«Tomarse en serio la vida, el arte y el pensamiento es ya una manera de oponerse a la tendencia dominante de nuestra civilización »

— Estanislao Zuleta

Relatoría de la sesión del 14 de agosto del 2010

TITULO: HISTORIAS MINIMAS

DIRECTOR: CARLOS SORIN

PAIS: ARGENTINA

AÑO: 2002

DURACIÓN: 1h-32m

Con la idea de reflexionar sobre “la felicidad”, asistimos a esta película distinguida con numerosas menciones en diversos festivales de América y Europa. La proyección hace parte del ciclo "Cine en conversación - Una mirada a nuestra vida cotidiana", programa que se apoya en la “Maleta de películas” y que es auspiciado por el PAN (Plan audiovisual nacional) y el Ministerio de Cultura, dentro de la convocatoria abierta por esas instituciones para la formación de públicos en la apreciación de cine.

Filmada en la Patagonia argentina, esa tierra de vientos de cizalla y horizontes sin límites, Historias Mínimas está enmarcada en el llamado género de “road movies” o “películas de carretera”; es una mirada a la cotidianidad de unos seres perdidos en una geografía agreste, lejos del vértigo de la tecnología y el bullicio de las grandes ciudades. Tres personajes coinciden en su propósito de llegar a San Julián, población a 300 kilómetros de Fitz Roy, en donde viven: Don Justo, un anciano que parte a pié, para buscar a “malacara”, el perro que le abandonó hace unos años y testigo de un evento que todavía le angustia; María, una chica que viaja con su bebé para reclamar un supuesto premio ganado en un concurso de televisión y finalmente, Roberto, un pintoresco vendedor viajero que según sus palabras “vende ilusiones” y que pretende entregar una torta de cumpleaños al hijo de la cliente que desea conquistar.

Uno de los asistentes destacó la importancia de mirar con “sospecha” cada elemento de la película ya que puede ser constitutivo del lenguaje cinematográfico empleado por el director; en este caso, una “película de carretera” que significa tránsito permanente, desplazamiento, saludos y adioses, hay tres personajes que emprenden viajes que de alguna forma, los transformarán; para Don Justo y para María, se alterará la inmovilidad de sus vidas.

La discusión entre los asistentes se abrió con las preguntas ¿en donde buscan la felicidad estos seres?, ¿en qué cifra la felicidad la sociedad actual? ¿Qué papel juegan los medios de comunicación en la respuesta a este interrogante?, pero además, ¿qué significado dan estos personajes a sus vidas?, ¿será posible encontrar la felicidad en ese estilo de vida?; Las respuestas fueron muy diversas: algunos asistentes encontraron allí, unas vidas planas, animadas sólo por el afán de la diaria supervivencia y con ilusiones tan efímeras como el obtener un artefacto para la cocina o la sonrisa de la mujer deseada. Por el contrario, hubo quienes veían heroico el diario batallar por la subsistencia de unas gentes sencillas, limitadas por el aislamiento geográfico y por las carencias de todo tipo. Gentes condenadas a llegar al fin de sus días en las mismas condiciones de don Justo, el anciano que es tratado con desprecio por su hijo, y quien parece resuelto a pasar lo que le queda de vida, sentado, rumiando su soledad y atormentado por la culpa de un hecho desafortunado del que fue protagonista hace muchos años. Como lo anotaba alguien, no puede ser diferente la vejez de quien nunca tuvo un acercamiento a las inquietudes del espíritu.

En general se destacó la solidaridad y la alegría que muestran estas gentes en medio de la pobreza y el abandono de esas tierras. Igualmente, la omnipresencia de la televisión que parece ser la única compañía en aquellas latitudes; en todo sitio hay un televisor encendido como posible interlocutor, que se encarga de llevar imágenes de mundos distantes, inalcanzables.

Nuestra amiga, Claudia Peláez, nos envió posteriormente a la proyección, un muy buen comentario que intituló: Bellísima película que habla sin estridencias. Una apuesta a la poética de la sencillez; en esa página resalta la frescura de los diálogos gracias a las características de los actores. Dice además que no son tan simples los personajes pues cada uno tiene un objetivo claro en el viaje que emprende: Don Justo, más que encontrar al perro que se extravió, busca cerrar un capítulo de su pasado para enfrentar la culpa que lo atormenta. María, además de la ilusión de un premio, quiere probarse de qué es capaz sin la tutela del marido y Roberto, con su mentalidad mercantilista quiere continuar reafirmándose en su teoría de que “todo puede venderse si se sabe ofrecer”.

Por último, hay que resaltar las actuaciones pues el único actor de profesión es Javier Lombardo quien interpreta a Roberto; los demás son actores naturales. Don Justo es un mecánico jubilado de Montevideo, María es una joven profesora de música y así todos los personajes que intervienen, como el matrimonio de los reposteros, que lo son en la vida real.

BEATRIZ FLOREZ

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA

 

COMENTARIO POR CLAUDIA PELAEZ

Bellísima película que habla sobre las posibilidades de un cine sin estridencias. Una apuesta a la poética de la sencillez.

Cada persona establece una relación única y particular con la obra que tiene enfrente, bien sea esta una pintura, una escultura, un cuento, una obra de teatro, una película o una obra musical. Y esta relación se define por la impresión inicial que le causa, por su formación profesional y por su bagaje cultural.

Esa impresión o concepto, por tanto, es plural. No puede ser el resultado de un abordaje único. En el caso de la película que vimos el sábado, HISTORIAS MÍNIMAS del director argentino CARLOS SORÍN, debemos lucrarnos de las miradas desde varias perspectivas. Así, los espectadores con formación humanista aportarán su mirada sobre aspectos formales, como el análisis de la cultura que genera la obra, la corriente en la que se encuadra y el tema que trata. Los cineastas, verán el guión, la estructura, el lenguaje de cámara, la puesta en escena, la banda sonora, la dirección artística, etc. Y los artistas miraremos el lenguaje poético, las simbologías, la fotografía, el manejo de la luz, los silencios, los encuadres, etc. Pero todos y cada uno, estamos en capacidad de ver estas perspectivas aunque sea intuitivamente, quizá sin un manejo del discurso que compete a cada disciplina, pero si con el que le corresponde como ser sensible e interesado.

Tal como dije al terminar la proyección de la película, es bueno dejar que las impresiones se decanten en algo que podría llamarse un primer análisis, que en este caso, va a recoger lo dicho por algunos compañeros.

Estas historias entrecruzadas, que aparentemente son mínimas y que así lo creemos por el título que llevan, se crecen hasta volverse universales. Sus pequeños dramas, presentados de forma sencilla, emotiva, sin alzar la voz, sin rimbombancias hollywoodenses, se tornan universales. El director orienta su mirada hacia los valores humanos eternos: la solidaridad, la ingenuidad, la ilusión, la perseverancia, saliéndose un poco del estilo road movie donde los relatos son melancólicos, lentos, planos. La sencillez emotiva y la realidad de estos personajes, hijos de una geografía y un tiempo particular, nos llevan a establecer un paralelo entre su vida y las nuestras. Hay un sentido épico en las pequeñas gestas de todos ellos, al igual que en las nuestras.

Es de resaltarse, porque resulta paradójico que en un paraje como este en donde no pasa nada ni nadie a menudo, la compañía obligada en cada escala sea la televisión, siempre encendida como un personaje más en escena. Sorín elabora una sutil y aguda crítica a lo peor de la televisión satelital, que inunda la Patagonia con situaciones –mundos– que nada tienen que ver con lo que ocurre aquí. Impresionante el paralelo con la invasión de realities y programas de otras latitudes que han contaminado nuestra forma de vivir aquí en Colombia.

Toda la acción, se desarrolla en un lugar de la Patagonia entre Fitz Roy y Puerto San Julián a 300 km de distancia. Una zona vacía, donde la ruta es el elemento visual más importante, el camino que atraviesa parte del desierto con sus larguísimos horizontes es el escenario donde se ven imágenes bellísimas, como la sombra del auto en la carretera.

Los personajes son simples porque con no actores se puede acceder solamente a una gama de personajes muy simples, no se puede hacer una problemática muy compleja, porque no hay con qué. Así, quien hace el personaje es muy parecido al personaje, porque la persona que se pone delante la cámara no construye un personaje, no hace de. Construye un personaje de sí mismo. Por eso la frescura y la transparencia de las escenas. Salvo Roberto, que a mi parecer desentona, porque se ve que tiene formación actoral y Julia, la mujer que recoge en su carro al viejo caminante, quien presenta el justo punto medio entre un actor natural y un actor profesional. El punto común entre ellos es su determinación para alcanzar sus objetivos. Justo, más allá de encontrar al perro, lo que quiere es cerrar ciertos capítulos aún pendientes en su vida y poder enfrentarse a su culpa. Por eso, la distancia no se constituye en un obstáculo para él. Solo espera encontrarse con el único ser que lo conoce y sabe de sus errores y pecados. María, más allá de participar en un concurso de tv, desea probarse a sí misma de cuanto es capaz, lejos de la tutela de su marido y de su encierro. Y Roberto, no va en pos de la conquista de una viuda, solo desea acomodar todas las instancias de su vida a la teoría mercantilista. Todo puede venderse si se sabe ofrecer. No son tan mínimos los personajes, no son tan insulsos sus sueños. Todos van en pos de un objetivo que trasciende la nimiedad.

Los símbolos visuales son impactantes. Los zapatos de alpinista, rompen con la monocromía del film. Son amarillos con cordones rojos. Son grandes, vistosos, representativos de la aventura épica del personaje. La caja de caudales musical, es un símbolo estético del recurso económico que lo va a llevar a finiquitar su travesía. La caja de cosméticos que María canjea por el multiprocesador, simboliza la belleza a la que ella accede por el simple hecho de sentirse autónoma y capaz. La torta y sus múltiples transformaciones, representa la flexibilidad y la perseverancia del vendedor.

Drama social, película costumbrista, poesía del espacio?

Claudia Peláez

Agosto 15 de 2010

COMENTARIO POR CARLOS MARIO GONZÁLEZ

Apreciada Claudia:

Muchas gracias por tus comentarios sobre la película, los cuales denotan no sólo una mirada atenta sino inteligente y propia sobre la narración que ella nos presentó. En líneas generales, comparto con vos la valoración que hacés de la realización lograda, pero en algunos asuntos, no diría tanto que discrepo, sino que matizo las cosas de manera diferente a vos, en particular en lo concerniente a una dimensión que para mí es fundamental en el arte: el efecto filosófico que éste produce, es decir, el efecto de perturbación que suscita para hacer, por ejemplo, en este caso, del sentido que cobran las vidas un dominio para la interrogación profunda y decidida. Me explico: para mí el arte, para este caso el cine, vale en tanto los elementos y el orden formal logran confeccionar la emergencia de significaciones que conducen a tomar en serio la vida propia y la de los demás, permitiendo objetar unas sendas y exaltar o descubrir otras, siempre en función de propender por una existencia que, para todos, pueda estar a la altura de sus posibilidades. Nunca he entendido el engolosinamiento de algunos artistas -no digo, ni de lejos, que sea tu caso- con lo que yo llamo el "efectismo formal", que sólo sirve para producir impresiones inmediatas, pequeñas capturas en la sensación, livianos placeres de los sentidos, pero que es incapaz de producir consecuencias duraderas y profundas en quien expecta la obra. Por esa vía se termina en el gesto meramente contemplativo de algunos artistas o en derivas de sospechoso romanticismo sobre la belleza de la vida "sencilla, ingenua y modesta", sólo que quienes exaltan esto último siempre se refieren a la vida de otros no a la propia, pues para sí quisieran una vida compleja, de múltiples posibilidades y de elevados ideales. Vuelvo a repetirme: no estoy pensando en tus apreciaciones, las que en general comparto, sino que quiero resaltar el carácter filosófico, social y político de todo arte, valga decir, la potencia de éste para someter a interrogación los modelos y las posibilidades que cobra la vida, y no como asunto de unos cuantos sino de todos.

Bien sé que a lo anterior el discurso posmoderno responderá con su manido y gastado estribillo del "pluralismo", del no "direccionamiento" de la vida de los demás, de la belleza de las "pequeñas cosas", y una serie por el estilo de planteamientos que tras su apariencia de democracia y tolerancia sólo encubre la resignada aceptación de la vida que a cada cual le cupo en suerte, sin plantearse, para repetir una socorrida expresión de Musil, que "si hay principio de realidad, no debe olvidarse que también hay principio de posibilidad". Es decir, si la vida es lo que es, sobre todo la de tantos seres conculcados de condiciones efectivas para ella, es bueno advertir que esa vida no tiene por qué ser así, ni que hay una especie de fatum que no nos deja sino en plan de contempladores de lo que tenemos en frente, mientras calmamos un poco nuestra mala conciencia cantando loas, como en los malos bambucos, a la belleza del pueblo simple y llano. Yo acato la singularidad de la experiencia humana, la pluralidad de sus manifestaciones, pero mientras éstas sean la traducción de sendas propias trazadas desde el ofrecimiento de condiciones efectivas, materiales y concretas, que permitan decir que la existencia de uno es de uno, porque en un juego de opciones a las que se tenía acceso se eligió un camino que permitió alcanzar la singularidad propia, pero a mí nada me puede hacer brillar como enaltecidas las vidas de unos seres que perdieron el diálogo, que están entregados a un desgaste del tiempo en función de pequeños, insulsos y enajenadores objetivos, de seres que rayan en tal pobreza que la valoración de sus acciones no encuentran mas "interlocutor" que un perro pues, mas bien, no puedo dejar de pensar que hay algo infinitamente pobre y triste en existencias que agotan este "instante de 70 años" en formas que no les permiten ni realizaciones que los recreen, ni ideales que los eleven, ni vínculos humanos que les permitan sentirse algo cercanos en esta soledad que nos signa como humanos, esto es, existencias tan áridas como el desierto por el que deambulan los personajes de la película.

En fin, acorde con lo que dije al comienzo, a mí no me interesa en el arte el detallismo formal por el simple "encanto" formal, no me cautiva el malabarismo técnico o las piruetas excéntricas con las que muchos, que fungen como artistas, quieren simplemente gritar a los cielos una excepcionalidad que no poseen y que son incapaces de lograr por la vía de hacer del arte ese maravilloso invento que nos permite articular simultáneamente la sensibilidad, el sentimiento y el pensamiento, al contrario, me interesa el arte que, como decía Kafka, sea "un puñetazo en pleno rostro" que obliga a preguntarse y a decidirse respecto de ese complejo "todo" que constituye para cada cual la posibilidad de estar un ratito en la vida. El arte para consumir impresiones y para, a nombre de la pluralidad, sacralizar la pobreza material y espiritual en que este tipo de sociedad sume, por falta efectiva de condiciones, a la mayorÍa de los seres humanos, es un arte que no puedo decir que me deja sin cuidado pues me interesa para combatirlo, pero si es un arte que, hablando estrictamente, no merece llamarse tal, pues su función, su sentido y su término no va mas allá de entretener la vida, distando años luz de la tarea que compete a toda obra que sí merezca el adjetivo de artística: resignificarla.

Sí, a mi también me gustó mucho la película, me pareció que logra una confección formal y técnica, además de un nivel de actuación, que consigue conmoverlo a uno porque en esas "historias mínimas" se encuentran las "miserias máximas" de ciertos destinos humanos, que no se pueden encubrir con el velo romántico de quien a la distancia exalta la vida de otros que jamás quisiera para sí o de la que no aprende sino por lo negativo, pues es muy miserable el lugar en el que se encuentra un hombre que tras abandonar vilmente a alguien a quien a herido de gravedad, sólo le queda para elaborar la angustia y el sentimiento de culpa hundirse en el silencio o aspirar al "encuentro" con un perro; es muy miserable el destino que se ha concretado en un ser que para enfrentar las opresiones maritales sobre la mujer apenas cuenta con la salida enajenadora de un estúpido concurso televisivo; es muy miserable la forma de andar por el mundo de quien no tiene otra referencia que libros de "superación" personal que le codifican el ser como puro ejercicio de mercadeo; en fin, historias "mínimas", pero no por bellas en su simpleza, sino por pobres en sus posibilidades y en sus realizaciones, valga decir, es la vida llevada a ese mínimo de humanidad que se expresa como mera sobrevivencia en el marco de un tiempo que se desliza en la pura pérdida, mientras lanza esas existencias al vacío de la inanidad. En términos escuetos: ¿quién de nosotros quisiera esa vida para sí? ¿quién, de verdad verdad, quisiera que la vida le diera un perro para encarar sus dramas, un concurso para escapar a sus opresiones o una jerga mercantil para resolver su cotidianidad?

En todo caso, apreciada Claudia, porque me permitió sentir y pensar esto que acabo de decir, es por lo que esta película me gustó tanto que, atendiendo a mi criterio para dirimir que ha producido un efecto artístico en mí, la volvería a ver, sin arredrarme ante quienes ven en mi juicio una forma de desconocer la "maravillosa diversidad humana", pues más bien refrendaría mi argumento de que tal pobreza material y espiritual atenta contra la efectiva pluralidad que nos habita como posibilidad a los seres humanos. Pero sea esto que acabo de decir, sólo expresión de eso que vos resaltás al comienzo de tu comentario y que concierne con las miradas varias que soporta una obra, advirtiendo, eso sí, que para no caer en esa lamentable imagen de que tolerar al otro es no decir nada sobre lo que él ha dicho -lo que es tanto como no escucharlo-, es necesario poner en diálogo esas miradas, confrontarlas, tensionarlas y lograr que escapen a esa forma triste de la resignación y el desconocimiento que predica que sobre todo o sobre cualquier cosa, todo el mundo tiene "su" verdad y que el testimonio de respeto por ésta es simplemente no intervenirla para nada. Creo que el sentido que le han dado los organizadores a "Cine en conversación" es el de propiciar la palabra que, puesta en la liza del diálogo, sabe que la discrepancia y la controversia son saludables potencias de éste. Dicho sea de paso, y ya que los mencioné, me gustaría hacerle un reconocimiento y expresarle sincera gratitud a Gustavo, Beatriz, Oscar, Santi, Dayana y Eduardo, por su capacidad de organizar y regalarnos un espacio tan amable y significativo como es el de este encuentro quincenal con el cine.

Con un cálido saludo

Carlos Mario.

 

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