Comentario sobre La fierecilla domada

Inició una nueva temporada de Shakespeare, 400 años reinventando lo humano con La fierecilla domada. Un divertidísimo prólogo nos introduce en un fascinante torbellino de escenarios que amenaza con extravíos ante la más leve distracción del lector. De nuevo irrumpe el personaje femenino en su particular naturaleza que, desde entonces y hasta ahora, continúa desconcertando. Diríase que es un juego con el lector que no acierta a aprehender la esencia femenina que Shakespeare pretende configurar, o, quizás, el autor solo quiso mostrarnos precisamente la inaprensibilidad de ese ser.

Pero transcurre la discusión y he aquí que surge una interesante pregunta que complementa y va más allá del cuestionamiento inicial sobre lo femenino, ¿qué nos dicen aquellos hombres que para lograr sus propósitos asumen con gran facilidad otra identidad bajando incluso de condición social?, ¿qué cosa es entonces la identidad?, ¿cómo se conforma?, ¿es tan maleable que los ropajes, los perfumes y los espacios que habitamos en un momento determinado pueden estructurarla? Ante una primera lectura sorprende la facilidad como Sly acepta su nueva condición, que según testimonio de “los otros”, no es nueva, sencillamente había estado enajenado de su realidad durante muchos años. No obstante, otro interesante elemento aflora en nuestra conversación: con qué facilidad también asoman sus viejas costumbres, esas que lo caracterizan y lo hacen ser quien es y quien ha sido.

¿Hasta dónde el papel del otro en la construcción de la identidad? Pero... ¿existe una identidad única o es posible tener varias identidades? En ese caso, asumir otra identidad es necesariamente un engaño? O ¿es una representación de las muchas que la vida cotidiana y la sociedad nos exige?

Estos y otros interrogantes alimentaron una cálida tertulia a la luz del primer acto de La fierecilla domada. Un encuentro más donde el respeto por la palabra expresada en los múltiples matices que emergen de miradas y de lecturas diferentes, circularon con libertad y permitieron un acercamiento a la comprensión de eso que nos caracteriza y nos hace únicos en el universo: lo humano.

Análida López Gómez

Voluntaria CorpoZuleta