Seminario El amor, la vida y la muerte a través de la literatura, V Selección

Listado de cuentos y memorias

Literatura y conversación

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Somos una criatura insociablemente sociable, es decir, requerimos del otro y, al mismo tiempo, lo rechazamos. A este respecto ninguna imagen más precisa que aquella que ofreció Schopenhauer y que Freud evoca: somos como los puercoespines en invierno: hay que juntarse para darse calor entre todos, pero no hay que aproximarse tanto como para que las púas del otro lastimen. Esta, precisamente, es una afirmación central del pensador vienés que nos obsequió con la teoría del inconsciente: el malestar es consustancial a la relación del ser humano con el otro e, incluso, consigo mismo, malestar derivado de no poder conciliar jamás la tendencia a la cercanía con esa otra que lo insta a la lejanía y al extrañamiento.   

Sociablemente insociables y signados por el malestar, ¿cómo hacer para que la tensión y la desarmonía que nos constituye respecto del otro y de nosotros mismos no se vuelva un impedimento para vivir, sino, por el contrario, una posibilidad creativa con relación a la existencia? Para esto contamos con el más maravilloso de los recursos: la palabra, y, en particular, la forma suprema que ésta puede alcanzar: la conversación. Cuando la palabra conversa, algo innovador podemos hacer con nuestro malestar y nuestras diferencias. Pero la conversación no sólo es una forma afirmativa de asumir la siempre difícil experiencia de la alteridad, es también expresión por excelencia de la democracia, en tanto permite sostener creadoramente un encuentro que ni en su comienzo ni en su final está garantizado por el acuerdo y la compaginación entre los interlocutores.   

Habida cuenta del ineludible desajuste por el que trasiega su existencia, desajuste con respecto al otro y a sí mismo, el ser humano puede redimirse en algo acudiendo al don maravilloso de la conversación y llevándola a cabo por lo menos en tres dominios: aquel en que, como decía Nietzsche, "yo y mí están siempre en diálogo", esto es, esa conversación que uno instaura consigo mismo y que llamamos autorreflexión; aquel otro en el que conversamos con los seres de carne y hueso que reconocemos como nuestros semejantes; y, por último, aquel en el que desplegamos la conversación con esos "muertos vivos" que son los libros. En cualquier dominio de estos conversar es el prodigioso recurso por el cual la palabra convierte la difícil diferencia y la infaltable incomprensión en materia prima para una superación cualitativa, no sólo en términos de nuevas significaciones y mejores logros de entendimiento, sino en la valoración del interlocutor en tanto imprescindible para la realización de lo que uno anhela ser.   

La literatura, ese bien impagable que nos ha dado nuestra cultura, está ahí, al alcance nuestro, para recordarnos tres cosas: 1. Que la vida es mucho más difícil y compleja de lo que parece, pero que precisamente por eso es más maravillosa y fecunda; 2. Que no hay fórmulas universales para vivir y que no tenemos otro camino, si es que queremos realizar bien el oficio de existir, que el de pensar la vida; y 3. Que lo que ella -me refiero a la literatura- nos permite sensibilizar y reflexionar sobre la vida, se potencia en mucho al ponerlo en conversación con otros mortales como nosotros. Así las cosas, no creo andar desatinado si digo que uno lee literatura para poder conversar con otros que le ayuden a saber quién es uno y quiénes son los demás.   

Por lo anterior, el inicio de este quinto año de labores del seminario "El amor, la vida y la muerte a través de la literatura", que abordará con una periodicidad quincenal los cuentos que están aquí compendiados y que lo hará a lo largo de un año, es la posibilidad de proseguir esa inigualable experiencia de conversar cada cual con el texto para avanzar en la conversación de cada uno consigo mismo y, como fin último y superior, poder conversar con los otros seres humanos que nos acompañan en esta aventura existencial y en el encuentro de cada quince días.   

Sólo me resta recordar que como no creemos que el saber, el literario o cualquier otro, sea potestad del mundo académico, por el contrario, que pensamos más bien que el mundo universitario entre más pretende monopolizar los mejores logros del espíritu humano, más los esteriliza e impotencia al reducirlos a simples escalones en su obsesiva carrera por títulos y diplomas o al volverlos simples preseas para la distinción narcisista de eruditos que, en términos sociales, no les interesa más allá de donde llega la punta de su nariz, entonces este seminario tendrá en todo momento sus puertas abiertas para los hombres y las mujeres de a pie, para cualquier habitante de la ciudad, sin requisito de título ninguno, animados sólo por el deseo de hacerse a un saber y a una conversación que le permitan entender más profundamente la vida y precisar mejor su lugar en el mundo, esa vida y ese mundo infortunadamente cada día más extraños y distantes para el mundo académico, y, en consecuencia, cada vez más requeridos de nuevos espacios, propósitos y metodologías, que hemos de ser capaces de inventar para potenciar intelectual y teóricamente la sociedad civil y avanzar así en la línea de la indignación que nos produce este orden social, económico, político e ideológico y por el logro, algún día, de una humanidad organizada en forma más justa, igualitaria, libre y razonable.    

Por último, es el momento de renovar nuestros agradecimientos a la Cooperativa Confiar y a su Fundación Confiar porque, consecuentes con su inclaudicable sentido social y su irrestricto compromiso a favor de una sociedad mejor, vuelven por quinto año a respaldar incondicionalmente este esfuerzo y esta dicha que representa la realización de este seminario que nos depara la experiencia de juntar el libro, la lectura, la compañía humana y la conversación como tensión respetuosa y amigable.

Carlos Mario González
Profesor Universidad Nacional
Asociado de Confiar

Martha Lucía Restrepo

Directora Fundación CONFIAR

Selección de cuentos

(Para leer la memoria de la sesión, por favor darle clic al nombre del cuento)

Cuento

Autor

Nacimiento

Muerte

Un día único

Henry James

Nueva York, 1843

Londres, 1916

La puerta cerrada

José Donoso

Santiago de Chile, 1924

Santiago de Chile, 1996

Una monja de Nueva Inglaterra

Mary W. Freeman

Randolph, 1852

Metuchen, 1930

Una pequeña nube

James Joyce

Dublín, 1882

Zúrich,1941

El hombre muerto

Horacio Quiroga

Salto, 1878

Buenos Aires, 1937

Él

Katherine Anne Porter

Estados Unidos, 1890

Estados Unidos, 1980

Babilonia, otra visita

F. Scott Fitzgerald

Minnesota, 1896

California, 1940

El jardín de los senderos que se bifurcan

Jorge Luis Borges

Buenos Aires, 1899

Ginebra, 1986

El anciano caballero

Isak Dinesen

Rungsted, 1885

Rungsted, 1962

Un miembro del comité del terror

Thomas Hardy

Stinsford, 1840

Max Gate, 1928

La vida privada

Juan José Arreola

Zapotlán el Grande (actualmente Ciudad Guzmán), 1918

Guadalajara, 2001

Melissa

Pearl S. Buck

West Virginia, 1892

Danby, Vermont, 1973

La lámpara pronta

O’Henry

Carolina del Norte, 1862

Nueva York, 1910

Las armas secretas

Julio Cortázar

Bruselas, 1914

París, 1984

El transeúnte

Carson McCullers

Columbus, 1917

Nyack, 1967

Manuscrito de un loco

Charles Dickens

Portsmouth, 1812

Portsmouth, 1812

Moscas y arañas

Adolfo Bioy Casares

Buenos Aires, 1914

Buenos Aires, 1999

Un hombre y dos mujeres

Doris Lessing

Kermanshah (actualmente pertenece a Irán), 1919

Londres, 2013

El huesped

Albert Camus

Mondovi, 1913

Villeblevin, 1960

Simón, el mago

Tomás Carrasquilla

Santo Domingo, 1858

Medellín, 1940

Mantenerse en forma

Nadine Gordimer

Johannesburgo, 1923

Johannesburgo, 2014