Sobre-una actividad-del-pensamiento-en-la-coyuntura

Isa, Alejo, Diana, Lorena, Alba, Santiago, seis que querían conversar sus lecturas que habían hecho de algunos apartes del texto Comentarios a Así hablaba Zaratustra de Estanislao Zuleta, se comprometieron la tarde de un día miércoles, en casa de Isa, a hacer una actividad del pensamiento que vinculara la situación política más reciente del país donde viven, que es Colombia, con las ideas que la lectura de los pasajes les había suscitado:
«¿Qué significa hacerse hijo de este momento, de esta circunstancia política nuestra que significa la contienda electoral? ¿En qué consiste convertirse en ese hijo, hija? ¿Y cuál es la significación social que hay en esa contienda? ¿Se trata del mismo momento social, individual, existencial para todos los integrantes de la sociedad colombiana, esta coyuntura nuestra?», se preguntaron, y como anhelaban pensar, sucedió que esas preguntas les condujeron a muchas otras: «¿Qué significa ser ciudadano, y la ciudadanía hoy? ¿Cómo es la ciudadanía nuestra? ¿En qué consiste ser ciudadano? ¿En función de qué procuramos hacernos pensantes?...» Era lo que se podía esperar de una reunión como la suya, cautivados como estaban por la dificultad que les proponía comprender algo de la aventura del hombre que un día dejó su pueblo para ir a buscar una verdad que traerle, por el pensamiento de Nietzsche a través de esa aventura de Zaratustra, por la interpretación de Estanislao de esa invención del filósofo alemán —de la que se ha sirvió el pensador colombiano mismo para proponer una práctica fuerte y rica y revolucionaria de la lectura—.

Lo suyo de ellos, por la actividad que hicieron, fue llegar al reconocimiento de una tensión que enunciarían casi al final de ella como la que hay entre el filosofar y el politizar, entre el ser filósofo y el ser político: Filosofar la coyuntura. ¿Y eso "con qué se come"? Sobre la mesa en torno a la cual estaban, la anfitriona había dispuesto algunas unos dulces que había traído Diana y unas viandas preparadas por ella misma, y una cantidad de licor en cada vaso. Esto suficiente para hacerle frente a la indigestión anímica propia de su actividad que comenzaba. Hicieron un repaso de lo que habían escuchado que era, y de lo que podían reconocer ahí, la sociedad suya, la colombiana:
«Una ciudadanía que no critica y que no se deja criticar. Una sociedad donde predomina el pensamiento religioso, se crea o no en dios alguno. En nosotros mora el autoritarismo, y anhelamos un ejercicio autoritario de los poderes. Tendemos a reducir el pensamiento de lo que nos ocurre como individuos y como sociedad, a la moralización de eso. Se da entre nosotros la inconsistencia de la lógica: un candidato aparece filmado en un video, luego miente diciendo que no es él el hombre que sí aparece en el video, sobre la verdad de que era él quien estaba participando de un atentado contra el Estado no queda duda, y sucede que integrantes de la sociedad no ven en eso una confirmación como la que reza: "si he mentido en esto, ten por seguro pueblo que te he mentido antes y que te mentiré luego, y que cuando lo estime necesario atentaré contra el Estado". Necesitamos de la construcción de una ciudadanía participativa, solidaria, democrática, y de espacios sociales para hacer esa construcción, etc.»

Este repaso de una lectura de la sociedad suya del país Colombia, derivó en otra interrogación bien curiosa que diría en bocas: «Podemos tener la realidad social nuestra, exagérese: toda ella enterita, delimita, explicada, sobre esta mesa, en lugar de tener estos vasos llenos a medias de vino, los recortes de pan, esta rica salsa amarillosa para untarlos, aceitunas, etc., bien, preguntémonos para qué hacer eso con ella, qué hacer con esa realidad nuestra ante nosotros, y qué uso hacer de las radiografías que se obtengan de ella...». Para una interrogación como esta que en una exageración incluía tener a la realidad social de su país servida a la mesa, no tendrían todavía una respuesta que fuera lo suficientemente clara, pero sabían, así lo intuían, y tenían una convicción fuerte en esa sabiduría limitada: la de que conocer lo mejor posible la realidad social que viven es de lo más útil para actuar, para intervenir, para hacer incidencia en ella, para contribuir a su transformación. Por esta interrogación que se hicieron, vino el recuerdo de la columna de algo como un intelectual del país suyo, publicada en días recientes en el diario El espectador:
«La columna del señor William Ospina. Esta expresa y manifiesta una relación con las ideas, la suya, que no tiene asiento en la realidad social más actual del lugar, o país o sociedad, la Colombia que aparece mencionada en ella. Es como si una suerte de Zaratustra se hubiese elevado tanto en su trabajo que llegase hasta perder el contacto con el suelo que alguna vez pisaban sus pies.» «¿O será que el señor Ospina piensa de la recepción desfavorable que tuvo entre tantos colombianos su desafortunado pronunciamiento, lo que se dijo para sí mismo Zaratustra cuando habló a los habitantes de La Vaca multicolor: que ellos no tenían oídos para escuchar la verdad que él les traía de las montañas?» Esta respuesta del señor Ospina a la situación de la contienda por la dirección del país, otorgando su preferencia al candidato señor Zuluaga abanderado de la concepción que para el destino de los habitantes de Colombia consiste lo que se ha llegado a llamar el Uribismo, les recordó la resolución del senador de la nación integrante de lo que se ha dado en llamar el Polo Democrático, el señor Jorge Robledo: «...él está paralizado con las ideas que arman su ideología, y así permanecerá hasta el día en que la realidad de Colombia sea según como se la representa con esas ideas suyas de su ideología, es decir que no se moverá más.» «Quizás lo que expresa su resolución de votar en blanco y de invitar a que se vote así, sea que cree en la agudización de las contradicciones que llega a ser una tan grande, que la tensión se rompe, es decir: hasta que el país explota.» «¡Pero que creencia tan temeraria la de ese señor!», opinión esta que cobró expresión en sus facciones: «¡Tanto que llega a ser irresponsablemente histórica!» «Eso sería un pensamiento religioso: aferrarse a las ideas y esperar a que la realidad llegue a estar domesticada por ellas, como una nenita que se sienta a mirar a su compañero de la infancia, un oso de peluche encantador, y espera y espera a que éste parpadee, hasta quedarse en blanco...» «¡O hasta invitar a votar en blanco!» «Eso sería tener una relación animista con las ideas.» «Están enterrando a lo que ha llegado a ser el Polo por no saber leer la coyuntura, para actuar con pertinencia histórica en ella, y afirmarse entonces socialmente como alternativa para el país.»

Si esas dos posiciones, la del señor doble u Ospina y la del señor Robledo, expresan algo del conjunto de la sociedad colombiana, esto más o menos sería: que no tiene las plantas de los pies donde sucede que vive, piensa y actúa, o que las ideas lo han convertido en una mole a la que se le dificulta movilizarse donde vive, piensa y actúa. Consideraciones como estas, que ponían en el centro a la realidad social, a la necesidad de pensarla y de actuar en ella, y de posicionarse, les condujo a una interrogación con la que hacían puente otra vez con las reflexiones de Nietzsche, de Zuleta, y con las ideas que tenían al respecto:
«¿Hay una riña entre el pensamiento y la necesidad de actuar?» «A las trasformaciones del espíritu, podría pensárselas como retos y exigencias para la vida personal, para la vida en colectivo, para la vida en sociedad.» «Podría pensarse que de lo que se trate tenga que ver con encontrar una suerte de equilibrio entre el deber, el querer, el proponer para la vida personal y para la vida en sociedad, para la vida privada y para la social.» «No son fáciles. Es una cosa espiritual, del orden de lo individual.». Esta última intervención veía en el ser que era un camello, un león y un niño simultáneamente, una realización que se cirunscribía a lo que cada individuo podría hacer con su vida. «¿Cómo podría ser una política de Estado, por ejemplo para la educación o para la forjación de la ciudadanía crítica y participativa y solidaria, que pretenda en los educandos y ciudadanos la formación en un proceso como el que propone Nietzsche a través del viajante Zaratustra? ¿Y para qué le interesaría a un Estado una formación así de las personas que sus poderes cobija? ¿De qué Estado se trataría?...» Se trataría de un Estado capaz de hacerse con sus ciudadanos, en su conjunto, y no a pesar de ellos y sacrificando a la gran mayoría, o a las minorías, y que tendría en cada uno de sus gobiernos un encargado suyo de esa labor mayor. «¿Y qué sujetos de los habitantes de La vaca multicolor, hay presentes en la sociedad nuestra?» «¿Se da entre nosotros que viva en nuestro pueblo el último hombre, o el hombre de la consciencia desgarrada, o el superhombre?» «Muy difícil responder a eso, y hacerlo con utilidad. Pero lo que sí se puede contestar es que la sociedad hay que hacerla con los sujetos que haya entre nosotros, que seamos.» «Es una crítica a la racionalidad, la que hace Nietzsche cuando Zaratustra le habla a los del pueblo suyo cuando regresa: sucede que se puede creer en ella, en la racionalidad, tal cual como se cree en dios, en dioses, y lo que es peor: actuar o dejar de actuar como se hace a nombre de la creencia en él, o en ellos.»

Este último pasaje de la conversación se ligaba con la interrogación por lo que hacer con la realidad del país sea que se tenga o no puesta sobre la mesa, o sobre una mesa como la de las negociaciones de paz actuales que tiene lugar en La Habana entre el gobierno vigente y la vigencia de la guerrilla de las Farc. Otro frente para la actividad que hacían se abrió con otras preguntas a propósito de lo que ocurre con esa mesa de allí: «¿Cómo piensa, cómo razona en Colombia sus gentes el proceso de paz en curso, las negociaciones que iniciaron el Gobierno actual y la guerrilla de las Farc? Esta contienda electoral, según como se resuelva, será una situación muy propicia para ser leída a la luz de esta cuestión, para lo que sea de la historia nuestra.» «¿Qué significa interpretar esa situación que se dé en el resultado de las elecciones del próximo domingo, y la realidad? ¿En qué consiste hacer eso? ¿Y qué significa escribir en la coyuntura?» Preguntas estas que los harían volver al ser pensante, o al hombre que se tiene a sí mismo por un pensante, ubicando un problema mayúsculo a la actividad que hacían, y que podría recogerla hasta donde iba y para lo que seguía: el vínculo entre pensamiento y poder e intereses. «El que quiere ser pensante es un interesado, o está atravesado por intereses.» «Sólo se piensa cuando se tienen intereses. Si sucede que nada nos interesa, entonces nada pensamos.» «¿Qué intereses movilizan al que piensa: la verdad o las verdades; la intervención en la realidad del lugar donde vive?...» «¿El ministerio de Cultura nuestro, según rumores para el caso este del señor Ospina?» «¿En qué consiste su convicción, y cuál es esa? ¿Y cuáles los orígenes de esa convicción suya?» «¿Qué es el pensamiento en la coyuntura a corto plazo?» «¿Y el pensador, la pensadora, ante la coyuntura?»

Para todos ellos se fue desprendiendo una verdad que era clara de la actividad del pensamiento con la que se habían comprometido esa tarde: el tiempo que tenían para hacerla era insuficiente. Y esta era una verdad que tendía "al infinito y más allá". Pero algo estaban consiguiendo con el balbuceo que realizaban sobre la aventura de Zaratustra, con la reflexión del filósofo sobre su época, con la interpretación de Zuleta y con la situación política última de Colombia. De acuerdo a lo que afirmaban en conjunto, una aspiración en la que estaban de acuerdo era la de vivir en una sociedad democrática, aspiración para la cual creían era muy importante contar con el pensamiento, con balbuceos como el que realizaban haciéndose preguntas con otros, en colectivo, con tal de pensar, actuar y elegir acaso mejor. «El pensamiento en una coyuntura como la nuestra es como un jugador que apuesta como mejor puede hacer.», coincidieron en decir Diana e Isa, recordando la imagen que algún día les dejó la lectura de El jugador de Dostoyevski, del hombre que apuesta lo que tiene por lo que puede, sin otra garantía que la esperanza que le va en ello. «En la contienda actual por la presidencia, es una elección que se sabe que no es completamente exitosa, la de elegir por el que sea menos dañino para el propósito de construir la paz, siendo quien es el Santos, pero por lo que su gobierno ha iniciado con la guerrilla, es la elección que conviene realizar.» ¿Qué sucede entonces con los principios y los ideales que se tienen, con los valores que se defienden, cuando la elección que conviene hacer, que hay que hacer, no los representa?

Una salida que se encontró a esa interrogante, primero le vino como el recuerdo a uno de los presentes de una enseñanza de otro maestro. Según ésta decía, el sentido es una construcción que resulta de un encadenamiento, por ejemplo el sentido de una expresión, y no resulta que esté en cada uno de los términos de ella: "Por ejemplo —decía el maestro según recordaba el alumno— en la expresión Ay amor, así no podemos seguir viviendo, que denota un lamento por la pérdida de una pasión de amor, si comienza uno a restar un término de la enunciación a la vez que la pronuncia tantas veces, del final de ella hasta su comienzo, a lo que se llega es a una expresión de júbilo amoroso o sexual, Ay, con lo que queda demostrado que el sentido es la producción que hacen la cadena de significantes presentes en la enunciación." Este recuerdo, le dio pie para decir al grupo a propósito de la pregunta a la que había llegado: «Para salir de ahí, lo que hay que hacer es preguntarse qué significante social–político es hoy por hoy el señor Santos, y no el señor Santos de hace 8 años, para el momento este de la contienda que está por resolverse. Y preguntarse qué otros significantes lo rodean, o que están presentes en la política y en la sociedad ahora: víctimas del conflicto, líderes de la oposición, líderes de la izquierda, organizaciones sociales, personas de toda índole y sectores del país preocupadas por el fin de la confrontación armada, intelectuales, y entonces por el sentido que podría resultar para el futuro de Colombia de una articulación entre todos ellos, de que hagan una cadena que produzca un sentido para la terminación del desangramiento.» Acaso la apuesta lenta pero decidida por el fin de la guerra, la construcción de la paz pues. «No se construye desde el miedo sino desde la esperanza.»

A esa afirmación siguió una pregunta por lo que se avecina con las elecciones: «¿Qué esperanza estamos sembrando hoy cuando votamos, el domingo 15 de este mes cuando vayamos a las urnas?» «Somos hijos de una guerra. Es la coyuntura la oportunidad para construir la paz.» Esto último y el trabajo con otras preguntas que se hicieron, contribuía a contestar a la primera pregunta que se hicieron, a la producción de sentidos para eso de convertirse en hijos, hijas, de la circunstancia histórica actual. Esto consistiría pues en reconocer la significación social de la contienda, la oportunidad valiosísima que se juega en ella para avanzar hacia la paz, y en consecuencia con la apuesta por esa oportunidad, también en cerrarle las puertas del centro del poder que ha llegado a ser la Casa de Nariño, a una comprensión de la actividad vital del país como la que tiene el Uribismo, comprensión que hace de los poderes del Estado herramientas para la aniquilación de la diferencia, para el exterminio de la oposición, para atentar contra la débil democracia nuestra y contra el Estado social de derecho y contra la diversidad que puede llegar a ser el sostén de un Estado democrático, y el sentido mismo de la existencia de éste.

Aspirar pues a una sociedad democrática, y votar por lo que pueda contribuir a la conquista de eso. Lo que en el contexto nuestro podría tomarse como: la superación social, cultural, personal, política, económica de los valores que animan, y los constituyen, a un entendimiento y una práctica de la actividad vital humana como los que defiende el señor Álvaro Uribe. Aunque no reduciendo la conquista de una sociedad así, solamente a esa superación: «Una labor cultural enorme que tenemos, siendo que tantas personas entre nosotros se identifican con lo que él representa» «Y porque ser democrático será siempre muy difícil» «Pero es más rico intentarlo» «Y conveniente para las sociedades» La superación pues de valoraciones como el aprecio de la guerra, la resolución violenta de los conflictos, la negación de todo lo que no es como uno, la superación de ideas tan estrechas y peligrosas como la idea de que la democracia tiene un centro donde uno estaría parado, mirando a los confundidos, malignos, perdidos, opresores, delincuentes que están en torno. Superación que se haría por ejemplo con el reconocimiento de que en un balbuceo como el que ellos hacían hay un campo para la acción por la paz, procurando que cada vez haya más discusiones que incluyan a más personas en balbuceos que comprometen lo que se es y lo que se puede llegar a ser, como individuo y como pueblo, trabajando con preguntas como la que quiere saber por lo que significa construir democráticamente en un país donde no se participa de la democracia, según indica el abstencionismo, y con otras prácticas sociales y culturales.

Creían saber por quién irían a votar este domingo 15 de junio, de acuerdo a la oportunidad que para lo que ven seguir para el país, se juega en esa elección presidencial, o más que saber por quién sabían por el qué y porqué: por la esperanza en la construcción de la paz. «Es más hiriente equivocarse con la razón que con la intuición.» proclamó la anfitriona. «Vamos a optar en un marco coyuntural, por el margen de la posibilidad de la paz.» dijo una voz. Luego interrumpieron su actividad. Se marcharon a otro lugar del centro de la ciudad, con prisa, adonde iban a escuchar una disertación sobre el sentimiento amoroso que, de escucharla, le pondría la pelambre de punta a la bóveda moral en que se tiene a sí mismo el hombre todavía encargado de la Procuraduría General de nuestra nación, siendo que como tantas tendencias ideológicas en nuestro país, es tan estrecha y cerrada y violenta.

Integrantes de la línea de filosofía del
Grupo de estudio crítico de la obra de Estanislao Zuleta.