MEMORIA DEL SEMINARIO
"EL AMOR, LA VIDA Y LA MUERTE A TRAVÉS DE LA LITERATURA"
(Octava selección: narrativas africanas)

Sesión del martes 27 de septiembre de 2016
Cuento, o relato, o noveleta, o fragmento de novela leído y analizado: La maleta de Ezekiel Mphahlele
Lugar: Auditorio CONFIAR. Ver mapa
Hora: 6:00-8:30pm
Modalidad: Seminario

Problemas propuestos: 1) Al fin y al cabo, la sórdida realidad. 2) Un azar que se busca. 3) Una pelea justa, una pelea desigual

Problema elegido: Al fin y al cabo, la sórdida realidad

Al fin y al cabo, la sórdida realidad

"Momentos de ebriedad en que lo desafiamos todo, cuando, levada el ancla, nos lanzamos alegremente al abismo,
sin cuidarnos de la inevitable caída ni de los límites colocados al principio, momentos únicos en que nos liberamos totalmente de la tierra"

GEORGES BATAILLE

“Un día de estos iba a hacer algo desesperado, pensaba Timi. No desaprovecharía la oportunidad si ésta se presentaba. Muchos hombres se habían hecho ricos por pura casualidad. ¿No podría una oportunidad así estar destinada a él?” Era el día de Fin de Año, Timi estaba desempleado, no por gusto propio, sino porque las condiciones así se lo ameritaban: un hombre “demasiado grande” que no podía competir con un joven por un empleo, con necesidades que le llevan a poner un límite de ingresos “tres libras semanales”, a la espera de su tercer hijo, más de dos meses sin llevar alimento a su familia, sin ahorros, sin dinero en una sociedad en la que existes cuando tienes dinero. Su vida era una “pelea desigual, una pelea injusta”, “¿Tenía que ser siempre así?”, se preguntaba, ¿Cuándo cambiarían las cosas? A pesar de todo ello, él y su esposa vivían relativamente tranquilos con su miseria, en el sentido de que no se rebelaban contra ella, no se convertía en un motivo de lucha, creían en lo que los sabios decían “aunque no haya qué poner a cocinar, debe haber fuego”, estaban resignados a su suerte, sin cuestionar de dónde y de quién les venía. ¡Algo tenía que hacer!, pensaba, pero, ¿qué podía hacer? Lo único que tenía claro era que no haría algo que lo llevara a la cárcel, eso no resolvería su situación, por el contrario, la empeoraría.

Se le presentó una oportunidad desesperada y la aprovechó: dos mujeres olvidaron una maleta al lado suyo. Él la tomo y defendió a toda costa que era suya. Un hombre blanco, con un estricto sentido de la justicia, denunció el robo de la maleta. Timi seguía diciendo que era suya. Los policías blancos le hicieron un interrogatorio al que Timi respondía afirmativamente, sin saber qué había allí: "―¿De quién es esta maleta? ―Mía. ―¿Tiene cosas tuyas adentro? ―Cosas de mi esposa. ―¿Qué son? ―Creo que son unos cuantos vestidos. ―¿Por qué dices que crees? ―Bueno, usted sabe, ella empaquetó las cosas apresuradamente y me pidió que se las llevara a su tía, pero no la vi empaquetarlas. ―Hm, ¿puedes reconocer las ropas de tu esposa? ―Algunas de ellas. ―¿Esto es de tu mujer? (Era un vestido roto). ―Sí. ―¿Y esto? ¿Y esto? ―Sí. ―¿Y esto también es de tu mujer? Timi alargó el cuello para mirar. “Era un espectáculo horrible. El cadáver de un bebé que no podía haber nacido más de doce horas antes: la imagen de la muerte desnuda, blanca, de rizados cabellos”.

... Al fin y al cabo, la sórdida realidad. Es la expresión que se emite después del relato y que se convierte en el problema que abordamos durante el encuentro. Pero antes de detenernos sobre esa afirmación, unas preguntas que complejizan el relato y aportarán al problema: ¿Qué habría pasado si no hubieran detenido a Timi y hubiese llegado a casa a abrir la maleta delante de su esposa? ¿Qué habría hecho con el cadáver del bebé? ¿Lo hubiera desaparecido? ¿Hubiera confesado?

Ahora bien, para hablar de lo sórdido hay que hablar de lo humano, pues no hay nada más sórdido que el ser humano, ni nada más humano que lo sórdido: la pobreza, la miseria, la inequidad, la injusticia social; sórdido es el cadáver de un bebé metido en una maleta; sórdidas son las ágiles criaturas que se arrojan sobre el más indefenso y lo pican hasta devorarlo, como la avispa devora al gusano, ella lo hace por instinto ¿y nosotros? Nos recordaba alguien: “El hombre es un lobo para el hombre”. Es la nuestra una sociedad en la que el más fuerte somete al más débil, y lo aceptamos, nos adaptamos y creamos los aparatos para validarlo (escuela, religión, leyes, economía). Lo sucio, lo miserable, lo indecente, lo escandaloso, diría Nietzsche, es “humano, demasiado humano”.

¿Qué ocurre cuando eso sórdido se combina con las oportunidades propicias para desarrollarlo? Timi es un hombre que está en busca de oportunidades, pues tiene un imperativo que lo obliga a ello: la falta de dinero para solventar las necesidades básicas. Decía alguien: las oportunidades acaecen por tres vías posibles: porque se las busca, porque llegan por azar o porque son producto del sistema al que pertenecemos. Importante preguntarnos ¿las oportunidades siempre están ahí y no es sino cuestión de tener ojos para verlas y voluntad para aprovecharlas? ¿Cuáles son los límites éticos y morales cuando no hay oportunidades? Timi estaba buscando desesperadamente la oportunidad de su vida “volverse rico” con la ingenuidad de que por pura casualidad muchas personas se habían hecho ricas, de la noche a la mañana. El azar le puso en sus manos una maleta, olvidada por unas mujeres. ¿Era esta La Oportunidad o él la hizo una oportunidad? Él tuvo el tiempo para llamar a las mujeres una vez vio la maleta olvidada, también tuvo cuatro oportunidades más para evadir esta supuesta oportunidad: no tomarla, no confrontarse con el hombre del ómnibus, abandonarla en la calle, decirles a los policías que esa era su maleta; pero no, él decidió, en todas y cada una de las oportunidades ir hasta las últimas consecuencias, sin saber qué contenía la maleta, sólo con el imaginario de que esa era La Oportunidad que lo sacaría de la miseria a él y a su familia. No es gratuito el refrán de que “quien busca, encuentra”; así como tampoco es anodino que cuando tenemos una pregunta existencial veamos la vida de otra manera, todo le habla a esa pregunta, todo quiere decirnos algo, nos ponemos en busca de algo y todo lo interpretamos con esos lentes.

Volviendo a lo ocurrido con la maleta, nos preguntábamos, ¿se puede entender esta acción como un robo? ¿Puede ser robo algo de lo que alguien se quiso deshacer? ¿Son las condiciones las que nos conducen a tomar una u otra decisión? ¿Finalmente Timi es judicializado por la mentira, de que la maleta era suya, o por la verdad, de que la maleta no era suya? Se instauró aquí la pregunta por la justicia y, con ella una muy interesante discusión, partiendo de la idea de que la justicia es un intento de reducir lo sórdido del ser humano pero, ¿qué pasa cuando la justicia es sórdida?, ¿busca un culpable o necesita un culpable? Las siguientes preguntas fueron enunciadas como afirmaciones pero, dada la discusión, las dejo como interrogación para dejar abierto el camino de la interpretación: ¿Los policías blancos inducen a Timi a confesar que la maleta era suya?, ¿su deber, el de los policías, es demostrar que la justicia es eficiente?

Finalmente, ¿es Timi culpable? Decía alguien: si él siente la culpa, es culpable. No obstante, el sentimiento de culpa es subjetivo y es social, ¿de dónde viene? ¿Por qué una mujer puede sentirse culpable por abortar y otra no? La única conclusión a la que podemos llegar es que con lo humano nada está concluido.

Xiomara Meneses Cano,
Responsable de la memoria.