El día que Nietzsche lloró 

Voz: Carolina Ochoa y Letras: Irvin D. Yalom

Para formar hijos primero debe formarse a si mismo. De lo contrario, recurrirá a ellos cuando tenga una necesidad animal, o se sienta solo, o necesite tapar los agujeros de sus remiendos.
Su tarea como padre no es presentar otro yo, otro Josef, sino algo superior. Su deber es producir un creador. –Tras un instante de silencio, Nietzsche siguió hablando, inexorable–.
¿Y su esposa? ¿Acaso no está encarcelada por este matrimonio? El matrimonio no debería ser una prisión, sino un jardín en el que se cultive algo superior.
Puede que la única manera de salvar su matrimonio sea renunciar a él.
–He hecho promesas sagradas.
–El matrimonio es algo grande. Es algo grande ser siempre dos personas, permanecer siempre enamorados. Sí, el matrimonio es sagrado. Y sin embargo...
–La voz de Nietzsche se desvaneció. ¿Y sin embargo? –preguntó Breuer. –El matrimonio es sagrado.
Sin embargo –dijo Nietzsche con aspereza–, ¡es mejor romper con el matrimonio que ser roto por él! Breuer cerró los ojos y se hundió en sus pensamientos.
Ninguno de los dos habló durante el resto del viaje.

 

 

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