In Memorian Sergio Urrego

Se llamaba Sergio Urrego. Tenía apenas dieciséis años y era un joven inteligente, de carácter y, sobre todo, vital, encantado con las posibilidades que le pudiera deparar la existencia por venir. Pero no hubo tal futuro, pues el 4 de agosto pasado levantó la mano contra sí mismo. Sin eufemismos: el 4 de agosto pasado se suicidó. Al suicidio acude alguien por una o varias de las tres razones siguientes: 1. Porque limitaciones de salud vuelven la sobrevivencia un suplicio cotidiano; 2. Porque el sentido de la vida se ha resquebrajado de manera irreparable; y 3. Porque algunos se aplican, impíamente, a hacerle la vida imposible a otro, a asfixiarlo, a demolerlo hasta, prácticamente, arrojarlo por el precipicio.

Deporte, sociedad y civilización*

andres-escobar

Para Lucas, mi amigo de once años, con quien compartí
la insondable tristeza del asesinato de Andrés Escobar,
a cuya memoria, él y yo, dedicamos estas líneas.

Carlos Mario González Restrepo.

Miembro de CorpoZuleta 2007 - 2015

I

Ambivalente, por decir lo menos, es la posición de la sociedad actual frente al deporte. Por una parte lo prohija, lo promueve, le brinda el estatuto de fenómeno de masas con una capacidad de planetarización como a ninguno otro. Es evidente el peso que tiene el deporte, ya sea en calidad de practicante o de espectador, para la gran mayoría de la humanidad en los tiempos que corren. Pero de otra parte esta misma sociedad, en la escala de valores con que mide lo importante, lo considera secundario, ligero y sin trascendencia. De un lado, con relieve especial, se ponen el trabajo, la inteligencia y la seriedad, mientras de otro, como expresiones no fundamentales, aparecen el ocio, el cuerpo y el placer. Esta partición, que reproduce a su manera la ya secularmente arraigada en nuestra cultura entre espíritu y materia, da cuenta de la oposición entre inteligencia y deporte que se expresa en las sociedades del presente y que cobra forma en el deportista inculto y tosco (puro cuerpo) y en el intelectual debilucho y enclenque (puro espíritu), además que señala una de las causas del sensible alejamiento y arrogancia con que el mundo académico excluye al deporte del ámbito de sus preocupaciones y reflexiones.

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La vida humana, tanto la personal como la social, nunca logra formas perfectas o ideales. Quien plantea que sólo actuará si tiene la certeza de alcanzar un logro sin falla alguna, sencillamente se hundirá en la impotencia y la parálisis, cuando no en el pesimismo desolador y el desvergonzado cinismo. No, la vida no se desenvuelve según la falsa opción "lo ideal o nada", la vida se hace con la sensatez y el buen juicio que lleva a dirimir, entre el juego de opciones realmente existentes, aquella que de forma más apropiada nos mantenga en la senda de la mejor vida posible. Incluso en los momentos más turbios y difíciles, y ahí con más razón, debemos saber elegir a favor de lo menos perjudicial, de lo que nos ofrezca mejores condiciones de cara a la vida que queremos tener. En momentos de oscuridad –y la oscuridad agobia el presente de Colombia- debemos ser como el náufrago que arrojado al mar amenazador se aferra al pedazo de madera que flota a su lado, aunque éste diste mucho de ser el cómodo yate en el que él quisiera ir. Lo seguro es que el náufrago no razonará así: "como no tengo a mi alcance el yate que quiero, me da lo mismo aferrarme a esta tabla que abandonarme al mar incierto". No, sabemos que así no pensará el náufrago y que entre los dos males –el precario tablón y el entregarse al mar fatal-, él sabrá elegir lo menos peor.

La Primera Guerra Mundial, guerra atroz como atroces son todas las guerras

"Sólo un pueblo escéptico sobre la fiesta de la guerra y maduro para el conflicto,
es un pueblo maduro para la paz"

Estanislao Zuleta

En la mañana del 28 de junio de 1914, sobre Sarajevo, capital de Bosnia, se cierne un cálido día de verano, pletórico de luz y radiante de alegría. El mundo amanecía bello y esperanzador. De verdad, daba ganas de vivir. De pronto, un par de truenos desgarran la idílica mañana. Son dos balazos escupidos por un revólver. Son los dos primeros balazos de la I Guerra Mundial. Cuando cuatro años después, el 11 de noviembre de 1918, se logre poner fin a la contienda, sobre los campos de Europa yacerán 17 millones de cadáveres, al tiempo que millones de heridos y lisiados, de familias destrozadas por el dolor de la abrupta muerte de padres, hijos o esposos, dibujarán el paisaje de un continente que tendrá que encarar su reconstrucción a partir de una economía destrozada, del campo arrasado y de las ruinas de muchos pueblos y ciudades. Con razón se ha dicho que es mucho más fácil desatar una guerra que terminarla, que es más sencillo incitar a la contienda bélica que llamar a su conclusión, sobre todo cuando los guerreristas desde sus cómodas mansiones y con sus hijos bien protegidos la proclaman para hacerla con los hijos de los desposeídos y a costa de los cadáveres de los abandonados de la tierra. Con toda seguridad los 17 millones de muertos que sembraron de tumbas el suelo de la cultísima Europa no fueron en su inmensa mayoría los hijos de la burguesía o de la rancia aristocracia del viejo continente, sino los hijos de los obreros y de los campesinos pobres. El viejo truco siempre se repite: desde sus palacetes los poderosos convocan a la guerra patriótica, pero serán los pobres los que con sus muertos, heridos y amputados habrán de pagar el precio.

Ante un destino

Juan Fernando Pérez

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Meditación y anhelo
en un momento (pocos días después del 9 de abril del 2013) en que me parece sensato tener la esperanza de que en el pedazo de La Tierra donde habito se ha de poder definir un pacto honorable y honrado que consiga detener el curso de una guerra plena de actos infames de parte de todos los implicados, que han ensangrentado este rincón del mundo y que, de múltiples maneras han envilecido a tantos de sus moradores. Al detener ese curso fétido se podrá acaso edificar en el lugar algo mejor de la que hemos conocido, quizás algo sólido, que incluya lo grande, lo menos injusto y en donde sea posible una auténtica alegría; también la creación y la capacidad para reducir lo necio y lo ruin que allí exista.

2

Sobre-una actividad-del-pensamiento-en-la-coyuntura

Isa, Alejo, Diana, Lorena, Alba, Santiago, seis que querían conversar sus lecturas que habían hecho de algunos apartes del texto Comentarios a Así hablaba Zaratustra de Estanislao Zuleta, se comprometieron la tarde de un día miércoles, en casa de Isa, a hacer una actividad del pensamiento que vinculara la situación política más reciente del país donde viven, que es Colombia, con las ideas que la lectura de los pasajes les había suscitado:
«¿Qué significa hacerse hijo de este momento, de esta circunstancia política nuestra que significa la contienda electoral? ¿En qué consiste convertirse en ese hijo, hija? ¿Y cuál es la significación social que hay en esa contienda? ¿Se trata del mismo momento social, individual, existencial para todos los integrantes de la sociedad colombiana, esta coyuntura nuestra?», se preguntaron, y como anhelaban pensar, sucedió que esas preguntas les condujeron a muchas otras: «¿Qué significa ser ciudadano, y la ciudadanía hoy? ¿Cómo es la ciudadanía nuestra? ¿En qué consiste ser ciudadano? ¿En función de qué procuramos hacernos pensantes?...» Era lo que se podía esperar de una reunión como la suya, cautivados como estaban por la dificultad que les proponía comprender algo de la aventura del hombre que un día dejó su pueblo para ir a buscar una verdad que traerle, por el pensamiento de Nietzsche a través de esa aventura de Zaratustra, por la interpretación de Estanislao de esa invención del filósofo alemán —de la que se ha sirvió el pensador colombiano mismo para proponer una práctica fuerte y rica y revolucionaria de la lectura—.

voto Mario-Arrubla

Dice hoy (29-5-14) el análisis de “Semana.com":
"El voto en blanco se convirtió en una alternativa para quienes no quieren matricularse en el santismo o el uribismo".

--Yo no quiero matricularme en el santismo ni en el uribismo. Matizo esta declaración, sin embargo: no quiero matricularme en el santismo, pero todavía quiero muchísimo menos matricularme en el uribismo. Y extiendo eso a mi país: no quisiera que mi país fuera santista, pero me espanta y me deprime que la autoridad de Uribe resulte consagrada electoralmente.

--Como en las próximas elecciones no puede ganar sino Santos o el candidato de Uribe, el voto en blanco es una expresión simbólica que dice: Hago constar con este voto que da lo mismo que gane el uno o el otro. --Aunque con cualquier resultado electoral nuestro país, en el futuro inmediato, seguirá siendo radical y desvergonzadamente neoliberal, y su gente y su territorio, con el patrocinio legal y el beneplácito del Estado, seguirán ofrecidos sin protecciones de ninguna índole a los mejores postores multinacionales, yo no voy a decir con un voto en blanco que el liderazgo derechista de Santos da lo mismo que la restauración del uribismo fascistoide y persecutorio.

--El voto en blanco es ciertamente un acto de manifestación simbólica. Pero si lo que manifiesta es que da lo mismo el santismo derechista que el uribismo fascistoide, yo pienso que no se debe votar para decir eso por la simple razón de que esa equiparación es falsa y puede tener consecuencias políticas nefastas.