La agonía del eros

Voz y Letras: Sandra Barrientos 

Amainar, el origen de esta palabra común con el catalán, se considera incierto,
pero es muy probable que venga de la lengua provenzal de oc, también llamada
occitano, en la cual amainar significa amanzar (domesticar un animal), como el francés
antiguo "amené". La palabra francesa se deriva de "maison" (casa), procedente del latín
"mansio". Vemos entonces que la noción de domesticar un animal se asocia con la idea de
adaptarlo a la casa, como ocurre también en latín, lengua en la cual "domesticare" viene
de "domus" (casa). Más tarde, hacia el siglo XV, amainar se usó con el sentido de recoger 
las velas, como se observa en este pasaje de Cristobal Colón: "Y esto es todo manchado,
un pedazo de roquedo y otro de arena, y por esto no se puede seguramente surgir salvo a
vista de ojo, y por tanto acordé de amainar las velas todas, salvo el triquete y andar con él, 
y de a un rato crecía mucho el viento y hacía mucho camino de que dudaba." Finalmente
hacia el siglo XVIII, tal vez porque las velas se recogen en las tempestades, amainar pasó
a emplearse con su denotación actual "perder fuerza, la tempestad o el viento". 

 

 

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