Tratado de culinaria para mujeres tristes

Voz: Milena Martínez y Letras: Héctor Abad Faciolince

Haces volteretas con el cuerpo y la imaginación
para evadir la tristeza. ¿Pero quién te
ha dicho que se prohíbe estar triste? En realidad,
muchas veces, no hay nada más sensato que estar
tristes; a diario pasan cosas, a los otros, a nosotros,
que no tienen remedio, o mejor dicho, que tienen
ese único y antiguo remedio de sentirnos tristes.

No dejes que te receten alegría, como quien
ordena una temporada de antibióticos o cucharadas
de agua de mar a estómago vacío. Si dejas que
te traten tu tristeza como una perversión, o en el
mejor de los casos como una enfermedad, estás
perdida: además de estar triste te sentirás culpable.
Y no tienes la culpa de estar triste. ¿No es normal
sentir dolor cuando te cortas? ¿No arde la piel si te
dan un latigazo?

Pues así mismo el mundo, la vaga sucesión
de los hechos que acontecen (o de los que no pasan)
crean un fondo de melancolía. Ya lo decía el
poeta Leopardi: «Como el aire llena los espacios
entre los objetos, así la melancolía llena los intervalos
entre un gozo y otro».

Vive tu tristeza, pálpala, deshójala en tus
ojos, mójala con lágrimas, envuélvela en gritos o
en silencio, cópiala en cuadernos, apúntala en tu
cuerpo, apuntálala en los poros de tu piel. Pues
sólo si no te defiendes huirá, a ratos, a otro sitio
que no sea el centro de tu dolor íntimo.

Y para degustar tu tristeza he de recomendarte
también un plato melancólico: coliflor en
nieblas. Se trata de cocer esa flor blanca y triste y
consistente, en vapor de agua. Despacio, con ese
olor que tiene el mismo aliento que desprende la
boca en los lamentos, se va cociendo hasta ablandarse.

Y envuelta en niebla, en su vapor humeante,
ponle aceite de oliva y ajo y algo de pimienta, y
sálala con lágrimas que sean tuyas. Y paladéala
despacio, mordiéndola del tenedor, y llora más y
llora todavía, que al final esa flor se irá chupando
tu melancolía sin dejarte seca, sin dejarte tranquila,
sin robarte lo único tuyo en ese momento, lo
único que nadie podrá ya quitarte, tu tristeza,
pero con la sensación de haber compartido con
esa flor inmarchitable, con esa flor absurda, prehistórica,
con esa flor que los novios jamás piden en
las floristerías, con esa flor de col que nadie pone
en los floreros, con esa anomalía, con esa tristeza
florecida, tu misma tristeza de coliflor, de planta
triste y melancólica.

 

logo web vozyletras

Pata de logos VozyLetras 01

 

Conoce más de Voz y Letras