Seminario El amor, la vida y la muerte a través de la literatura, IV Selección

Selección de cuentos

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Ese nunca suficientemente bienamado hombre que fue Franz Kakfa dijo un día: “un buen libro es un puñetazo que recibimos en pleno rostro”. Curiosa, por decir lo menos, la afirmación del inolvidable funcionario de la compañía de seguros contra accidentes de trabajo. Pero es que él ya nos advertía contra esa tendencia nociva inoculada en el seno de la modernidad que ha dado en llamarse posmodernidad, nombrando con esto la conversión de la vida en algo ligero, desencantado y sin trascendencia alguna. Esta cultura posmoderna se hace agua la boca diciendo que la lectura es “placer”, Franz Kafka, por el contrario, nos dice que la lectura es “goce”. Y es que mucho va del placer al goce, pues el placer es una forma de la satisfacción que concluye en su mismo acontecimiento y que pasa sin dejar nada tras de sí, sin legar marca alguna, sin inscribir el tiempo vivido en la secuencia de un tiempo por vivir; el goce, por el contrario, es el alcance de una dicha suprema que conmueve al humano en su ser y deja una huella imborrable en él, constituyéndose en un elemento que hará presencia en su vida de ahí en más. El placer distrae, entretiene y está hecho para el olvido; el goce conmociona, transforma y deja su trazo para siempre. El placer serena, el goce perturba; el placer es tranquilidad, el goce no está reñido con el dolor, de tal manera que si el placer anhela y quiere las cosas fáciles, el goce señala hacia lo difícil que constituyen los elevados ideales.

Así como esta cultura posmoderna abomina, por ejemplo en el caso del amor, de tomar este sentimiento en serio, de volverlo una potencia creativa para el ser del individuo y lo quiere más bien como un agregado placentero de la vida con el cual no se pone en juego nada esencial, así también esta triste posmodernidad rechaza la lectura en tanto experiencia conmovedora, transformadora y de efectos duraderos, proclamando en su lugar el acto de leer como una simple vivencia placentera, esto es, inane, pasajera e inocua. Así como con el amor, esta cultura quiere que la lectura sea un asunto ligero, que no vaya más allá de lo que es esa fatigante realidad de nuestro tiempo que constituye la compulsión obsesiva al entretenimiento. Entretener la vida, distraerla, tomarla a la ligera es precisamente contra lo que combate la gran producción literaria -y en general los grandes libros- que más bien nos invita a ser profundamente serios y responsables con nuestra existencia y con la de los demás, a darle a la alegría un estatuto más elevado que el del mero entontecimiento y a anhelar un destino en el que se pueda cumplir aquella invocación de Píndaro que tanto gustaba a Niezstche recordar: “Llega a ser el que eres”. Y que los cultores del placer no se llamen a engaño, pues quienes defendemos la vida como un asunto que va en serio no estamos propiamente en el tedio sino en una dicha superior cuando, por ejemplificar, el tiempo nos encuentra arrobados en unas páginas de Shakespeare, de Dostoievsky o de Thomas Mann. El asunto no es proclamar la alegría, la cuestión es preguntarse cómo y con qué se alegra uno.

Este seminario no caprichosamente titulado “El amor, la vida y la muerte a los ojos de la gran literatura”, es un esfuerzo generoso –como siempre- de CONFIAR Cooperativa Financiera y la Fundación Confiar, acompañados por la Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA que pone también su granito de arena en la misma dirección, para contribuir a que los ciudadanos de a pie, esos que desde nuestro anonimato configuramos la sociedad real, hagamos de la vida personal y colectiva algo alegremente serio o seriamente alegre, algo que vale la pena vivirlo bien y bien acompañados, algo que reclama ir de la sensiblería a la sensibilidad, de la emoción al sentimiento, del sentido común al pensamiento y, en fin, algo que nos reclama ser éticos y políticos, para defender y afirmar enconadamente esta vida como eso que va tan en serio que sólo disponemos de ello por una única e irrepetible vez y que no se lo podemos ceder a ese cántico de despilfarro y ligereza a que lo quiere condenar una cultura extraviada de los más elevados ideales de humanidad.

Para eso leeremos gran literatura y en compañía: para hacer un acto de afirmación de la vida, para hacer un manifiesto de reconocimiento a su valor y para asumir una militancia en favor de una configuración humana y social forjada desde la utopía de alcanzar algún día una sociedad más justa, más razonable y más igualitaria. Leeremos literatura, juntos y conversando, no para entretenernos, sino para pensarnos; no para distraernos, sino para transformarnos; en últimas: leeremos la gran literatura no para el vacuo placer, sino para el pleno gozar.

Finalmente, creo que todos los que podremos disponer de este espacio de goce vital que es el seminario “El amor, la vida y la muerte a los ojos de la gran literatura”, le debemos un irrestricto agradecimiento a CONFIAR Cooperativa Financiera y a la Fundación Confiar y muy especialmente a Osvaldo Gómez, gerente corporativo de CONFIAR, y a Martha Restrepo, directora ejecutiva de la Fundación Confiar, quienes con su sincero compromiso ciudadano y su indeclinable sensibilidad social nos deparan esta posibilidad de tomarnos muy en serio el oficio de vivir.

CARLOS MARIO GONZÁLEZ RESTREPO (Compilador)
Profesor Universidad Nacional, sede Medellín
Miembro fundador Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA


 LISTADO DE CUENTOS

Autor

Cuento

Henry James

El alumno

José Donoso

Paseo

Mary W. Freeman

Luella Miller

James Joyce

Una madre

Horacio Quiroga

Una estación de amor

Sylvia Plath

El día en que el señor Prescott murió

F. Scott Fitzgerald

El curioso caso de Benjamin Button

Jorge Luis Borges

El inmortal

Isak Dinesen

El relato del grumete

Thomas Hardy

Los caprichos de una esposa

Juan José Arreola

El guardagujas

Pearl S. Buck El viejo demonio
O’ Henry La media navideña de Dick el silbador
Julio Cortázar Cartas de mamá
Carson McCullers Dilema doméstico
Charles Dickens El fantasma del cuarto del amo B
Adolfo Bioy Casares En memoria de Paulina
Doris Lessing El viejo jefe Mshlanga
Albert Camus La mujer adúltera
Tomás Carrasquilla Salve Regina
Nadine Gordimer Dos metros de tierra