un tema que no nos ha sido ni nos es ajeno, que nos afecta y aun condiciona la dinámica de todos nuestros parques y barrios. De nuevo trataremos de conversar y pensarnos observando una parte de la obra de este director, en la que puso su mirada sobre el vecindario y las condiciones sociales del entorno en el que creció.

Juan Sebastián Gutiérrez Gómez

Director: Spike Lee- Año: 1995 - Duración: 2 horas 8 min.