«Tomarse en serio la vida, el arte y el pensamiento es ya una manera de oponerse a la tendencia dominante de nuestra civilización »

— Estanislao Zuleta

Cine en conversación, sesión de abril 20 de 2013

 

CICLO: MICHAEL HANEKE, LA PROGRESIVA GLACIACIÓN EMOCIONAL.

DIRECTOR: MICHAEL HANEKE.

AÑO: 1992

PAÍS: AUSTRIA.

DURACIÓN: 105 min.

 

 

Benny es un chico de 14 años, hijo de un matrimonio tradicional, acomodado; estudia en un colegio de buena reputación y si bien no es muy brillante, al menos tiene el talento para entonar con gracia las cantatas de Bach. ¿No parece incluso su nombre tierno e inofensivo? Los padres de Benny se preocupan por él, a la manera de pequeños burgueses que no tienen tiempo suficiente, y para demostrarle un poco de cariño a su hijo, lo dotan de un equipo de video para que “pase el tiempo”. El chico se hace asiduo visitante de un videoclub, renta películas de terror y graba todo cuanto le interesa; en su habitación, cerrada a la luz del sol, aparecen instaladas pantallas en una de las cuales se nos muestra en tiempo real lo que sucede afuera del edificio en el que vive. En definitiva y hasta aquí Benny podría ser aquel chico, vecino nuestro, que llamamos “normal”, joven promedio, hijo de padres normales, que estudia en un colegio normal, que gasta sus horas de tedio en lo que cualesquiera creería es lo normal. ¿Pero entonces por qué este joven, frente a las mismas cámaras instaladas en su habitación, termina asesinando y grabando, a esa adolescente desconocida que conoció en el video club y llevó hasta su casa, aprovechando la ausencia de sus padres, con la misma arma que se utiliza en una granja para matar a los cerdos? La pobre joven muere como el puerco indefenso que vio en un video de su victimario, en tanto éste, indolente, sigue su rutina. Y serán los padres del adolescente, esos extraños, quienes secundarán el crimen. En tanto el padre limpia la casa de cualquier huella, la madre se lleva a Benny de vacaciones a Egipto. Sin embargo, al retomar de nuevo la antigua monotonía familiar, ninguno de los padres sospecharía que sería el, su propio hijo, quien los delataría.

 

 

Asistimos a una película que se nos presenta en múltiples pantallas, en la cual vemos la realidad mediada por una, dos, tres y más cámaras dentro de la cámara principal. Este efecto produce un juego inquietante del mostrar y el no mostrar, de ver y no ver. El homicidio de la joven lo presenciamos observando una pantalla; sin embargo el sonido, los gritos, los disparos los escuchamos como si estuviésemos dentro de la habitación. De ahí que las escenas más crudas se filtren y sean casi más soportables gracias a este recurso de introducir otra pantalla. Igualmente, la presencia de las diferentes formas en que se nos suele mostrar algo, televisión, película, grabación de video casero, etc., recuerda la relación particular que en este tiempo se ha entablado entre los medios y el espectador. Quizás por eso la película hace una crítica directa a esos medios masivos de comunicación y a la manera en que los utilizamos; de ahí que a pesar que Benny cae en el usual zapping, pasando entre desfiles de moda, persecuciones y noticias, podría enunciarse también que allí no pasaba nada.

 

Nada. Esa es la significación que termina resaltando en la actitud de Benny. Asesinó a la chica por nada, porque sí, la grabación de la entrada de su casa no mostraba en el fondo nada, su relación con sus padres no conducía a nada. Similar a lo que con la matrioska de la joven, que luego de destapar muñeca tras muñeca, sólo queda el vacío, en la actitud de Benny el desconcierto surge de la ingratitud y la indolencia, de la sangre fía y la falta de compasión de un ser que se descubre como un adolescente sin ley, sin rumbo, asumiendo indiferente su canallada, quien incapaz de dar cuenta de sus actos sólo le queda como respuesta un cínico porque sí. ¿Cómo es que se llega a configurar un ser de este tipo, el cual no es extraordinario sino que por el contrario tiende a volverse repetitivo en la sociedad? ¿De dónde viene eso que sería denominado en muchos casos como el monstruo del mal? Las dos figuras que representan los padres del protagonista no están exentas de responsabilidad, pues el encubrimiento no fue un acto aislado más, ellos mismos contribuyeron en la formación de su hijo. ¿Qué educación le dieron? ¿Acaso fue suficiente brindarle materialmente lo mejor? Esa tendencia, no sólo en ellos sino tan propia en nuestro tiempo, de liberar a ese otro, hijo, adolescente, de su primera responsabilidad en la vida: “hacer frente a las consecuencias de un acto”, llega hasta el extremo de que ambos padres quieren restarle culpa a Benny simulando, en otra ficción, que no ha ocurrido nada. Pero entonces ¿Por qué el joven termina delatando a sus padres? ¿Lo tenía todo planeado de antemano y por eso los grabó en tanto planeaban partir a trozos el cuerpo de la chica o acaso fue un capricho más para saber qué iba a pasar?

 

 

Esta película de Haneke, cruda, difícil, profunda, difícilmente ¿bella?, que radiografía la lógica absurda que se percibe en una época donde el mayor acontecimiento de la vida, la muerte, pierde toda posible significación, nos obliga a reflexionar los valores sobre los que estamos soportando nuestra muy frágil humanidad. Y ¿Qué es lo real? ¿Acaso todo lo real, ya sea visto por una pantalla o directamente, tiende a banalizarse? Entonces recordamos el artefacto para matar cerdos que trae la realidad absoluta e implacable de la muerte; sin embargo sólo si la muerte está cargada de la significación que otro ser nos ha transmitido es que toma importancia y no deja de ser una anécdota, una imagen reiterada del zapping, una proyección más en la pantalla de un chico que nos mira, acaso sin sonreír, sin inmutarse, sin pensar en efectos y consecuencias, pues en el fondo, ese chico solitario que tiene el control lo único que ha aprendido en la vida es que “no le importa nada”.

 

 

Eduardo Cano

 

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA.

 

 

 

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